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lunes, 11 de abril de 2011

El precio de las cosas

I.
[...] después de haber estado sentado unas cuatro horas con mi impresor para corregir las pruebas de una de mis obras, más tarde, cuando había salido de la imprenta, aún flotaban delante de mis ojos las imágenes de aquellos pequeños mecanismos a los que había mirado tan intensamente, e incluso durante la noche me parecía verlos.
Bernardino Ramizzini (1700)

Tengo una razón de peso para escribir esta entrada: no queda muy en claro cuáles son las funciones de un corrector, y consecuentemente cómo hace su trabajo.
Doy un ejemplo veloz: hace unos días me pidieron que corrigiera un texto cuyo lector final era el director de operaciones de importante empresa. Antes siquiera de terminar el primer párrafo tenía sobre las espaldas un sutil reclamo: "¿Sabes qué? Pasemos a lo que sigue porque ya tengo que enviar ese documento. Llevo prisa." Eso último quería decir que yo debía leer un documento de quizá tres cuartillas en siete minutos, reloj en mano.
Sin embargo, no tengo licencia para culparlo: distinto de un cirujano plástico, un violinista, un abogado o un contador, el corrector de estilo no se forma propiamente en una universidad y esencialmente pasa desapercibido en cualquier proceso del que forme parte. La corrección no constituye una profesión a la que aspiren los estudiantes (yo mismo despreciaba la idea de ser corrector cuando estaba en la carrera) y no hay "convenciones" socialmente establecidas en torno a ella, como la bata blanca o el traje inmaculado.
Las consecuencias de eso abarcan un espectro ridículo, desde quiénes son susceptibles de obtener un puesto de corrector –como egresados de literatura y ciencias de la comunicación o médicos (en el caso de la corrección de literatura médica) con experiencia editorial, en lugar de lingüistas, mucho mejor preparados para semejante tarea–, hasta quiénes deben asumir esa responsabilidad en una empresa: resulta que el copy en una agencia de publicidad es el encargado de corregir hasta las cartas del director, o periodistas y traductores deben corregirse a sí mismos. Y eso sin mencionar a la miriada de (hay que decirlo) charlatanes que aprietan un botón en Word y dicen que corrigieron el texto en cuestión; conocí dos, así que es honesta la frase.

II.
Entre los factores indispensables del mundo literario, ningúno [sic] tan poco apreciado generalmente como el corrector de pruebas, cuyos inestimables servicios debieran proclamarse diariamente para que, siendo conocidos, pudieran ser debidamente recompensados.
Manuel Ossorio y Bernard (1880)

Pero eso agobia un poco menos que el tiempo del que dispone un corrector para hacer una lectura digna, o lo que pretenden pagarle por no poco esfuerzo. En México al menos, las tareas editoriales se tasan siguiendo los parámetros del Fondo de Cultura Económica; probablemente me traicione la memoria, pero en mi mente flotan $17 por cuartilla. El resto de las editoriales mantiene precios similares, a veces muy por debajo. En Porrúa ni siquiera leen originales y toda la corrección se hace sobre pruebas formadas.
El tiempo, por supuesto, es el gran látigo en las espaldas. Ya lo decía en el ejemplo del inicio, pero es recurrente, aún en empresas que conocen a fondo las implicaciones del proceso editorial (v.g. las editoriales mismas). Entonces un corrector tiene doscientas cuartillas sentadas en la mesa, y tres días montados sobre las espaldas: no hay café que te permita atrapar al vuelo las erratas más evidentes si el día ha durado más de doce horas.

III.
¿En qué consiste, ya para ponernos de acuerdo, una corrección de estilo? Por principio de cuentas, el corrector está justo en el punto donde se cruza el fuego del autor, el lector y el texto: no es solamente cazar errores gramaticales y ortográficos fusil en mano (el texto), sino comprender el mensaje original (el autor) y asegurarse de que sea claro y transmisible (el lector). Más todavía, tiene que conocer al lector potencial del texto –de definición mucho menos precisa que el lector ideal– y apegarse a los términos que le son familiares.
Por supuesto, gramática, ortografía, sintaxis; pero también sentido. En la semántica se nos queman las espaldas, pues de pronto resulta que la última afirmación traiciona el sentido del párrafo entero. Un corrector disciplinado, por regla general, pasa más tiempo en textos periféricos que en el texto que va a entregar.

IV.
Encima de eso, hay una sensación oscura de que la competencia es feroz y deshonesta. Pero entonces caemos en un círculo vicioso: si no especifico en qué consiste mi trabajo y cuánto cuesta, a menos de que me pidan una cotización, entonces mantengo a raya a mi competencia. Y mis clientes potenciales tampoco conocen los pormenores de lo que hago, y nadie sabe reconocer un trabajo bien hecho, correctamente tasado.

V.
Ninguno hay que no pueda ser maestro de otro en algo.
–Baltasar Gracián (1657)
Por todo lo anterior, así aparece una nueva etiqueta en este blog, y una sección en la columna de la derecha. Y para dar en mano:
  • Corrección de estilo (originales): $55 - $80
  • Corrección de pruebas formadas (digital): $45
  • Corrección sobre pruebas de impresión: $50
  • Corrección de estilo en inglés: $90 - $110
  • Traducción: $140 - $220
Estos precios se dan en pesos mexicanos y se contabilizan en cuartillas editoriales de 1,500 caracteres, contando espacios. El costo varía en función de la complejidad del lenguaje y el volumen de trabajo. El tiempo de entrega oscila entre cinco y siete días hábiles, aunque siempre estará en directa relación con el volumen: ni en broma logro traducir cuarenta cuartillas en un día.
Quede en defensa de las mejores prácticas (disculparán, pero a últimas fechas la jerga del mercadólogo es moneda corriente).

*Algunos de los epígrafes que aquí se leen fueron tomados de Libros y Bitios (de varias entradas, así que pueden tomarse el gusto de repasarlo a fondo).

lunes, 21 de septiembre de 2009

Una distracción

Supongamos que hago un ejercicio descomunal y se me olvida que hoy estoy odiando al género humano enterito (o quizá sólo 98 centésimas partes); supongamos que al fondo de este saco de bilis y rabia y tripas hay una pulsión creativa capaz de omitir o -en el mejor de los casos- hacer uso de mis odios; supongamos que todos somos capaces de decir, bajo la insinuación velada o la declaración abierta, eso que revolotea en la cabeza; supongamos que alguien más, que leyó desesperadamente Momo, una y otra vez, les presta esa atención y escucha sobrias.
Supongamos que, después de mucho tiempo, por fin tengo un personaje a quien escribir, pero no lo conozco; sin embargo, las lectoras de este blog sí. Si los (dos) lectores gustan participar, hagan las variaciones que les resulten pertinentes.
Imaginemos un idilio: sueñan con el hombre de sus sueños; por tanto, sueñan que sueñan. Sueñan en un lugar atestado de gente, ruidoso, donde todos y todo lo demás tiene un rostro sin importancia. Sueñan en un espacio amplio, no abierto; entonces resulta que ahí en algún lugar está ése, el que han soñado ni siquiera saben ya cuántas veces.
De alguna manera tendrán que reconocerlo, así que ése requiere una entidad: un aspecto físico, un gusto musical, una profesión y hábitos y entretenimientos, odios, vestimenta, defectos que construyen personas, cualidades, manías. ¿Qué tiene ése que no han tenido los otros, que debieron tener o ser o entender?
Saturen [ajá...] los comentarios de sustantivos y adjetivos; tres mil puntos a la descripción que rellene la cara de ése que estoy escribiendo yo.

martes, 2 de junio de 2009

múm dixit

Yesterday was dramatic, today is [almost] OK.
Ahora que ya puedo ordenar mi cabeza en lugar de que me revienten las tripas a alta temperatura, presto atención a lo que debí hacer ayer.

Les advertí en su momento, y ya empieza: 1 y 2. Me enorgullece decir que rara vez me equivoco: las dos ediciones de la Caza me respaldan. Acepto que me hubiera encantado leer cuentos nuevos, pero cuando uno está afinando detalles de una ponencia, el tiempo se va entre los dedos.

Una amiga muy querida me pide un favor que no puedo negar: "A todos mis amigos, ayúdenme a vender [o comprar, en su defecto] los cuadros de mi madre: si saben de alguien que quiera remodelar la sala o la oficina, échenles el ojo".
Y puesto que la dama de suso pidió el don a este caballero, con juramento de no perjuriar la mía honra, y en viéndome obligado por las leyes de caballería y la honrada memoria de mi facienda, cumplo la dona de grado y con promesa de non la dejar fasta que la prenda sea pagada. [Me cae que voy a volver a pescar el Amadís; la pura onda.]


I[want to be]'m 9 Today - múm

martes, 26 de mayo de 2009

Hambre

Uno que es increíblemente servicial y terriblemente amable y un obseso que trabaja como si fuera lo único importante y que procura tan bien como puede todos sus trabajos (sí, eso último es una franca expresión de mi cinismo) y que además los disfruta tanto como lo permiten las circunstancias (a últimas fechas tengo ganas de fusilar a algunos científicos locos, no así chefs), me permito anunciar que Gastronómica de México (aka una de las revistas que corrijo) anuncia su blog. Copio textual el correo que recibí:
Amigos,
Tenemos el gusto de comunicarles que la revista Gastronómica de México lanza su blog.
A partir del 1o. de junio, los invitamos a que hagan clic en este enlace para que degusten los posts publicados y nos dejen sus comentarios.
Con la finalidad de presentar lo más actual en la cultura culinaria, estaremos atentos a sus invitaciones para cubrir eventos, lanzamientos, cursos, congresos y todo lo relacionado con el mundo de la gastronomía. Asimismo seguimos abiertos a publicar colaboraciones y links a otros blogs o sitios destacados.

Reciban un cordial saludo,
Equipo editorial
Gastronómica de México
El oso que vive en mi barriga da fe que las recetas son gloriosas; o al menos así las presumimos, porque nunca en mi cocina se han preparado esos platos. Por lo demás, la abrumadora mayoría de los artículos son reinteresantes (tengo mis reservas con respecto a cierta sección, pero no hay necesidad de incinerar a los autores aquí, si ya lo hice en la corrección y mis notas) y a veces hasta reveladores.
No sé las suyas, pero lo único que me asusta de mi cocina es el pelo de gato en la comida enlatada recién abierta.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Ya estuvo

If you want to sing out, sing out!
(and if you want to be free, be free)
-Cat Stevens

Uno de mis más grandes entretenimientos es hacer playlists: organizar un corpus de música puede obedecer a una necesidad específica o al mero capricho. En mi caso, siempre he metido tantas canciones como caben en un disco, pero obedeciendo a una secuencia: detrás de ese orden hay un criterio curatorial (?) que construye una narrativa (?) destinada a provocar una experiencia (???) en el escucha.
Considerando que la ciudad está terminando el sitio que guardó la última semana y la imperiosa necesidad de relajarnos, en esta ocasión las rolotas (tan bien relacionadas como me lo permiten sólo diez canciones: el promedio eran 115) son pura ponmedebuenas, al menos en mi caso particular: si usted no comulga con mi gusto, eso no es de mi incumbencia, ni mi responsabilidad.
Sí, es un capricho egoísta; quien lo sepa aprovechar o disfrutar...

martes, 21 de abril de 2009

Todas las voces

Recibí el día de hoy un correo de la señora Tara Marinello (estuve a punto de cagarme de risa cuando leí el apellido y la imaginé despidiéndose, mirando por encima del hombro y gritando con lágrimas en los ojos "¡Recuérdame!"); copio textual:
Hi,
I came across your blog at Blogger.com. It is very well written [en español, por supuesto] and interesting. I like how you have explored the topic [¿cuál?]. If you are interested, I would like to extend an invitation to join Allvoices. It's a citizen journalist site. We discuss, debate and write about everything under the sun here. The site has a lot of people who are passionate about writing and use this as a tool to make a difference.
Allvoices also has an incentive programme for writers who can earn up to $10,000 cash [y apareció el anzuelo]. You can visit http://www.allvoices.com/journalism for more details and do register if you are interested.

Thanks,
Tara
Un rato de metichería y me quedó perfectamente claro que es un formato de invitación y que la señora se topó quién sabe cómo corchos con este blog (mis estadísticas de usuario dicen que sí leyó al menos dos páginas). He revisado el sitio y leído casi toda la información que se proporciona sobre Allvoices, y el proyecto me parece harto interesante; sin embargo, entro en una de esas feas disquisiciones éticas.
Si bien es cierto que escribo y doy cuenta de un cotidiano en este blog (y que bien me vendrían una razón diferente para seguir escribiendo), las "noticias" que reporto son casi exclusivamente en la esfera de lo personal: una reflexión no es noticia, un asalto de uñas -aunque noticia, entendida en sentido amplio- tiene importancia para mí y sólo para mí, y rara vez comento un hecho que tenga relevancia política o social debido a que no estoy al tanto de los sucesos del mundo. Lo anterior me lleva a recordar al Dr. Samuel Gordon, quien se negaba a usar un teléfono celular: "las preguntas que me hago nos las hemos hecho desde hace 25 siglos, ¿qué pinche urgencia puedo tener?".
El periodismo no es una habilidad mía: en alguna ocasión se me ofreció la oportunidad de entrar al periódico Reforma como asistente (eufemismo para corrector de estilo) y eventualmente tomar una plaza como periodista; es la única vez que he agradecido no tener mi título de licenciado en la mano: a pesar de haber presentado el mejor examen que la chica de recursos humanos había visto en cuatro años, me negó el puesto nomás porque no había terminado la carrera. En ese momento me pesó, pero a la distancia me alegro, pues un periódico exige más vida de la que uno dispone.
Al margen, y considerando las líneas que rigen a Allvoices, cabe preguntarse si la realidad personal no merece también pasar a la memoria colectiva, no sólo como opinión y perspectiva, sino como la configuración de momentum que pretende el equipo de trabajo de la empresa.
Entiendo que una de sus banderas de guerra es que las personas, siguiendo el esquema de las redes sociales del Internet 2.0 y un ejercicio democrático sorprendente, establezcan lazos emocionales en torno a un suceso determinado, lo que debiera traducirse en una suerte de conciencia colectiva y sinergia al momento de cuestionar la realidad. ¿Qué sucedería si cambiaran el foco de los sucesos a los lazos? No, no estoy sugiriendo una fiesta de solteros o servicios de citas vía internet: ¿quién dijo que el mundo de afuera de verdad priva sobra la dimensión personal?
Ya decidiré esta semana qué hacer con esa invitación; si ustedes optan por hacer periodismo ciudadano, avisen para regalarles algunos hits.

martes, 16 de diciembre de 2008

Soy un manojo de mala voluntad y egoísmo terrible. Sin embargo, no tengo el corazón tan duro como para fingir que no tiene importancia un hecho infausto, debido muy probablemente a un arranque de egoísmo que me rebasa y a la falta de experiencia que conlleva la adolescencia.
En términos reales, no puedo hacer más nada, salvo hacer a un lado mucho de lo que soy y tender la mano.
Espero que la encuentres.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Una pregunta cruel

Por andar de bocona, una amiga se comprometió a conseguir la opinión de diez respetados escritores (sic; no me pregunten por qué decidió convocarme a mí también) en torno a una pregunta que, cualquiera que sea el contexto, es estúpidamente difícil de contestar. Sin embargo, si la ubicamos en un contexto específico, la cosa se pone peor; copio textual del correo que recibí:
¿Cuáles son las diez obras literarias que darían en su opinión una mayor solvencia formativa a aquellas personas que se encargan de la educación de nuestros niños y jóvenes en el primer nivel de la pirámide educativa?
La respuesta, al menos para mí, no es en absoluto sencilla; pero por andar de bocón yo también, ya me comprometí a responder, y jodida la cosa, tengo que hacerlo antes de que se acabe el día...
En términos generales, lo que se pide es que uno juegue al antologador; por definición, toda antología es incompleta y ni por accidente pasa de lo ilustrativo. Con tal consideración en la cabeza, ¿cómo hace uno para antologar la historia de la literatura? ¿Cuál debiera ser el criterio de selección y, por tanto, eje rector de análisis y marco conceptual?
De inicio se me ocurre muy honesto escoger mis diez libros favoritos, pero dudo que a un maestro de primaria le sirva de un carajo una novela como o El amante o Si una noche de invierno un viajero. Después me viene a la cabeza que esos diez libros tendrían que ser representativos de la cultura universal -cualquier cosa que eso signifique-; pero para ser verdaderamente representativos tendría que haber muestras de las diez culturas más significativas (¿según quién?) para el saber humano, y debo admitir que no he leído mucho a los japoneses ni El libro de los muertos, por mencionar algunos.
También se me ocurre que esos diez libros podrían ser los que más ruido han provocado a posteriori al menos en literatura y entonces es obligatorio meter a la Biblia y a los griegos, sobre todo las Metamorfosis. Pero ya estoy oyendo a los que echaron la encuesta y a los críticos del sistema educativo: "Mocho pendejo, ¿qué no sabes que la educación pública en este país es laica?". Sí, sí sé, y también sé que la Biblia es un libro (por eso las itálicas) antes que un dogma y que no practico devoción religiosa alguna, aunque el jainismo me haga ojitos. Por lo demás, casi estoy viendo a los maestros de primaria (mocho como es este país) dando clases de catecismo en lugar de analizar historias tan divertidas como la de Jonás o poemas tan hermosos como el Cantar.
Y ahora no sé qué debiera hacer; y lo peor es que el futuro de este país y esas generaciones está en mis manos (!!!; ajá...).
Sus diez, en los comentarios.

Métodos de elección directa

Si se dieron cuenta (por supuesto que lo hicieron: ustedes siempre están muy al pendiente de todo cuanto sucede en este blog), a la derecha apareció una encuesta a principios de esta semana. Como esto es una pequeña democracia y mi catálogo musical ya pasa las 550 horas, me pareció lo más correcto que ustedes escogieran las rolotas que han de aparecer en la cabecera.
En atención y respeto al único voto recibido, "Me importa un corcho la música electrónica", me atengo a lo que ahí dice (ya mucho ha sufrido la política de este país con las impugnaciones electorales) y no publico música electrónica. Lo cual no exime que publique algo; recuerden: las democracias más efectivas tenían una cara muy similar a la dictadura totalitaria y tiránica.
Para que no digan que aquí no se oyen cosas interesantes y me guardo celosamente mis 550 horas, se quedan -apegándome ferozmente al tenor de los resultados- con la obra más importante de John Cage, no sólo porque todo mundo la critica, sino porque él mismo así la entendía.
Y de verdad, en las perogrulladas están las verdades que todos debiéramos tener en consideración.

viernes, 23 de mayo de 2008

Otro cumplimento (con maña)

Hace unos días insinuaba yo que el Xu Bing es un nuevo héroe en mi panteón. En concreto hablé de dos piezas y prometí que en unos días [sic] iba yo a dar las explicaciones necesarias -a los lectores no angloparlantes- a fin de que se entendieran las piezas. Lo hago, además de mi compromiso, porque ahora resulta que voy a tener que redactar la nota correspondiente para mi revistita de arte (nota al pie: ya pronto [ya pronto...] vamos a actualizar esa página de internet) y necesito aclararme algunas ideas.
Por otra parte, pondría yo las fotos acá, pues muy amablemente su estudio me hizo entrega de algunas que habrán de aparecer en mi revistita de arte. Sin embargo, no quisiera comprometer ni adelantar esa publicación, por lo que dejo a su libre metichería echar ojo, nuevamente, a la página del señor Bing.
Entrando en materia, The Glassy Surface of the Lake parte de un pasaje del Walden de Henry David Thoreau (nota indispensable: si creían que Gandhi era un pacifista radical y The Clash una de las bandas de punk más contestarias y críticas contra el sistema, Thoreau -enorme ensayista- fue quien acuñó el término 'desobediencia civil' [tan penosamente usado por algunos sujetos de la política de este país] y fue el más lúcido y acérrimo crítico que tuvieron el gobierno y la sociedad norteamericanos en el S. XIX; entre sus maravillas, más o menos previó cómo sería el arte del S. XX y qué países eran más propensos a hacer qué cosas), en el que comenta las particularidades de un lago en perfecta calma: uno puede asomarse a él y no mira el reflejo de las montañas, sino a las montañas mismas, invertidas, en el suelo.
Y Xu Bing copia, letra por letra, el pasaje entero y lo cuelga en una red de palabras de aluminio que cubre el patio central del museo Elvehjem. Uff...
Magic Carpet es un glorioso ejercicio de caligrafía y matemáticas y poesía y fe. Exhibido en la Primera Bienal de Singapur, el tapete fue hecho para un templo budista. Digamos que es la versión moderna de un poema de Hui Su, que en 1620 hizo un entramado de 841 caracteres que componían, dependiendo de la dirección en que se leyeran, algo así como 4,000 poemas.
La versión de Bing toma fragmentos de varios textos de fe (v.g. religiosos o de corte dogmático) en su traducción al inglés; para disponer las palabras en el cuadro, Bing las escribe en caligrafía de letra cuadrada, su propio sistema de escritura, y que le ha sido una suerte de instrumento creativo en un chorro de piezas (si les interesa, en algún lugar deben vender su libro didáctico "Aprenda usté a escribir como yo", por supuesto con otro título). A la derecha de este post han estado viendo un ejemplo de ello: eso de ahí no está escrito en chino, sino en inglés, y dice "Two Poems by Longfellow, Calligraphy by Xu Bing [Dos poemas de Longfellow, caligrafía por Xu Bing]".

viernes, 2 de mayo de 2008

Una solicitud

El post de este día no tenía temática definida (realmente no tenía muy claro de qué escribir; más todavía, no tenía intención de escribir). Sin embargo, en atención a Agla, ordeno mi cabeza y dispongo este escrito.
Ayer, gracias a los Mártires de Chicago, tuve un día de asueto; y en lugar de quedarme encerrado en casa con los gatos, mi mejor opción fue dar una vuelta por el Centro Histórico. Podía, también, hacer turismo capitalista (???) y recorrer el centro comercial que hay a unos pasos de casa, comprar un helado y leer en las bancas de esos suntuosos pasillos atiborrados de señoritas que compran bolsas de mano de $4,000 (hechas en Tailandia) o pantalones talla cero (nota al pie: ñango como soy, me quedan bastante bien, lo mismo que la talla 14 para niño, con la salvedad de que me llegan arriba de los tobillos). Digo, de shoppear en un mall a husmear en las librerías de viejo de Donceles... Resultado: seis viejas adquisiciones.
Y sí: el Centro es distinto cuando no hay tanta gente. Antes, de día era un oloroso y ruidoso bosque de gente que impedía el paso hasta obligar al peatón a caminar por la calle, en lugar de hacer el correcto uso de las aceras; y por la noche era un muladar de basura y residuos de dudosa procedencia, que uno prefería no caminar dada la escasa seguridad. Presumo que el Festival (y la senda lista de empresas que lo respaldan y cuya imagen está involucrada) tiene alguna responsabilidad en ese cambio, otra cosa que debiéramos agradecerle.
Sin embargo, muchos todavía le tienen, más que respeto, franco terror y mal recuerdo al Centro. Uno de ésos, para mi mala fortuna, es el novio (ése al que casi le incendio la casa) de mi mejor amiga y room-mate. Pero mejor me explico, pues bien se pudiera interpretar de muy otra manera lo que quiero decir: el domingo, desvelado, suficientemente cansado como para preferir la cama a cocinar y comer, el mundo entero se fue a la mierda y me hice bolita, un gato entre las rodillas y otro en el pecho. A eso de las cinco me hablan desde la puerta: "Pollo, ¿no vas a ir al Centro?". Según mi memoria, el concierto de Goran Bregovic, y por añadidura el evento de clausura del Festival, empezaba a las ocho, así que básicamente le debo a la roomie mi asistencia puntual.
Me desperezo, me pongo los zapatos, y bajo los cuatro pisos de mi edificio. Y este infame, en virtud de que no se ha cambiado los calcetines en tres días (me habrá de disculpar, pero este tipo de cosas y toda su escatología se tienen que ventilar, en toda la extensión de la frase), se toma más tiempo del exclusivamente necesario, muy a pesar de que ya tenemos algún retraso en nuestra contra. Ah, pero tu novia es demasiado consecuente contigo en ocasiones, infame, y yo te tolero más de lo que mis tripas toleran... Y todavía tienes el cinismo de quejarte: "Ay, pero es el Centro, y el Centro es bien peligroso. ¿Y tenemos que ir en Metro? Es que me choca el Metro. Además va a llover... Blah blah beeeeeee". Grrr...
Y llegamos por fin a la Plaza de Santo Domingo, después de otra larga perorata de quejas (mala cosa si uno sigue a medio dormir y el humor no da para calma). Qué lindo es el Centro, a cualquier hora; y qué pena es llegar tarde a los conciertos en plazas públicas y quedarse a veinte metros del escenario, viendo manchitas o pantallas. Siempre es interesante ver a los músicos haciendo lo suyo, y pocas cosas me cautivan tanto; sin embargo, si a uno le quedan dos dedos de sentido común (cierto, cierto: se me olvida que ése no es un bien ampliamente difundido), uno va a un concierto a escuchar música, no a verla.
Si a últimas fechas me he interesado por la música de Europa del Este (A Hawk and a Hacksaw, Gogol Bordello, The Cracow Klezmer Band, Kocani Orkestar [vs. Animal Collective]...), me acabo de aficionar con la mitad de las tripas. Por principio de cuentas me encantó el ensamble que carga Bregovic: la Orquesta y Coro para Bodas y Funerales (metales; el saxofonista es glorioso), dos coristas tradicionales de los Balcanes, la Banda Instrumental de Oaxaca (que a momentos parecían terriblemente aburridos, aunque las cuerdas sonaron rebién) y un coro de vocalistas masculinos, en pulcrísimos fracs. Uno no creería que tal conjunto haría bailar y brincar a la banda, al más animoso estilo de un concierto de rock, pero oh sí, lo lograron: la polka se baila (dah...) y es redivertido, aunque nadie bailara polka propiamente dicho.
Me pareció bien interesante que hubiera un chorro de niños, y hasta parecían divertirse más que el resto de la gente. Evidentemente, los padres parecían más preocupados que ellos por la lluvia. "Me duelen las rodillas, me estoy mojando, vámonos, tengo hambre"; y ése no era un niño, aunque lo parece... Ah, me debí haber fugado con los otros cuates que estaban al otro lado de la calle.
Casi tres horas de música gitana, con sus momentos harto emotivos por las voces de esas dos mujeres que por un segundo pensamos que podían ser oaxaqueñas (por el tocado, claro, porque sus 1.80 de altura y la tez blanca y el cuerpo delgado no son muy oaxaqueños), con otros harto divertidos. La banda de metales y los solos de clarinete o trompeta... uff, no tengo que terminar la frase. Y las vocales -gitanerías y chillidos y algunos gritos- me hacen reiterar que la voz debe ser un instrumento más en la música (de pronto me viene a la cabeza esa anécdota en que John Lennon quería que "Tomorrow never knows" sonara como cien monjes tibetanos cantando y la única manera que se le ocurrió fue colgarse de cabeza sobre el micrófono y pendular; "We're looking into it, John" decía George Martin, guardándose la repulsa ante idea tan idiota). Por supuesto, nadie entendía nada, pero no había necesidad. Tú pásatela bien, y no lloriquees.
Como era de esperarse, tocaron varias piezas de Underground y otras películas de Emir Kusturica, lo nuevo del Alcohol y varias piezas "tradicionales", con arreglos por los que se hizo famoso Bregovic.
Una cosa sencilla (nada en música es sencillo, ni el punk más básico: la actitud es más difícil que un acorde de guitarra), sucia, amontonada, con chorros de capas encimándose y jugando, con cambios repentinos, estrepitosa, colorida. De eso al noise no hay mucha diferencia, salvo que uno baila.
A resumidas cuentas, que me la pasé rebién, y supongo que la gran mayoría de los que fueron. Hoy estoy tentado a ponerle paliacates a los gatos.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Malos hábitos

Chismeando en el VerveEarth, terminé en el Blog en Serio; no me pregunten de qué se trata porque francamente no lo he revisado: francamente tengo mucho trabajo como para dedicarle algún tiempo significativo a algo que no sea trabajo (pero querías ser workaholic...).
Me tomo la libertad (y espero que Víctor no se disguste: entendamos éste un servicio de difusión) de copiar contenido de una entrada suya, que me resulta harto práctica, en atención a mis hábitos compulsivos. Y otro mal hábito es la corrección de estilo.

Seis recomendaciones para lograr 24 horas de trabajo efectivo
  1. Regula el consumo de cafeína, sobre todo al final de la maratónica jornada: además de que tu sistema nervioso se vuelve inmune a sus efectos, te puede resultar contraproducente y despertar ansiedad.
  2. Cambia la ingesta de snacks y golosinas por frutas y barras nutritivas en intervalos regulares; de este modo no sentirás el estómago vacío ni un exceso de glucosa en el torrente sanguíneo.
  3. No sucumbas en el momento en que el sueño está por vencerte: es natural que empieces a cabecear a la hora que acostumbras dormir, pero si te distraes, das una caminata y respiras aire fresco, lo vencerás.
  4. De no conseguirlo, prográmate pequeñas siestas de quince minutos, lo más espaciado posible, que no sean en un lugar cómodo como un sillón y mucho menos la cama.
  5. Música acompañando el ritmo con el pie, y de preferencia una con la que no te embarguen sentimientos de tristeza y melancolía, sino que inyecte adrenalina a tus oídos.
  6. Un plan de trabajo para toda la jornada: si no defines previamente qué tareas debes cumplir para qué momentos del día, no podrás llevar un monitoreo de tu eficiencia y es probable que renuncies y dejes todo inconcluso y para el día siguiente.
  7. [recomendación de Víctor] Visualiza los beneficios de estar involucrado 24 horas en un trabajo: adelantar tu día de descanso, ganar dinero extra, conseguir un ascenso, terminar asuntos pendientes...
  8. [otra recomendación de Víctor] Manténte alejado de teléfonos y messenger: doy fe que, aun cumpliendo al pie de la letra los siete preceptos anteriores, todo se puede ir por la borda al recibir una llamada o encontrar a alguien en particular en el MSN.

jueves, 6 de marzo de 2008

DRM-free (woohoo!!)

La primera vez que tuve noticia del DRM (o lo que es lo mismo, Digital Rights Management, que se traduce como 'Gestión de Derechos Digitales') fue mientras hacía la traducción de un artículo de estética y arte digital, del cual he de admitir que no entiendo mucho, pero qué bonita me quedó y qué orgullo que un journal TAN pesado (si no me creen, nomás echen ojo a su Consejo Editorial) la admitió para su publicación. Y ahora que me acuerdo, me costó muchas horas de trabajo y a algún hijoeputa se le hizo facilísimo copiar y pegar, sin preguntar siquiera (por cierto, si de verdad fuera yo tan hijoeputa como me vendo, ya hubiera reportado el chiste con los Kroker... quizá lo haga en la semana).
Nomás para captar la atención de los metiches que hagan puerto en este blog, de muy menor relevancia para la abrumadora mayoría del universo (como bien me demuestran mis estadísticas de uso), tendré la esencial cortesía de explicar, hasta donde puedo, qué corchos es el DRM.
Antes, para proteger una obra artística había que registrarla y reservar los derechos patrimoniales y morales del autor (si tienen un abogado cerca, que les explique con detalle [si quieren], porque ahí sí me pierdo refácil). Sin embargo, ante la apertura de la accesibilidad a los medios de comunicación e intercambio de información, ante la aparición de nuevos formatos que no podían ser contemplados cuando se formularon las leyes de derechos de autor, las empresas discográficas y editoriales, en su abrumadora mayoría, tuvieron que inventar nuevos medios para restringir el uso indebido de los materiales que nos venden y a partir de los cuales se hacen asquerosamente millonarias. Uno de esos medios fue el DRM, que entre implicaciones legales y sistemas tecnológicos, restringen la transferencia, copia, reproducción, modificación, edición y cualquier otro procedimiento que se considere un cambio o intercambio de la obra.
La cosa no es nueva y ya hace mucho se presentaron borradores ante los cuerpos legislativos de chorros de países (impulsados, también en su abrumadora mayoría, por esas empresas que se hacen asquerosamente ricas con el producto de sus ventas, las más de las veces con un excedente de valor de varios miles porcentuales: ¿alguna vez se han preguntado cuánto cuesta hacer un disco o un libro, considerando todos los procesos, materiales e incluso intermediarios?) para implementar este asunto del DRM en todo lo que se pueda implementar, entiéndase objetos digitales de la suya preferencia.
Votos a favor y en contra, acaloradas discusiones con argumentos de valor por ambas partes, llantos, berrinches, manazos y lloriqueos de todas las partes (el público consumidor en los primeros lugares), las respuestas no se han hecho esperar, en algunos casos porque la supervivencia de determinados mercados y productores depende de la libre transferencia de información (editoriales independientes, por supuesto). Esas respuestas implican nuevos modelos de trabajo y ejercicios significativos de independencia, además de aprenderle algo a las nuevas tecnologías y producir de manera semi-artesanal las obras que se liberan para consumo de nosotros, el público en general.
En otro momento echaba yo loas a la obra y no tanto al esfuerzo que implica publicar una obra bajo este nuevo régimen. He de confesar que nomás conozco a otros dos que hayan hecho lo mismo: Saul Williams (tsss... ni voy a dar un adjetivo, hagan un esfuercito y búsquenlo: todo que disfrutar) y Trent Reznor. Y por fin, después de mi divagación introductoria, llego al quid de este post.
Para el lanzamiento de Year Zero -en todos los sentidos atípico disco de Nine Inch Nails (ojito al Wikipedia, cotejo de fechas, estilos, medios de distribución...)-, Reznor lo puso a disposición de los fans en la página de NIN, con una versión gratuita y otra a cinco dólares. Y ahora, por accidente casi, me entero que Reznor jugó parecido: Ghosts, 36 composiciones (gloriosas) más o menos en la línea de la música ambiental (aunque ni de lejos se parece a Brian Eno y Music for Airports), se presenta en cuatro versiones para quien guste adquirirlo.
Y de verdad, es estúpidamente hermoso, con texturas harto emotivas y chorros de momentos de ésos en que uno quiere estar tirado en la cama. Por supuesto, como todo NIN, no apto si no te gusta algo de ruido, o mucho ruido, o ruido.
¿Se dieron cuenta que lo único que quería decir se concentra en los últimos tres párrafos? Disculpen ustedes, amables lectores, mi verbosa impertinencia...
P.D. Dicho en inglés, spread the word.

martes, 20 de noviembre de 2007

Porque hace poco se hacía acá la cita

[Un necio, en otro lugar, quiere regalar esto. Le ayudo a su lectora a que lo encuentre: si alguno de ambos lo lee, entienda el servicio.]

RECIBE ESTAS ROSAS costarricenses,
Myriam, con estos versos de amor:
mis versos te recordarán que los rostros
de las rosas se parecen al tuyo; las rosas
te recordarán que hay cortar el amor,
y que tu rostro pasará como Grecia y Roma.
Cuando no haya más amor ni rosas de Costa Rica
recordarás, Myriam, esta triste canción.

-Ernesto Cardenal

lunes, 5 de noviembre de 2007

¿Mabrazas?

Ayer, por andar de buen brother (lo que no necesariamente significa de buena vibra), anduve regalando abrazos en el Parque México. La idea, evidentemente, no fue mía: es bien sabido que soy un malencarado/humor negro/que se incendie el mundo, al punto de pedir desinfectante en gel por esa cuestión del contacto físico.
Y sin embargo, también es bien sabido que tengo mi corazoncito de pollo (en el sentido más literal de la expresión) y que no pude poner la cara de hijoputa cuando un chavito de ¿tres años? (al que su madre parecía pasear como perro, pues las correas al pecho casi le apretaban) salió corriendo a pedirme un abrazo, y después volvió -trompita parada- a pedirme un beso, que por sabiduría le di en el cachete (mejor no provocar a las familias).
Linda experiencia, para qué digo que no: pasada una profunda contemplación de media hora, cavilando los elementos filosóficos de un momento como es un abrazo, llegué a la conclusión [...] de que el chiste no sólo ayudó a la gente que abrazamos (llegados los 250 en una hora [algunos por demás deprimidos, con cara de borrego a medio morir, o de enfermo cuasiterminal], me dio hueva seguir contando), sino que nos ayudó también a los siete que andábamos de abrazadores. Después de todo, cuando uno abraza también es abrazado. ¿A poco no es bien bonito decir perogrulladas y hacer creer que de verdad hubo un esfuerzo en la reflexión?
Pues sí, estuvo padre. Hay días que me choca tener corazón de pollo...

lunes, 15 de octubre de 2007

El Deporte

Cuando estaba en la prepa, tenía yo una cuenta de correo para mandar mails jodetas y molestar gente; en ese entonces, a mis diecisiete años, se me perdonaba la estupidez: adolescente jodetas, después de todo. Ahora que lo pienso, por esas fechas empezó el gusto por el terrorismo.
Hoy, la Canija pide la amable colaboración de mis seis lectores (aunque sean pocos, bien vale la pena que se sumen) a cometer un acto de contra-terrorismo: resulta que otro jodetas -cuya identidad desconocemos- lleva algún tiempo enviando mensajitos al celular de la susodicha, por demás molestos, y ya nos cayó remal el tío. En tanto no es el primer stalker en la nómina de la susodicha, abrimos la invitación a todo aquél que esté dispuesto a gastarse un mensajito de celular y nos ayude así a enseñarle al jodetas qué se siente el acoso de recibir mensajitos molestos a las ¿tres, cuatro de la madrugada?
Sabemos que la telefonía celular cuesta, motivo por el cual la Canija -mujer de palabra y palabrota- se compromete a compensar con regalitos personalizados a quien se sume a la causa. Para mayores informes sobre los medios para redimir su acto de cooperación, consulten el blog de la susodicha.
Qué bonito es el deporte.