martes, 18 de septiembre de 2007

A otro cumpleaños

Aunque casi puedo apostar que no lee este blog; pero que no se diga que no hice nada.

The River Merchant's Wife: A Letter
While my hair was still cut straight across my forehead
I played about the front gate, pulling flowers.
You came by on bamboo stilts, playing horse,
You walked about my seat, playing with blue plums.
And we went on living in the village of Chokan:
Two small people, without dislike or suspicion.

At fourteen I married My Lord you.
I never laughed, being bashful.
Lowering my head, I looked at the wall.
Called to, a thousand times, I never looked back.

At fifteen I stopped scowling,
I desired my dust to be mingled with yours
Forever and forever and forever.
Why should I climb the lookout?

At sixteen you departed,
You went into far Ku-to-en, by the river of swirling eddies,
And you have been gone five months.
The monkeys make sorrowful noise overhead.

You dragged your feet when you went out.
By the gate now, the moss is grown, the different mosses,
Too deep to clear them away!
The leaves fall early this autumn, in wind.
The paired butterflies are already yellow with August
Over the grass in the West garden;
They hurt me. I grow older.
If you are coming down through the narrows of the river Kiang,
Please let me know beforehand,
And I will come out to meet you
As far as Cho-fo-Sa.

-Li Po (trans. Ezra Pound)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Otras rolotas

Muy a pesar de que las últimas me gustaban un montón (y había variedad), en esta ocasión tuve el impulso y casi la necesidad de escuchar exclusivamente a The Tiger Lillies.
Si tuvieron oportunidad de verlos en el Teatro de la Ciudad, en el marco del Festival del Centro Histórico de este año, estarán de acuerdo conmigo en que son gloriosos, letra por letra. Y aunque en vivo son brutales, en estudio hacen cosas grandiosas, como coquetear con el Kronos Quartet para escribir una ópera.
No apto para personas de buenas costumbres, susceptibles o que se asquean fácil, en definitiva.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Somos rebolucionarios [sic]

O la diversión de ser un corrector de estilo.
Disculparán la calidad de las fotografías, pero las cámaras integradas a teléfonos celulares no siempre ofrecen lo que una convencional (soy rústico, sí ¿y qué?). Más allá de eso, bendita tecnología que le permite a un metiche hijoputa dar cuenta de glorias como ésta. ¿Quién dijo que mi trabajo no es divertido?

martes, 4 de septiembre de 2007

The Postal Service

Esta entrada podría versar sobre lo mucho que me gusta el proyectito de indietronic (las estupideces de etiquetas que la crítica y las estaciones de radio sugieren...; por lo demás, una monada) de Ben Gibbard y Jimmy Tamborello. Pero no: sea algo más convencional.
Salgo del departamento; "No hagan nada estúpido", aunque los gatos no suelen hacer caso a la frase, por mucho que la repito. Bajo los dos pisos, salgo del edificio, el portero me alcanza: "Hay un sobre para ti". Canadá, pienso.
Me pasa el aviso de pago de mantenimiento y gas, me da un sobre manila, sonrío (en definitiva, no debido al gas). De camino a esta oficina voy pensando (obseso como soy) en el contenido de esta entrada para este blog; palpo con cuidadito el sobre y descubro un disco. Y empiezo a ladrar, por mal vicio, por necio: ¿de qué corchos sirven el servidor T3, el procesador de 3.06 GHz, los 200 GB de memoria y el teclado multimedia al servicio de esta computadora si no puedo instalar Limewire o escuchar música porque la mugre ésta no tiene bocinas? Y entonces me tengo que quedar con estas ganas de revisar el contenido de este disco; esperar hasta esta tarde, en que regrese a casa y haga uso de mi computadora, la única que conozco que funciona como los dioses mandan...
Todo para decir que es bien lindo recibir correo: bendito servicio postal, benditos medios de comunicación rústicos, bendita materialidad de los objetos que se pueden palpar y oler y percibir en toda su integridad. Y también para decir que se me adelantaron...

ADDENDUM: y fueron fotos. Mal vicio de ladrar...

lunes, 3 de septiembre de 2007

Darien le maudit

Lo compré por primera vez hace seis años, en una de mis excursiones por librerías (antes, el parámetro para salir huyendo de la librería era lo que cupiera en la mano, y me cae que con estas manotas podía [puedo] levantar chorros de libros); "Prólogo André Breton" y como en ese tiempo el surrealismo era todo, pues que me lo echo a la bolsa (mano). Luego lo regalé (mala idea, porque me llevó cuatro años encontrarlo de nuevo; buena idea en el momento, porque la recipiendaria era la novia). Nomás como dato cultural, digamos que me tomé en serio la filosofía del librito durante buen tiempo.
"Su obra, que constituye un todo con la vida, se sitúa en las antípodas de la 'literatura', en el sentido en que los poetas la aborrecen. Es el más riguroso asalto que conozco contra la hipocresía, la impostura, la imbecilidad, la cobardía." Breton dixit.
Y me sorprende que el celoso padre del surrealismo no haya incluido algún fragmento en la Antología del humor negro; ya ustedes, estimados metiches, habrán de decir si me equivoco: si son versados en francés, Project Gutenberg tiene la obra de Darien casi completa, con libre acceso para los metiches; si no son versados, pues acá un extracto, o cómprenlo (o asuman la filosofía del libro, rediman a la sociedad y róbenselo).

miércoles, 8 de agosto de 2007

A punto de asesinar

Si me ven en la calle, mejor no se me acerquen, al menos por los próximos cinco días: escupo rabia y bien podría arrancar trozos de piel a dentelladas.
Me choca que me cambien los planes por caprichos. Si pasan por Coyoacán y ven un departamento en llamas, igual y fui yo.
Besitos

viernes, 3 de agosto de 2007

Carencias...

(El trabajo me aplasta así que otra vez asalto la bodega. No se quejen, no me regañen: no me sobra el tiempo [me robo el de la oficina hasta para estas minucias gloriosas].)

La belleza de mi mujer es resplandeciente: su pálida piel de tuberculosis y sus manos carcomidas me asaltan con una ternura indecible; su cándido beso de leprosa sin labios entibia mi corazón, mientras en sus ojos -incapaces de ver el mismo objeto- encuentro siempre las respuestas que busco. Y sus piernas rechonchas y sus nalgas a setenta y siete centímetros del suelo y sus senos de amapola seca y todas sus manchas de carne adolorida pueden más que cualquier estrella errante o la luna de pleamar: su sombra me basta por encanto y brujería, sus palabras dichas sin intención dicen más que el viento entre las hojas o el balido de las cabras.

Estas últimas noches camino armado con la ballesta bajo el brazo; mi presa, en esta ocasión, no son conductores de veloces automóviles que andan lentamente o alegres viandantes, sino una luna llena que veo a merced de mi mano. Espero paciente a que se disipen las nubes o que los árboles formen un claro aceptable, empujo la flecha con decisión, levanto el arco y entonces disparo; suelo fallar -no soy dueño del viento, aún-, pero a cada ocasión rasgo el manto del cielo y aparecen esos resplandores que tanto me incomodan.