Mostrando las entradas con la etiqueta Dixit. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Dixit. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de febrero de 2012

Cummings (de nuevo)

i carry your heart with me (i carry it in
my heart) i am never without it (anywhere
i go you go, my dear; and whatever is done
by only me is your doing, my darling)
________________________i fear
no fate (for you are my fate, my sweet) i want
no world (for beautiful you are my world, my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you

here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life; which grows
higher than the soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart

i carry your heart (i carry it in my heart)

[Motivos]

lunes, 25 de abril de 2011

No te me mueras

Hoy me preguntaron si sabía qué fecha era; contesté inmediatamente, con perfecta conciencia. Hoy es un día agridulce.
Por una parte, es el cumpleaños de uno de mis recuerdos más queridos. Pasan los años, nos hacemos personas distintas, me vuelvo cada vez más cauto, más silencioso, más ácido y honestamente más distante; él también cambia lentamente, pero no sé cómo: hace años ya que no lo veo, que no cruzamos al menos una palabra o tomamos una cerveza juntos. Hace mucho que no sé siquiera cómo está, o cuándo vino y cuándo se fue. Y lo sigo queriendo, y lo sigo presumiendo mi mejor amigo.
Y justo hoy falleció Gonzalo Rojas. Lamento terriblemente no haberlo escuchado en una lectura que dio el año pasado: tuve un instante de rabia por enterarme tarde.
Como casi todos los grandes que me son preciados, conocí a Gonzalo Rojas en la carrera, en una clase de Poesía y poética latinoamericana. Esa voz poderosa, tan suya, sonora, con profunda carraspera, reconoce humildemente a Pound y a Williams y a una vasta generación de poetas norteamericanos a quienes tradujo. Ahí había una enseñanza que Rojas llevó a su campo personal para decir: la frase musical a su servicio. Suya es una obra hermosa y potente del siglo pasado, con un oído en el amor y las manos en los conflictos que le demandaban atención.


No le copien a Pound
No le copien a Pound, no le copien al copión maravilloso
de Ezra, déjenlo que escriba su misa en persa, en cairo-arameo, en sánscrito,
con su chino a medio aprender, su griego translúcido
de diccionario, su latín de hojarasca, su libérrimo
Mediterráneo borroso, nonagenario el artificio
de hacer y rehacer hasta llegar a tientas al gran palimpsesto de lo Uno;
no lo juzguen por la dispersión: había que juntar los átomos,
tejerlos así, de lo visible a lo invisible, en la urdimbre de lo fugaz
y las cuerdas inmóviles; déjenlo suelto
con su ceguera para ver, para ver otra vez, porque el verbo es ése: ver,
y ése el Espíritu, lo inacabado
y lo ardiente, lo que de veras amamos
y nos ama, si es que somos Hijo de Hombre
y de Mujer, lo innumerable al fondo de lo innombrable;
no, nuevos semidioses
del lenguaje sin Logos, de la histeria, aprendices
del portento original, no le roben la sombra
al sol, piensen en el cántico
que se abre cuando se cierra como la germinación, háganse aire,
aire-hombre como el viejo Ez, que anduvo siempre en el peligro, salten intrépidos
de las vocales a las estrellas, tenso el arco
de la contradicción en todas la velocidades de lo posible, aire y más aire
para hoy y para siempre, antes
y después de lo purpúreo
del estallido
simultáneo, instantáneo
de la rotación, porque este mundo parpadeante sangrará,
saltará de su eje mortal, y adiós ubérrimas
tradiciones de luz y mármol, y arrogancia; ríanse de Ezra
y sus arrugas, ríanse desde ahora hasta entonces, pero no lo saqueen; ríanse, livianas
generaciones que van y vienen como el polvo, pululación
de letrados, ríanse, ríanse de Pound
con su Torre de Babel a cuestas como un aviso de lo otro
que vino en su lengua;
cántico,
hombres de poca fe, piensen en el cántico.


¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.


Retrato de mujer
Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.


Enigma de la deseosa
Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
____________no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Una hiena

There are certain queer times and occasions in this strange mixed affair we call life when a man takes this whole universe for a vast practical joke, though the wit thereof he but dimly discerns, and more than suspects that the joke is at nobody's expense but his own. However, nothing dispirits, and nothing seems worth while disputing. He bolts down all events, all creeds, and beliefs, and persuasions, all hard things visible and invisible, never mind how knobby; as an ostrich of potent digestion gobbles down bullets and gun flints. And as for small difficulties and worryings, prospects of sudden disaster, peril of life and limb; all these, and death itself, seem to him only sly, good-natured hits, and jolly punches in the side bestowed by the unseen and unaccountable old joker. That odd sort of wayward mood I am speaking of, comes over a man only in some time of extreme tribulation; it comes in the very midst of his earnestness, so that what just before might have seemed to him a thing most momentous, now seems but a part of the general joke.
—Herman Melville

Me verán llegar con las manos desnudas, de frente; y buscarán refugio. Estando en el medio de mi calma, han tentado a mi paciencia. Es tiempo de retribución, y no imaginan los alcances de mi rabia y mi tenacidad. Se terminó el periodo de gracia: es mi turno. Y volveré a mi calma, y seguirán pidiendo refugio.


miércoles, 30 de junio de 2010

Un susurro

There was always a prophetic instinct, a low whisper in my ear, that within no long period, and whenever a new change of custom should be essential to my good, change would come.
–Nathaniel Hawthorne, "The Custom-House"
Hoy termina un cambio. Hoy comienza un cambio. Siempre ha sido así, siempre a mejor, siempre sucedáneo y sin pausa, y sin que sea evidente en modo alguno, siempre mirando hacia donde debo estar y no donde he caído.
Haciendo eco de la historia, Nathaniel Hawthorne pasó tres años en una oficina de gobierno, donde comenzó a gestarse lo que eventualmente sería The Scarlet Letter; consideró renunciar en varias ocasiones, consciente de que la oficina mermaba cualquier capacidad creativa suya, pero un cambio de gobierno le ahorró la molestia. Después todo se volvería ceniza, todo se desvaneció –en el curso de seis meses– en la bruma de la memoria.
Conmigo se va lo que aprendí, las iluminaciones de todos los espacios vacíos que nadie parece tener en consideración, los proyectos que les arrebato a los parsimoniosos que no se ven la nariz, el currículo crecido. ¿Y quién puede hincarme en juicio?
Providence had meditated better things for me than I could possibly imagine for myself.

martes, 15 de junio de 2010

El corazón de la selva

Un músico esencialmente ha vaciado su vida: figura prometedora de la musicología, su última composición –si bien soberbia a decir de los amigos, grandilocuentes aduladores– ha servido para musicalizar un comercial. Su esposa ahora le es desconocida, pues su carrera como actriz, representando el mismo papel noche tras noche, hace imposible que tengan una vida juntos. Su amante es veleidosa, superficial, inestable: la vida que la circunda –y por extensión a él– es aterradoramente obtusa, acrítica, autoindulgente, incapaz de construir un discurso propio, repitiendo sordamente uno harto gastado.
Dado una oportunidad para recuperar algo de lo que le fuera valioso en otro tiempo, acepta por inercia la encomienda de adentrarse en la selva amazónica para localizar un conjunto de instrumentos musicales que podrían redefinir las nociones aceptadas en la academia musical. Pero a cuestas lleva el fardo de esa amante suya, con su humor demasiado parisino, sus costumbres muy civilizadas, su gusto en exceso refinado para un entorno agreste como las convulsas ciudades sudamericanas y los lindes de la selva. Es peso muerto que no permite conocer debidamente el mundo que se le presenta. Y a cuestas debe ir hasta que termine.
Sin embargo, sólo Fortuna conoce el punto alto y el punto bajo de la rueda: en una cima andina, una mujer aparece envuelta apenas por un poncho, mirando al vacío, absorta, en un letargo que no le permite responder al entorno. Rescatada, Rosario se acerca al músico: evocación de un pasado tan lejano que el idioma y los aromas le son nuevos, ella es la vuelta al origen que no creyó encontrar de nuevo. Y el fardo a su lado lo restringe.
El fardo será desechado, la vida tendrá que encontrar su camino, eso que es lo más cercano al amor buscará su modo de ser. Rosario olvidará deliberadamente su nombre y se convertirá en Tu mujer: "Me rodea de cuidados, trayéndome de comer, ordeñando las cabras para mí, secándome el sudor con paños frescos, atenta a mi palabra, mi sed, mi silencio o mi reposo, con una solicitud que me hace enorgullecerme de mi condición de hombre: aquí, pues, la hembra 'sirve' al varón en el más noble sentido del término, creando la casa con cada gesto. Porque, aunque Rosario y yo no tengamos un techo propio, sus manos son ya mi mesa y la jícara de agua que acerca a mi boca, luego de limpiarla de una hoja caída en ella, es vajilla marcada con mis iniciales de amo".
Es de dudar que en la relación entre un hombre y una mujer haya una frase con implicaciones tan graves como ésa: 'tu mujer' no es sólo el sentido de posesión sobre un objeto, sino la corresponsabilidad de ambos; él, en el preciso instante en que Rosario se vuelve 'tu mujer', se convierte en 'tu hombre'. La ansiedad que siga será, eminentemente, por la incapacidad de ese hombre para entrar sin cortapisas al mundo de esa mujer.
Los pasos perdidos, novela mística, de crecimiento, existencialista a su modo, reacia a formar parte de alguna vanguardia, es uno de los textos más exigentes que recuerdo, por las complejas estructuras lingüísticas de Carpentier, su vastísimo vocabulario, la prolijidad casi obstinada de sus descripciones, sus personajes que hastían por su idiotez. Hoy que estoy por terminar el mamotreto de 800 páginas, las tres novelas que lo conforman, siento una particular relación no con las históricas (El reino de este mundo y El siglo de las luces), sino con la anecdótica: "En cuanto a Yannes, el minero griego que viajaba con el tomo de La Odisea por todo haber, baste decir que el autor no ha modificado su nombre, siquiera. Le faltó apuntar, solamente, que junto a La Odisea, admiraba sobre todas las cosas La Anábasis de Jenofonte."

jueves, 10 de junio de 2010

Deism

Nature is what we know. We do not know the gods of religions. And nature is not kind, or merciful, or loving. If God made me —the fabled God of the three qualities of which I spoke: mercy, kindness, love—, He also made the fish I catch and eat. And where do His mercy, kindness, and love for that fish come in? No: nature made us —nature did it all—, not the gods of the religions.
—Thomas Alva Edison
New York Times Magazine
Octubre 2, 1910
O dicho de otro modo:

viernes, 4 de junio de 2010

Un segundo

La felicidad es tan opuesta a la vida que, estando en ella, uno olvida que vive. Después, cuando termina, dure poco, dure mucho, queda apenas aquella impresión de un segundo.
–Mario de Andrade

Y rarísima la ocasión en que se percibe que ha durado más.
En este momento, la definición de felicidad se encierra en unos tacos de canasta (tres de chicharrón y dos de papa), o un filete término medio, o la receta de cochinita pibil o chiles en nogada de mi madre. Extraño la cocina de mi madre con serio dolor.
Si puedo recordar ese segundo, lo preciso es admitir que duró tres años, con los correspondientes altibajos que me desplomaron en su momento. En adelante, no puedo decir lo mismo. Si mucho, que cualquier forma de felicidad duradera es trabajo acumulativo, esfuerzo continuado, disciplina, paciencia.
Y sobre todo paciencia. Hoy, además de los chiles en nogada, daría mi imperio con tal de que aquéllos con quienes debo compartir las responsabilidades valoraran el tiempo que va de por medio y ajustaran sus calendarios. Entonces el trabajo de hoy será felicidad en un futuro más cercano.

jueves, 22 de abril de 2010

Lichtenberg

[Honestamente robado de Inmaculada Decepción; con la correspondiente y consabida tarea de corrección que un obseso no puede dejar de lado.
Algunas me las debería tatuar a todo lo largo de la espalda y las piernas: frases de batalla.]
  • Dentro de las tendencias al cambio que tienen las mujeres, la más fuerte es la del cambio de nombre (algunas incluso se llaman Eduardo).
  • Se parecía a Alejandro por la cabeza ladeada, a Cervantes por la bragueta siempre abierta y a Montaigne por no saber sumar, ni con números ni con centavos.
  • Hoy le permití al sol levantarse antes que yo.
  • Él me desprecia porque no me conoce. Yo desprecio sus acusaciones porque me conozco.
  • Varias veces he sido censurado por faltas que mi censor no tuvo el ingenio ni la valentía de cometer.
  • Para él el mundo era una muchacha, 150 libros y una perspectiva de una milla alemana de diámetro.
  • Si al cielo le pareciera útil y necesario volverme a editar en la vida, me gustaría comunicarle algunas vanas observaciones que se refieren, sobre todo, al dibujo del retrato y al plan general.
  • Me dan dolor muchas cosas que a otros sólo les dan lástima.
  • Tengo el corazón por lo menos un pie más cerca de la cabeza que el resto de los hombres. De ahí mi enorme equidad. Las decisiones pueden ser ratificadas cuando todavía están calientes.
  • A lo largo de mi vida me han otorgado tantos honores inmerecidos que bien podría permitirme alguna crítica inmerecida.
  • He vuelto a comer todo lo que me está prohibido y, gracias a Dios, me encuentro tan mal como antes (no peor).
  • La pérdida de la memoria me hizo cobrar conciencia de mi avanzada edad. Más tarde atribuí esto a la falta de práctica, luego otra vez a las consecuencias de la edad. A lo largo de toda mi vida he sentido estas oleadas de temor y esperanza.
  • El 10 de octubre de 1793 le envié a mi querida mujer una flor artificial del jardín, hecha con hojas de distintos colores que el otoño tiró al suelo. Representa mi estado actual. Pero no se lo dije.
  • Solía hablar con gran libertad en sitios donde ponían caras piadosas y en cambio predicaba la virtud donde nadie más la predicaba.
  • Promulgó una Constitución para sí mismo. Elegía auténticos ministros (la Moderación, incluso en una ocasión la Avaricia), que invariablemente eran despedidos.
  • Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.
  • He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra parado.
  • Tenía entonces 54 años, una edad en que –aún en los poetas– el entendimiento y la pasión empiezan a conferenciar sobre artículos de paz, y por lo general la alcanzan no mucho después.
  • Daría parte de mi vida con tal de saber cuál era la temperatura promedio en el paraíso.
  • Ya que se escribe en público de pecados secretos, me he propuesto escribir en secreto de pecados públicos.
  • La cosa cuyos ojos y orejas no vemos y cuya nariz y cabeza apenas vemos; en pocas palabras, nuestro cuerpo.
  • En la Tierra no hay superficie más interesante que el rostro humano.
  • Cuando el espíritu se eleva, el cuerpo se arrodilla.
  • Los guisos tienen, presumiblemente, gran influencia en el estado actual de la condición humana. El vino externa su influencia de un modo más evidente, los guisos lo hacen con mayor lentitud, pero quizá también con mayor intención. Quién sabe si no le debemos la bomba neumática a una sopa bien cocida o la guerra a una mal cocida. Esto merecería una investigación más acuciosa. Acaso el cielo cumple así grandes finalidades, mantiene leales a los súbditos, cambia los gobiernos y crea Estados libres; acaso son los guisos los responsables de lo que llamamos "la influencia del clima".
  • Eso que ustedes llaman corazón está bastante más abajo del cuarto botón del chaleco.
  • La hermenéutica de la hipocondría.
  • Un rostro no se deja analizar en un instante: necesita una consecuencia.
  • Nuestro mundo llegará a ser tan refinado que creer en Dios resultará tan ridículo como hoy en día creer en fantasmas.
  • Concibo una época en la que nuestras concepciones religiosas parecerán tan extrañas como ahora el espíritu de caballería.
  • Por más que se predique, las iglesias siguen necesitando pararrayos.
  • ¿Creéis acaso que el buen Dios es católico?
  • Con los huevos de Pascua sucede lo mismo que con el santo Cristo: en cuanto uno averigua de dónde vienen, deja de recibirlos.
  • Hay una especie de ventriloquía trascendental con la cual los hombres pueden aparentar que algo dicho en la Tierra viene del cielo.
  • "Es una lástima que beber agua no sea pecado –clama un italiano–: ¡qué bien sabría!"
  • La invención más fácil para el hombre: el paraíso.
  • Dios realmente debe querernos mucho, pues siempre aparece cuando hace mal tiempo.
  • Todos los maestros de la fe defienden sus teorías, no porque estén convencidos de su verdad, sino porque alguna vez lo estuvieron.
  • ¿Cómo habrá sido la conversión de las putas en la antigüedad? ¿Ya habría beatas?
  • Cartas sobre la más reciente literatura: y le doy mil gracias a Dios de que me haya permitido volverme ateo.
  • En el mundo, los santos han logrado más en escultura que vivos.
  • Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿se debe sólo al libro?
  • La metáfora es mucho más inteligente que su autor, y esto sucede con muchas cosas. Todo tiene su profundidad. Quien tiene ojos ve todo en todo.
  • Se diría que nuestros idiomas han enloquecido. Cuando queremos una idea, nos ofrecen una palabra; cuando exigimos una palabra, nos brindan una raya, y donde esperamos una raya, hay una obscenidad.
  • Esto debe servirme de advertencia. Como aquel gran escritor francés, de ahora en adelante no daré nada a la imprenta sin que antes lo lea mi cocinera [o Timoteo].
  • En cierta obra de un hombre célebre preferiría leer lo que tachó que lo que dejó.
  • Al prólogo se le podría llamar 'pararrayos'.
  • Ahí se aplica a la perfección lo que Butler dice de un mal crítico: si no encuentra un error, lo comete.
  • Me han informado que cada vez que escribe una reseña de libros tiene las más poderosas erecciones.
  • Los periodistas han construido una capillita de madera que llaman el 'Templo de la Fama' donde todo el día clavan y desclavan retratos, con tal escándalo que nadie escucha sus propias palabras.
  • Al escribir mantén la confianza en ti mismo, un orgullo noble y la certeza de que los demás no son mejores que tú, ellos evitan tus errores y en cambio cometen otros que tú has evitado.
  • Lo shakespeareano que había que hacer en el mundo, fue, en gran parte, realizado por Shakespeare.
  • Está bien que los jóvenes enfermen de poesía en ciertos años, pero por el amor de Dios, hay que impedir que la contagien.
  • Siempre es preferible darle el tiro de gracia a un escritor que perdonarle la vida en una reseña.
  • Es fascinante escuchar a una mujer extranjera que comete faltas en nuestro idioma con sus hermosos labios. A un hombre no.
  • Si pensáramos más por nuestra cuenta, tendríamos muchos más libros malos y muchos más libros buenos.
  • Quien tenga dos pantalones, que venda uno y compre este libro.
  • Si alguien escribe mal, que más da: hay que dejarlo escribir. Transformarse en buey aún no es suicidarse.
  • Aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos, más listos a los listos y los miles restantes quedaron ilesos.
  • Hay una clase de hueca habladuría que, a través de expresiones novedosas y metáforas insólitas, da la impresión de ser sustanciosas. Klopstock y Lavater son maestros del género. Como broma, es pasable; en serio, imperdonable.
  • El único defecto de los escritores realmente buenos es que casi siempre ocasionan que haya muchos malos o regulares.
  • Uno se resiste a hacer un cucurucho para la pimienta con una hoja en blanco. Si está impresa, uno la usa con agrado.
  • Un libro es como un espejo. Si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol. Carecemos de palabras para hablar con los tontos de sabiduría. Ya es sabio quien entiende a un sabio.
  • En nuestros tiempos los insectos coleccionan insectos y las mariposas hablan de mariposas.
  • Es verdad que era algo burdo, pero en su sociedad venía siendo como una cebra entre asnos.
  • Si bien los peces son mudos, sus vendedoras hablan por todo lo que ellos callan.
  • El asno me parece un caballo traducido al holandés.
  • Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas.
  • El simio más perfecto no puede dibujar un simio. Sólo el hombre puede hacerlo. Pero también sólo él lo considera una ventaja.
  • Que el hombre es el ser supremo también se deduce de que ningún otro ha tratado de refutarlo.
  • No es que los oráculos hayan dejado de hablar: los hombres han dejado de escucharlos.
  • Conozco el gesto de la atención fingida. Es el grado más bajo de la distracción.
  • A lo más a lo que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan.
  • Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa.
  • Estoy convencido de que cada ciudadano de H conoce a Z mejor de lo que se conoce a sí mismo.
  • En el mundo uno encuentra con mayor frecuencia el consejo que el consuelo.
  • Comerciaba con tinieblas en pequeña escala.
  • Escribió ocho libros. Hubiera hecho mejor plantando ocho árboles o teniendo ocho hijos.
  • Era un pensador tan minucioso que siempre veía un grano de arena antes que una casa.
  • No es broma sino la pura verdad que antes de la Revolución los perros de cacería del rey de Francia tenían mejor salario que los miembros de la Academie des Inscriptions. Cf: la Nueva Biblioteca de Bellas Artes, tomo 44, capítulo 2, p. 234. Los perros: 40,000; los académicos: 30,000. Los perros eran 300, los académicos, 30.
  • Los franceses prometieron hermandad a las naciones adoptadas. Finalmente sólo tomaron en cuenta a las hermanas.
  • Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.
  • El matrimonio, al contrario de la fiebre, comienza con calor y termina con frío.
  • Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.
  • Intentar modificar el carácter de un hombre es como tratar de enseñar a una oveja a tirar de un carro.
  • A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
  • Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.
  • La enfermedad es la mayor imperfección del hombre.
  • El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista.
  • Una regla de oro: no hay que juzgar a los hombres por sus opiniones sino por aquello en lo que sus opiniones los convierten.
  • El hombre es una obra maestra de la creación, tan sólo porque a pesar de todo su determinismo cree que actúa como ser libre.
  • Lo que hace que la amistad auténtica y el vínculo conyugal sean tan fascinantes es la ampliación del yo.
  • Como todas las cosas corrosivas, el chiste y el humor deben emplearse con cuidado.
  • En mi opinión, la pregunta '¿debe filosofar uno mismo?' ha de responderse con una semejante: '¿debe rasurarse uno mismo?'
  • ¡Cómo desaparecerán algún día nuestros nombres, detrás de los inventores del vuelo y cosas por el estilo!
  • Se podría prescribir una dieta para la salud del entendimiento.
  • El género humano sólo celebra lo bueno; el individuo con frecuencia lo malo.
  • El hombre tiene un instinto irrevocable para creer que no lo ven cuando él no ve. Como los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.
  • El hombre ama la compañía, así sea la de una vela encendida.
  • Jamás hay que creerle a quien asegure algo con una mano en el corazón.
  • Es cierto que no puedo hacerme mis zapatos, pero, señores, no permito que me escriban mi filosofía.
  • En cada facultad universitaria debería haber al menos un hombre muy capaz. Si las bisagras son de buen metal, lo demás puede ser de madera.
  • Nada me molesta más en mi conducta que tener que ver el mundo como un hombre común, pues sé que lo ve de manera equivocada.
  • Una vieja regla: un descarado puede parecer discreto cuando quiera, pero nadie que sea discreto puede parecer descarado.
  • Nada se juzga con tanta ligereza como el carácter y en nada hay que ser más cuidadoso. Siempre he notado que las malas personas mejoran al conocerlas mejor y las buenas empeoran.
  • Cualquiera aceptaría que las historias obscenas propias tienen un efecto mucho menos peligroso que las que se les ocurren a los otros.
  • Pitágoras pudo, merced a un solo descubrimiento, sacrificar medio centenar de bueyes. Por todos sus descubrimientos, Kepler se hubiera dado por satisfecho con dos bueyes.
  • Siempre he visto que la ambición voraz y la desconfianza van juntas.
  • Cierta clase de personas traban fácilmente amistad con cualquiera, y luego se aprestan a odiarlo o a quererlo otra vez. Si se piensa en el género humano como un todo, donde a cada parte le corresponde un sitio, estos hombres se convierten en piezas faltantes que se puede colocar donde sea. Entre esta clase de personas rara vez hay grandes genios, aunque es a quienes con mayor facilidad se les toma como tales.
  • Ante una obra menor siempre pienso: es sólo un librito de patrullaje que busca el sitio donde pueda anclar uno mayor.
  • Nuestra vida es comparable a un día de invierno. Nacemos entre las 12 y la 1, no amanece sino hasta las 8, oscurece antes de las 4 y morimos a las 12.
  • Unas cuantas docenas de millones de minutos hacen una vida de 45 años y algo más.
  • ¿Qué será del género humano antes de que desaparezca? El mundo bien puede rotar como hasta ahora por otro millón de años, en cuyo caso 5000 años serán como un cuarto de año en la vida de un hombre de 50, apenas 1/12 del tiempo que pasamos en la universidad, ¿Qué hice el último cuarto de año? Comí, viví, hice experimentos eléctricos, escribí almanaques, me reí al ver un gatito, jugué con muchachitas y así transcurrieron 5000 años del pequeño mundo que soy yo.
  • Ahí a su lado, ella se veía como un lagrimero etrusco o una jarrita de porcelana de Meissen junto a un tarro cervecero de zinc.
  • Los relojes de arena no sólo nos recuerdan el rápido transcurrir del tiempo sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos.
  • Sí: las monjas no sólo tienen un estricto voto de castidad, sino también fuertes rejas en sus ventanas.

viernes, 12 de marzo de 2010

Al carajo

Para una semana que en cuestión de dos palabras mal dichas (y no por mí) se convirtió en un insulto, una manera prudente de cerrarla, o al menos ponerle el punto y empezar a cambiar la página, es ésta.
No es difícil encontrar alguna resonancia entre la poesía japonesa y el epigrama griego, aunque el último sea más lúdico e incisivo. Pero cabezas inquietas como Ikkyu rebasan los límites de su formato de escritura, del zeitgeist de su época. Otra vez, ¿qué sería de nosotros si tuviéramos límites?

miércoles, 3 de marzo de 2010

Delusional and compulsive

Para no variar demasiado, no tengo muy en claro cómo llegué al blog de Scott Adams (la recurrencia de esa falta de certeza empieza a ser inquietante…). Tengo idea de haber visto la versión animada de Dilbert, aunque cabe la posibilidad de que sea uno de esos delirios que se dicen una vida; sin embargo, es más poderosa la duda de haberlo leído en papel o en digital.
Me llama la atención esta reflexión dispersa que hace Adams. Eso que algunos consideran correcto o apropiado o necesario es aberración para otro; pero ¿qué define la distinción o le da sustento? Y volvemos a poner pie en lo subjetivo, donde todo se vuelve relativo (y la paradoja que contiene la frase) y cada quien deberá aportar su mejor definición según el modelo ético, social, político, económico, cultural et al. que le convenga o mejor le acomode.
Entonces uno y todo está a expensas del juicio de los demás; y más cruel aún: del propio. Y resulta que la literatura es una pérdida de tiempo, algo que pude haber aprendido en casa, inútil para el desarrollo económico, obsoleto, incompleto (por definición), un dispendio de recursos, un lindo pasatiempo, una de las pocas profesiones donde encuentro sentido, el único lugar donde alguna vez he sido feliz, una ambición, una botella de Klein.
The best you can do is make your delusions benign and your compulsions useful.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Bajo las sombras

Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cosimo Piovasco di Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos en el comedor de nuestra villa de Ombrosa, las ventanas enmarcaban las frondosas ramas de la gran encina del parque. Era mediodía, y nuestra familia, según su vieja costumbre, se sentaba a la mesa a esa hora, pese a que ya los nobles seguían la moda, llegada de la poco madrugadora Corte de Francia, de disponerse a comer bien entrada la tarde. Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas. Cosimo dijo: –¡He dicho que no quiero y no quiero! –y apartó el plato de caracoles. Jamás se había visto desobedencia más grave.
–Italo Calvino, El barón rampante
Cosimo, hijo mayor del barón Arminio de Ombrosa, ha subido a la encina del jardín familiar. Por asco, porque no acepta la impostura de la familia, por no estar de acuerdo con un castigo desmedido, por esencial rebeldía, para escapar de las silenciosas rencillas y discordias que sólo se ventilan en el comedor. Cosimo tiene doce años, edad suficiente para tomar decisiones propias, aun cuando se vean arrastradas por una fantasía inmadura. Cosimo nunca más ha de poner pie en suelo firme: su vida, a partir de esos doce años recién cumplidos, correrá entre las ramas de los bosques del baronato.
El de Cosimo es un acto de rebeldía adolescente, que con el paso de los años ha de convertirse en libertad. Una decisión, que en principio parece absurda, es llevada a sus últimas consecuencias, con la correspondiente declaración de principios enarbolada en alto como configuración moral del individuo.
A los doce años, Cosimo logra lo que una abrumadora mayoría no hace en una vida entera: rebelarse, disociarse de sus padres, y en consecuencia constituirse en un individuo independiente. No es, sin embargo, el adolescente que insulta a su padre por impositivo e intransigente para después humillar a la novia; no es el que reprueba la actitud de la madre y se emborracha a cargo y cuenta de las botellas reservadas o la tarjeta de crédito "para emergencias"; no es el que tacha de erróneo y espurio al sistema entero, sin tomar partido o considerar al menos a la distancia una solución o ejemplos de mejores prácticas; no es el muchachito que está harto de vivir en su casa y les exige a los padres que le den un departamento amueblado y mensualidad para gastos.
Cosimo, decía, ha disociado su persona de la de sus padres: no es un apéndice suyo, ni la promesa de resolución de los sueños de gloria ahora inalcanzables. Arminio y Konradine no serán vicariamente Duque de Ombrosa o General del Imperio, pues su hijo ha tomado una decisión, propia y sin la intervención (y aún en su contra) de persona alguna. Y la única medida que pueden tomar la familia y el baronato es aceptar y reconocer el valor de tal: la adultez de Cosimo es envidiada por muchos, deseada por otras tantas, debido esencialmente a que es libre, y feliz, y su persona no depende de nadie.
Todos en algún momento han de sostener esa rebelión por cuenta propia, llevar a cabo ese terrible esfuerzo de identidad, aprender a reconocer actitudes y decisiones sin por ello entrar en batalla abierta con la educación familiar, saber mirarse sin confundir los rasgos con los de otro. O pueden no hacerlo, y mantenerse sombra de alguien más.
Tarea ingrata si hay alguna, pero llena de dignidad, y orgullo.

lunes, 25 de enero de 2010

Marcos

Verdeaba el alba; en el prado, los dos flacos duelistas negros estaban inmóviles, con las espadas en posición de firmes. El leproso hizo sonar su cuerno: era la señal; el cielo vibró como una membrana tensada, los lirones en sus guaridas hundieron las uñas en el barro, las urracas sin sacar la cabeza de debajo del ala se arrancaron una pluma de la axila haciéndose daño, y la boca de la lombriz comió su propia cola, y la víbora se picó con sus dientes, y la avispa se rompió el aguijón sobre una piedra, y cada cosa se volvía contra sí misma, la escarcha de los charcos se helaba, los líquenes se volvían piedra y las piedras líquenes, la hoja seca se volvía tierra, y la resina espesa y dura mataba sin remedio los árboles. Así el hombre se arrojaba contra sí, con las dos manos armadas con una espada.
–Italo Calvino, El vizconde demediado

El vizconde Medardo de Terralba se ha escindido en dos personas: una mitad atroz en su violencia y maldad; otra en su benevolencia. Medardo y el vizcondado que rige han conocido la impertinencia de lo puro, el balance de polos que el fiel no une. Es sí mismo y otro, se reconoce a la distancia y se odia recíprocamente.
El sábado me recordaron que soy legión, que somos. Como Medardo, he alzado la espada, una ballesta, los escudos han reventado lanzas como espigas, las cotas han contenido las mellas; como Medardo, he cortado el espacio donde estoy sin estar, eso que está más cerca que la piel, entre la piel, por debajo.
Pero a diferencia de Medardo, no soy uno que es dos, sino unos y otros y muchos siendo uno. Soy Legión, y no hay cerdos en las cercanías.

martes, 23 de junio de 2009

Dixit

Pienso que te faltan tantas mujeres por conocer que no creo que puedas afirmar que te cuesta trabajo acercarte a la gente. [...] Estoy de acuerdo que todos tus encuentros se repiten: hasta me las imagino a ellas igual, pero con distintas escenas. Si esto fuera ficción, podría ser un cuento fantástico y siniestro.
Dijo la señora de los ojos providenciales que ven lo que muchos de nosotros ya no podemos y con esas palabras que se ahorran toda convención de cortesía, sin faltar jamás al respeto y las buenas maneras.
Aunque sigo convencido de que tengo pocas virtudes para acercarme a la gente.

domingo, 21 de junio de 2009

Insana procrastinación

[Cometieron la impertinencia de regalarme una antena de banda ancha móvil: si me he guardado de contratar servicios de telefonía e internet es para desaparecer del mundo por un instante y al menos el fin de semana atender otros asuntos y prioridades. Ahora tengo una excusa más para perder el tiempo impunemente y permitir que los platos de los gatos se vacíen y la casa amase un tesoro de polvo.]

Mañana
Me ilumino
de inmenso

Ocaso
El carmín del cielo
revela oasis
al nómada del amor

Goce
Siento en mí la fiebre
de esta
plenitud de luz

Acojo este
día como
el fruto que se endulza

Esta noche
tendré
un remordimiento como un
ladrido
perdido en el desierto

-Giuseppe Ungaretti
(trad. Jesús Coss y Michelle Solano)


A bunda, que engraçada
Está sempre sonrrindo, nunca é trágica.

Não lhe importa o que vai
pela frente do corpo. A bunda basta-se.
Existe algo mais? Talvez os seios.
Ora -murmura a bunda- esses garotos
ainda lhes falta muito que estudar.

A bunda são duas luas gêmeas
em rotundo meneio. Anda por si
na cadência mimosa, no milagre
de ser duas em uma, plenamente.

A bunda se diverte
por conta própria. E ama.
Na cama agita-se. Montanhas
avolumam-se, descem. Ondas batendo
numa praia infinita.

Lá vai sorrindo a bunda. Vai feliz
na carícia de ser e balançar.
Esferas harmoniosas sobre o caos.

A bunda é a bunda,
redunda.

-Carlos Drummond de Andrade
Os cem melhores poemas brasileiros do século (sel. Italo Moriconi). Rio de Janeiro: Objetiva, 2001. 291-2

miércoles, 20 de mayo de 2009

After all, it is

I think I had a beautiful life. I didn't wish for anything that I couldn't get and I got pretty near everything I wanted because I worked for it.
-Louis 'Satchmo' Armstrong



What a Wonderful World - Louis Armstrong

miércoles, 6 de mayo de 2009

Ya estuvo

If you want to sing out, sing out!
(and if you want to be free, be free)
-Cat Stevens

Uno de mis más grandes entretenimientos es hacer playlists: organizar un corpus de música puede obedecer a una necesidad específica o al mero capricho. En mi caso, siempre he metido tantas canciones como caben en un disco, pero obedeciendo a una secuencia: detrás de ese orden hay un criterio curatorial (?) que construye una narrativa (?) destinada a provocar una experiencia (???) en el escucha.
Considerando que la ciudad está terminando el sitio que guardó la última semana y la imperiosa necesidad de relajarnos, en esta ocasión las rolotas (tan bien relacionadas como me lo permiten sólo diez canciones: el promedio eran 115) son pura ponmedebuenas, al menos en mi caso particular: si usted no comulga con mi gusto, eso no es de mi incumbencia, ni mi responsabilidad.
Sí, es un capricho egoísta; quien lo sepa aprovechar o disfrutar...

jueves, 23 de abril de 2009

Un espíritu festivo

Las Fábulas fantásticas de Ambrose Gwynnett Bierce se publicaron en 1899, y son el libro que debiera acompañar a todo estudiante de primaria. Festejando el Día Internacional del Libro, copio algunas de mis favoritas. Regalen(me) libros: el Diccionario del Diablo debiera formar parte de toda biblioteca, y falta en la mía.

El Principio Moral y el Interés Material
Un Principio Moral se encontró con un Interés Material en un puente cuya anchura sólo daba para uno.
- ¡Al suelo, despreciable criatura -tronó el Principio Moral-, y deja que pase sobre ti!
El Interés Material se limitó a mirar al otro a los ojos sin decir nada.
- ¡Ah! -dijo el Principio Moral, vacilante-, echemos suertes, a ver quién de los dos ha de retroceder para que pase el otro.
El Interés Material mantuvo un silencio impasible y una firme mirada.
- Para evitar conflictos -prosiguió el Principio Moral, algo inquieto-, me agacharé yo para que pases tú sobre mí.
Entonces el Interés Material encontró una lengua, que por extraña conicidencia era la suya, y dijo:
- No creo que me convenga pisarte. Soy algo escrupuloso sobre lo que tengo debajo de los pies. De modo que al agua.
Y así fue.

La Gata y el Rey
Una Gata estaba contemplando a un Rey, como autoriza el proverbio.
- Bien -dijo el monarca al observar la inspección que la gata realizaba de su real persona-, ¿te gusto?
- Aún puedo imaginar un Rey -dijo la Gata- que me gustaría más.
- ¿Cuál?
- El Rey de los Ratones.
El soberano se sintió tan complacido por la agudeza de la respuesta que le concedió permiso para arrancarle los ojos a arañazos a su Primer Ministro.

El León y la Serpiente de Cascabel
Un hombre que se había encontrado en su camino con un León se puso a someterlo por el poder del ojo humano; y no lejos de allí se hallaba una Serpiente de Cascabel dedicada a fascinar a un pajarillo.
- ¿Cómo te va, hermana? -dijo el Hombre al otro reptil, sin apartar sus ojos de los del León.
- De maravilla -dijo la serpiente-. El éxito es seguro: mi víctima se acerca cada vez más a pesar de sus esfuerzos.
- Pues la mía -dijo el Hombre- se acerca cada vez más a pesar de los míos. ¿Estás segura de que es así?
- Si no estás seguro -replicó esl reptil, lo mejor que pudo con la boca llena-, es mejor que lo dejes.
Media hora después, el León, limpiándose pensativamente los dientes con las uñas, le contó a la Serpiente de Cascabel que jamás en toda su variada experiencia de ser sometido, había visto a un amansador que intentara tan seriamente abandonar el trabajo.
- Pero -añadió con amplia y significativa sonrisa-, le he mirado atentamente a la cara.

El Médico Compasivo
Estando sentado un Médico Bondadoso junto a la cabecera de un paciente aquejado de una enfermedad incurable y dolorosa, oyó un ruido detrás de él, y al volverse, vio a un gato que se reía de los débiles esfuerzos que realizaba un ratón herido por salir a rastras de la habitación.
- ¡Bestia curel! -exclamó-. ¿Por qué no lo matas de una vez como un caballero?
Se levantó, echó al gato de una patada y, cogiendo al ratón compasivamente, le alivió sus desdichas arrancándole la cabeza. Llamado nuevamente junto a la cama por los lamentos de su paciente, el Bondadoso Médico le administró un estimulante, un tónico y un reconstituyente, y se marchó.

En las puertas del Cielo
Tras abandonar la tumba, una Mujer se presentó ante las puertas del Cielo y llamó con mano temblorosa.
- Señora -dijo San Pedro, levantándose y acercándose al postigo-, ¿de dónde viene?
- De San Francisco -replicó la Mujer con embarazo, mientras grandes gotas de sudor perlaban su frente espiritual.
- No importa, mujer -dijo el Santo, comprensivo-. La eternidad es mucho tiempo; podrás olvidarlo.
- Pero eso, con permiso, no es todo -la Mujer estaba cada vez más confundida-. He envenenado a mi marido. He descuartizado a mis hijitos. He...
- ¡Ah! -dijo el Santo con súbita severidad-, tu confesión sugiere una gravísima posibilidad. ¿Eres miembro de la Asociación de Mujeres de la Prensa?
La Mujer se irguió y dijo con calor:
- No.
Las puertas de perlas y jaspe giraron sobre sus goznes de oro, produciendo una música de lo más encantadora, y el Santo, apartándose a un lado, hizo una inclinación de cabeza y dijo:
- Entra entonces a tu eterno descanso.
Pero la Mujer vaciló.
- El envenenamiento..., el descuartizamiento..., el... el... -tartamudeó.
- No tienen importancia. No vamos a ser tan rigurosos con una dama que no ha pertenecido a la Asociación de Mujeres de la Prensa. Toma un arpa.
- Pero solicité el ingreso: me rechazaron.
- Entonces toma dos.

Santo y Pecador
- Amigo mío -dijo un distinguido oficial del Ejército de Salvación a un Pecador Muy Malvado-, una vez fui borracho, ladrón y asesino. La Divina Gracia me ha hecho lo que soy.
El Pecador Muy Malvado lo miró de arriba abajo.
- En adelante -dijo-, imagino que la Divina Gracia dejará a la gente en paz.

El Lobo y el Cordero
Un Cordero, perseguido por un Lobo, fue a refugiarse en un templo.
- Si te quedas ahí -dijo el Lobo-, te cogerá el sacerdote y te sacrificará.
- Igual me da ser sacrificado por el sacerdote que ser devorado por ti -dijo el Cordero.
- Amigo mío -dijo el Lobo-, me duele verte enfocar tan importante cuestión desde un punto de vista puramente egoísta: para mí no es igual.

El Lobo y los Pastores
Al pasar un Lobo ante una cabaña de pastor, se asomó y vio a unos pastores comiendo.
- Pasa -dijo uno de ellos irónicamente-, y participa de tu plato favorito: pierna de cordero.
- Muchas gracias -dijo el Lobo marchándose-, pero debéis disculparme; acabo de tomarme un cuarto trasero de pastor.

El Milano, las Palomas y el Halcón
Unas Palomas que corrían peligro de que las atacase un Milano pidieron a un Halcón que las defendiese. Éste consintió, y tras ser admitido en el corral, esperó al Milano, lo apresó y lo devoró. Cuando estuvo tan saciado que apenas podía moverse, fueron las agradecidas Palomas y le sacaron los ojos.

El Lobo y el Bebé
Pasaba un Lobo Famélico por delante de la puerta de una casita del bosque, cuando oyó a la Madre que le decía a su bebé.
- Cállate, o te arrojaré por la ventana y te comerán los lobos.
Así que se quedó apostado bajo la ventana todo el día, sintiendo más hambre cada vez. Y por la noche, el Viejo, al regresar de la tertulia del pueblo, arrojó por la ventana a la Madre y al Hijo.

Bierce, Ambrose. Fábulas fantásticas (1899). Trad. Francisco Torres Oliver. Madrid: Valdemar, 1999.

jueves, 2 de abril de 2009

Salicilato(s)

So Miles holds his face and I've got a migraine.
Invocaciones a Fennesz y Ryuichi Sakamoto, y a veinte centímetros cuadrados de corteza de sauce...
(Quién creyera que Sonic Youth no es mortal en estos casos.)

viernes, 27 de marzo de 2009

Formica divinae

Gabriela me hizo un comentario que, por un azar, resonó con un correo que recibí justo un día después. Resumo y traduzco las ideas más importantes de aquel correo:
El punto focal de mi meditación es rendir, una y otra y otra vez, todos mis pensamientos. Requiere un enfoque incansable, continuo y sin fin hacerlo.
[...] Meditación Zen extremadamente simple: tus pensamientos son como peces saltando fuera del agua en el océano; tu mente cree que si dejas de pensar, si los peces dejaran de saltar, morirías o incluso desaparecerías. De hecho, lo cierto es lo contrario: si la mente guarda silencio, más o menos renaces, un sentimiento de "volver a casa".
Intentar y detener el pensamiento no es posible; el truco es simplemente relajarte, cerrar los ojos, mirar justo al frente a los puntitos de luz bailarines y mantener tu atención en ellos tanto como puedas. Por supuesto, los peces seguirán saltando. [...] Lo que debes hacer es dejar la curiosidad y el interés por los pensamientos, dejarlos hacer lo suyo y mantener la atención en los puntos de luz, sin distracción. Esto requiere una atención INTENSA; ayuda pretender que tu vida depende de ello.
De ahí, ten una intención, una oración, para mirar el océano debajo de los pensamientos. [...] La mente ya está 99 % callada, pero estamos hipnotizados por ese molesto 1 %, así que sólo debes descubrir el resto.
[...] El truco reside en dejar ir cada pensamiento desde el momento en que surge, y seguir atento a los puntitos de luz. Y no hagas nada más: no trates de sentir nada, enfócate en los puntos, ignora todo lo demás. Se requiere un poco de fe, y paciencia.
[...] Si te mantienes en calma y atento, eventualmente pondrás en silencio tu mente y "te volverás" el espacio. Vas de lineal a no-lineal, de ser el contenido a darte cuenta de que eres el contexto.
Ya he confesado en otras ocasiones (no me acuerdo cuáles) ese periodo new-age de mi vida; los resabios persisten, pero de manera tan sutil que apenas se asoman en mi persona. Dos (quizá tres, pero ése no es materia de discusión) fueron los motivos por los que me alejé, a saber: la feroz tendencia a usar términos abstractos que no tienen un correlato con el mundo conocido y sensible, sin parámetros de reconocimiento y que sólo oscurecen la explicación que hacen (sí: mi cerebro racional pseudocientífico está al frente de esas afirmaciones; sí: la ciencia recurre a los mismitos procedimientos las más de las veces). Si de un lado es cierto que la materia de ese universo es otra a la del nuestro y por tanto se debe configurar un lenguaje que le sea adecuado, no he encontrado quien defina sus elementos. Es bien curioso darse cuenta que quieren jugar a que son matemáticos y usan axiomas, sin antes haberlos demostrado o explicado: no eres Euclides, tío.
El otro motivo es que nunca me enseñaron o lograron que entendiera cómo meditar. Vamos, me han dicho que me rebosa la magia desde el fondo de las tripas, pero nadie ha tenido la delicadeza de darse a entender. Y otra vez, no ha habido un lenguaje nuevo ni un correlato.
Por primera vez, en la explicación de este tío, encuentro un ejercicio de meditación claro y que construye un pequeño universo referencial comprensible; pero inmediatamente me asalta la sospecha. O más bien, mi necedad por subvertir presupuestos sin mayor uso que organizar debacles innecesarias.
Un postulado del Zen es el vacío, la ausencia de deseo, pensamiento, identidad, et al., la fusión del todo en un no-lugar donde no hay tiempo ni distinción. "La mente ya está 99 % callada, pero estamos hipnotizados por ese molesto 1 %"; ¿qué sucedería si el intento fuera en sentido contrario, si la lucha feroz no fuera por vaciar a la mente de sonido, sino llenarla, multiplicar ese 1 % y ordenarlo de manera que todo tuviera otra consonancia? Las paralelas se tocan, las conclusiones son las mismas: por oposición no se hace más que probar y validar lo rechazado.
Sin duda, el silencio es consonante con absolutamente todo: John Cage lo descubrió en una cámara anecoica. "No entendieron. No hay tal cosa como el silencio. Lo que pensaban que era silencio, porque no sabían escuchar, estaba lleno de sonidos accidentales. Podías oír el viento soplando afuera durante el primer movimiento. Durante el segundo, las gotas de lluvia comenzaron a estampar el techo, y durante el tercero la gente misma hizo toda clase de sonidos interesantes cuando hablaba o salía de la sala."
A veces llego a la conclusión de que quisiera llenar todo ese espacio, no con conocimiento crudo, sino con sonido mismo quizá, a momentos ordenado, a veces caótico, sonando y resonando en todos los rincones, encontrando lentamente -ya por su propia cuenta o por mi orden o delirio- una forma que conviva sin excluir. Supongo que si existe algo divino, tendrá que ser algo entre una banda de Möbius al hipercubo y una hiperesfera.



miércoles, 18 de marzo de 2009