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jueves, 5 de julio de 2012

Addendum

El pueblo perdido: los umikol
Gracias a los disciplinados esfuerzos del estudioso Quelamia Sôther y sus más recientes exploraciones en una tumba doce kilómetros al norte de Haydayn, en fecha reciente llegó a nosotros la fausta noticia de un conjunto de seis pliegos que, con toda seguridad, pertenece a la obra magna de Damac de Jeramow. Nos referimos, claro es, a su Gente del Mundo.
Debido a su capital relevancia, es imperativo para nosotros comunicar al público y la comunidad académica este descubrimiento. Sin embargo, debido a esa misma relevancia, nos es imposible entregar al lector el texto íntegro sin llevar a cabo, previamente, el análisis puntual de este corpus textual que se suma al ya conocido: en más de un sentido, el contenido de estos pliegos –en apariencia inofensivos– podría cambiar no sólo nuestras certezas históricas respecto a la evolución y pulsiones detrás de los conglomerados sociales, sino el devenir que le depara a la sociedad en su conjunto.
En lo que respecta a las pruebas que le permiten a Quelamia Sôther concluir definitivamente que la paternidad de estos pliegos se debe atribuir a Jeramow, el estudioso aduce lo siguiente:
  • Diversas fórmulas lingüísticas se repiten de manera ordenada, siguiendo el mismo patrón que presenta el corpus canónico; e.g. los casos ergativo y absolutivo, de los cuales deriva el significado profundo del nombre de cada pueblo, estableciendo las asociaciones respectivas contra las familias lingüísticas representadas en el documento princeps.
  • La relación de usos y costumbres enuncia el todo por la parte por vía de los títulos; en consecuencia, asumimos la hipótesis de que los últimos fueron sustituidos en favor de términos que abarcaran y concentraran el mayor sentido posible en el sintagma más breve, lo que evidentemente alude a la economía poética del lenguaje[1].
  • Las páginas blancas intercaladas dan fe de la ilustración con grabados de tintas vegetales[2] que se deslavaron a fuerza de tiempo.
  • Las referencias textuales a otros pueblos dan cuenta, al menos, de conocimiento de la Historia.
Merced a estos fundamentos de investigación y comprobación, nos permitimos adelantar, con la cautela y la prudencia correspondientes, una muestra representativa de este nuevo compendio de las civilizaciones fundacionales que –de manera significativa– constituyen la identidad y cosmovisión de la cultura global como la conocemos.
La noticia que tenemos de los umikol, si bien parcial y sesgada, está razonablemente documentada. Mencionados de modo tangencial en diversas crónicas[3], hoy en día podemos derivar conclusiones más sólidas respecto a determinados procesos de constitución cultural contemporáneos, a la luz de las nuevas herramientas metodológicas a nuestra disposición. De esta manera, la contribución de esta nación cobra un cariz renovado, como se verá en las siguientes páginas.


[1] Para mayor referencia, el apéndice (p. 102, nota 2) a nuestra edición de la Gente menciona las hipótesis posibles que se mantienen en los estudios filológicos correspondientes.
[2] Para un estudio más detallado respecto a las prácticas textuales de la época y los materiales convencionales, vid. Olator de Verajona, Buril y tormento: el registro textual y la consignación del conocimiento en las culturas precorpaquianas.
[3] Cfr. Otias de Mankune, Tercer compendio: de la constitución de las naciones amargas y su vocación expansiva. Umbacteno, sin embargo, retrata una sociedad pacata y carente de los rasgos creativos que perfila Mankune. Más adelante, en la elaboración de nuestras notas, se discuten estas posibilidades.

viernes, 24 de febrero de 2012

Hermosas ocupaciones

[Ésos que creo (o quiero creer) que son mis mejores cuentos los escribí mientras leía a los autores que entraron a mi panteón personal, algunas veces en los espacios blancos de las clases en las que comentaba esas lecturas con mis maestros, a veces como tarea para esa materia. Lo cierto, y me es claro, es que el lenguaje mueve al lenguaje: aprendí harto de química mientras leía química y reconozco el discurso de la ciencia en cuanto lo leo, como reconozco la mano de ciertos autores y correctores. Ahora vuelvo a conocer el discurso literario.
Un primer ejercicio de práctica es la imitación: hacer propio el estilo de un grande, para entenderlo, para conocer sus mecanismos, para resquebrajar sus formas, eso que lo constituye una obra de arte literaria; apropiación de esa posibilidad creativa, que no copia, aunque según Alatriste sea muy otra cosa.
Hace poco levanté de nuevo el Manual de literatura fantástica de Borges; ahora tengo las Historias de cronopios y famas. Y mientras me relleno el pecho con esas dos voces, surgen de pronto entradas posibles –mis entradas– a esos extraños catálogos de alguna cosa.]

Qué maravillosa ocupación de todos los rumbos y todas las esquinas, de cada resquicio que ocupas y ahora yo ocupo, de esta silla y esta sala y esta casa y esta calle. Ocuparlo todo: tus camisas, tu plato, esa pera, tu gusto por la música de elevador. Maravilla de tomar por asalto los parques, contando las nubes que penden entre edificios y soplando en colaboración con el viento, agitarte las espaldas con un regusto de limón en los ojos y en un grito, ¡hola!, hacer que desplantes los pies del suelo.
Qué maravillosa ocupación de tu felicidad de poliacrilamidas y 2% de elastano, hecho en Uzbekistán y alta mar. Ocupación de la pantalla en el cine, las etiquetas de cigarros, los murmullos en la radio, el sabor del café por la mañana. Ocupaciones de cada noche después de cada día de tu día cotidiano.
Y con el corazón lleno de voces que no son tuyas, ahora también estás ocupado.

[Cortázar]

martes, 22 de noviembre de 2011

Factotum

10:12
Comienzas la traducción de una encuesta a un importante ejecutivo de relaciones públicas de una farmacéutica trasnacional.

10:32
Dejas en paz al ejecutivo y traduces modificaciones a las políticas financieras de una firma trasnacional de investigación de mercados.

11:49
Entregas las políticas financieras (qué difícil es el inglés de negocios) y traduces las respuestas automáticas que debe arrojar un programa computacional.

13:52
Regresas de la comida (cargando una bolsa de croquetas para gato) y te dispones a continuar con el importante ejecutivo de relaciones públicas.

15:48
Miras con incredulidad el monitor y empiezas a especular: ya sea que el importante ejecutivo no sepa hablar o quien transcribió sus respuestas no sabe escribir, lo cierto es que la traducción se detiene en seco. Después de deliberar el justo proceder, la encargada del proyecto recibe sutil mensaje de que hubiera sido lindo que leyera lo que manda traducir.

16:51
La encargada del proyecto quiere, ahora, que inicies el trabajo casi de cero. Antes de la embolia: chocolate, un vaso largo de agua, amarga queja con el jefe, y apagar la computadora. Mañana saldrá esa traducción (sin adjetivos, más por pereza que por respeto).

20:46
Te quitas por tercera vez al gato de las piernas, que duerme muy cómodo y a sus anchas, pero ya se te entumió la rodilla izquierda y el brazo entero.

21:18
Después de revisar las instrucciones para los autores de una revista académica, comienzas la corrección de un artículo de oncología.

[No sé a qué hora termine, pero sí sé que las lecturas del editor son tan variadas que su versatilidad apendeja.]

viernes, 11 de noviembre de 2011

Una pira roja

Sería una imprecisión decir que postergué la escritura de esta entrada de manera deliberada, cuando en realidad el motivo es que perdí capacidad, confianza, energía y una larga lista de otras cosas. Sin embargo, ya ha pasado suficiente tiempo desde que sucedió lo que narro a continuación; por tanto, cuanto se lea debiera ser exclusivamente lo que resulte relevante a la distancia.

viernes, 14 de octubre de 2011

Una respuesta

No importan las condiciones lamentables en que estoy ("se fue por sus tequilas, ¿verdad joven?", dice el taxista en el camino a esta oficina), hoy me reventaron los ojos. Y no puedo hablar, y no puedo pensar, y no puedo decir: sólo sé que tengo las lágrimas en el pecho.
Hace mucho dijiste que mi regalo de graduación iba a ser esa litografía de Dalí que vimos. Aún me la debes, porque aún te debo un título. Hoy empiezo a cobrar y saldar la deuda:
Supongo que tendré que regresar a Hawaii por lo que es mío.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Suum cuique

Hay algo perverso y magnífico en ver un amor menguante: la pareja que ha resbalado por el mundo con inercia proverbial, declarándose constantemente las proporciones de su amor, con enconado énfasis. Ella camina con los senos inflamados de orgullo (le llama 'amor'), secretamente comenta los planes de la boda con sus amigas, ya presume el vestido y comienza la pugna de las madrinas; y ante todo se dice, convencida, que es incontrovertiblemente feliz. Recorre el mundo de su brazo, miran juntos el atardecer en la ciudad que ella quiso visitar, él la engalana con bisutería fina y cena de vestidos largos. No podrían esconder su felicidad.
Él responde cada vez y siempre con un 'te amo', le besa la frente y los ojos antes de quedarse dormidos, le llama cuatro veces al día en el mismo horario y otras ocho en instantes desperdigados, planea cada fin de semana y busca un regalo por cada mes de aniversario. Entonces gira el rostro y mira sin sigilo a la mesera, a las amigas, a la desconocida al otro lado del bar, a la puta cuyo teléfono relumbra en la pantalla de su teléfono, a la prima de ella que jura no decir nada mientras aprieta las sábanas.
A la mañana siguiente le besa la frente mientras almuerzan. Se preguntan cómo estuvo la noche. Él invoca la reunión con su socio, el plan de trabajo del mes que sigue, el cansancio, la cama temprano. Ella le sonríe, asumiendo al menos un viaje breve en marzo; apura el jugo y percibe, por algún motivo, un dejo de los labios que lamió hasta sentir la barbilla mojada.
Pero el amor pervive. Al menos mientras se lo repitan mutuamente.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Russus

La granada sangra abierta entre las manos. La granada con la piel abierta y derramando el jugo en los dedos, manchando la ropa. El cuchillo corta la piel y sangra la granada. Los granos se asoman, oscuros, coagulados. La piel reposa en el plato. El cuchillo reposa en la piel. La granada se derrama, mancha los dedos. La sangre llega a los labios. La amargura seca la piel de la granada. El tajo llega a los granos y los sangra. La piel cansada, pero colorida y rebosante. La granada sobre el plato se arranca el resto de la piel. El cuchillo se desliza entre la piel de la granada, se hunde, escudriña el jugo y la sangre de la granada, la hace temblar, le arrebata la piel, la cercena, se desliza en el vientre de la granada. Sobre el plato reposan. Y es dulce.

lunes, 11 de octubre de 2010

En perspectiva

Poquísimas veces en tu vida te encuentras en la apremiante, aplastante obligación de leer 350 cuartillas, construir el mapa conceptual de un libro entero, analizar contenidos y categorizarlos, ordenar cabeza (antes, por supuesto, que el libro), preparar edición, buscar cincuenta referencias bibliográficas en línea, cotejar contra las citas en el cuerpo del texto y alimentarte y dormir en algo menos de una semana.
Es lunes; he dormido, en el acumulado de estos dos días, un total de cuatro horas. Mañana tengo una de las juntas más importantes de este año al menos (y vayan ustedes a saber si de más tiempo, a pasado y futuro), hoy por la noche debo entregar dos capítulos completos, el jueves los siguientes dos, el viernes una corrección para uno de mis antiguos clientes, uno de los fieles. Me falta ver detalles de mi más reciente capricho/empresa, un ejercicio de creatividad que exige producción, análisis de presupuestos, selección de materiales, gestión (en algún caso) de derechos de autor. Quizá me encierren en un think-tank y finja atender una cuenta (o dos) de publicidad BTL. Tengo pendientes, por decoro y disciplina, dos entregas; quizá el miércoles deba ir a la universidad a negociar los términos de un convenio.
Es lunes; creo que ayer no comí, salvo una montaña de dulces de ajonjolí, un par de quesadillas y una pera. Hoy salió mi roomie a un viaje que se presume tortuoso; pero sólo el inicio: lo demás suena a aventura. Y mientras se echaba al hombro las maletas, yo balbucía con la taza de café en la mano el 'buen viaje'.
Hacía mucho que no pasaba tanto tiempo sentado, desgranándome la cabeza y los ojos, en la frontera de un colapso; y sin embargo, con una ligereza y calma, alguna alegría de mi propia vida.
No escribo, no estoy produciendo, pero el algoritmo lógico para volver implica perderme en este ejercicio disciplinario durante un par de meses.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Todo resonancia

La cardenchada dura lo que dura el sotol.
–Decir del presentador
I.
Hace cuatro años tuve el impulso de compartir mi reciente descubrimiento del festival Poesía en Voz Alta con una mujer. Sin duda quería que participara de eso que yo disfrutaba entrañablemente, y con esa intención en mente escogí la presentación de Alexis Díaz Pimienta: repentista cubano (ensamble de son de fondo) que improvisaba décimas como si las sacara del bolsillo. Y no siendo suficiente, invitaba al público a tirar el verso que viniera en gana y respondía en "paráfrasis" de octosílabos pareados, sin importar si el verso tirado era un alejandrino.
Sin embargo, los dos actos poéticos que antecedían no tuvieron un grano de la exquisitez de Alexis.

II.
El padre me odió y la madre me despreció por llevar a la mujer (habrá que acotar: contaba entonces 17 años) pasadas las once de la noche. Lo que los padres probablemente jamás supieron es que no vimos completa la presentación de Alexis, que los dos actos anteriores se extendieron lo que les vino en gana y se excedieron en tiempo.
Cuando regresé a casa recibí mensaje de que, en pocas palabras, tenía prohibido verme de nuevo. Y ahí comenzó un conato de debacle que ni siquiera vale mencionar.

III.
Mi reacción fue fincar toda la responsabilidad de esa distancia erigida en los dos sujetos que se extendieron: además de que su trabajo me pareció deplorable (y ni qué hacer si esta aversión a lo posmo se vuelve más recalcitrante según encuentro otras expresiones artísticas posmo, si se pueden calificar tal), a mi entender nada hubiera sucedido de apegarse al programa.
A la distancia, la claridad de las cosas es otra: en lugar de fincar responsabilidad, la trasladé. En un intento por no manchar la integridad de la mujer en cuestión, busqué un chivo expiatorio que la preservara inmaculada. Por supuesto: no podía ella ser responsable de tan infausta situación. Pero a la luz de la distancia, era una proyección metonímica (Barthes) y así levanté un muro de desprecio contra el sujeto P. con tal de no despreciarla a ella por no asumir su responsabilidad en lo que parecía ser una relación.

IV.
Conocemos al director de uno de los centros culturales más importantes de la ciudad, y en un arrebato nos dice que quiere trabajar con nosotros: por fin esa revista de arte cosecha frutos algo menos liminares. Y nos plantea el proyecto y es espléndido, lo que hemos buscado durante mucho tiempo. Hacía mucho tiempo que mi diseñadora y yo no nos ilusionábamos con tanto ahínco.
Entre los muchos otros proyectos que dirige o supervisa quien nos ha invitado, me entero de que el sujeto P. forma parte del consejo consultivo de una escuela de escritura creativa, y por un momento me doblo de ira en la silla: resabios de eso que fue desprecio.

V.
Poesía en Voz Alta inaugura con un slam en el Laboratorio Arte Alameda. Mi roomie, una colombiana con una historia incuestionablemente fascinante (pero que no he de mencionar por respeto y por las implicaciones que tiene este preciso momento histórico en la vida de su familia), trabaja en el Laboratorio. En ocasiones tengo la certeza de que se siente sola en esta ciudad, y el buen samaritano se asoma y es él quien busca la manera de ser lo más cercano a una familia aquí (después de todo vivimos juntos).
– Hay actividades en Casa de Lago. De hecho inauguraron en el Laboratorio.
– Ah, sí: yo estaba ahí, sirviendo cerveza en la barra.

VI.
Pero no puede acompañarme, pues su jefe le pide que le ayude con unas traducciones. Ni modo. Ya tendrá ocasión.
Llego onerosos cincuenta minutos tarde, agitado, esperando escuchar al Grupo Cardenchero de Sapioríz: cuatro hombres de setenta años, últimos ejecutantes de este canto tradicional, a todas luces en vías de extinción. Las canciones prescinden de instrumentación, compuestas para tres voces, de temática eminentemente amorosa. A veces parecidas a un corrido, a veces con algún dejo de bolero, a veces con métricas que se reconocen norteñas, estas canciones decimonónicas son de una languidez y emoción avasallantes: cuando la voz aguda alcanza el tono más alto en su acompañamiento a la principal, la piel se enchina ante la potencia.

VII.
Llego onerosos cincuenta minutos tarde, busco en la oscuridad un asiento libre. Justo a mi izquierda está sentado P. Y el sujeto ya no me provoca aversión tan sólo por ser. Dudo que pueda escucharlo de nuevo y aprecie su trabajo como poeta, pero al menos no lo desprecio.
Como especie de corolario
cuya relación me es clara y sin embargo no puedo decir puntualmente, es tiempo de levantarme y volver a decir, apurar el tequila (a falta de sotol) que descansa en la mesa, aún a riesgo de que el antiinflamatorio pierda efecto y vuelva a colapsar de dolor, recuperar la voluntad y saber que la escritura es ahí donde no estás.


lunes, 9 de agosto de 2010

Call me Ishmael.

For I have lost –for the first time in my life– a book. Last week I was reading again Hawthorne's The Scarlet Letter, which is fascinating, to say the least; I was undoubtedly feeling horrified by Roger Chillingworth, pitied upon Reverend Dimmesdale, at times fascinated and scared before Pearl, and both moved and amazed by Hester's integrity and beauty. And I was delighted, enjoying every word and Hawthorne's tidy prose. Sometimes I even gave it a go and translated a sentence for myself, to hear it resound; I dare believe such is translation's first step and need: feeling the translation for oneself.
But then I received a call while buying my groceries, and I forgot the book in the cart. Rather than anger, I was feeling shame: I couldn't believe I had left behind my book and not notice until past twenty minutes. A search quest in downtown libraries is under plans now.
The next day I picked Melville's Moby-Dick, thinking about keeping the pace and the English reading, quite naively for I wasn't aware about the history behind the novels. I got caught with Moby-Dick some three years ago while reading a literature (mostly poetry) and art magazine: there was a bilingual excerpt of "The Whiteness of the Whale" (chapter 42) which I found almost unreadable due to such an inconsistent and careless translation. Nevertheless, the magazine is still an outstanding piece in my library: it is awful editing, but the compilation and the love behind the effort are beautiful.
On going through the introduction (which I don't normally do: I try to shed light by my own means rather by someone else's effort) I found not only that Melville and Hawthorne were contemporaries, but friends, that they had commented each other, and that Melville (being a most restless man) considered Hawthorne's literature somehow humiliated and stranded to British canonical writings and culture. But most of all, I found this:

IN TOKEN
OF MY ADMIRATION FOR HIS GENIUS,

This Book is Inscribed
TO
NATHANIEL HAWTHORNE

Paul Romano's artwork for Mastodon's Leviathan. Haven't heard it yet. Soon.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ontología

[Pocas veces he escrito algo con rostro de poema cuya dignidad me parezca suficiente. Desempolvando un manojo de archivos, encontré éste; si no me equivoco, recordaba a Rimbaud.]

Soy hecatombe
yo soy la tumba
y la lápida.
Tengo los pies de Atila
y las sienes de Apolo.
A mis pies se quema el suelo
ante mi injuria cae el árbol.

Yo soy la tumba
mis crímenes son banderas
de mis pecados nace ceniza.
Mis crímenes son cantos
y las llamas son mi voz.

Soy hecatombe
el de los brazos de barro
el de las lágrimas de azufre
el de sombra de piedra.

Soy la lápida
sumida en el recuerdo
el insulto de salitre y argamasa
los ladrillos de la idiotez.

Soy la sombra
en la sombra de mi sombra.

Seré desgracia
la mía y la de mi estirpe.
Seré sombra
y conmigo caerá la noche.

viernes, 30 de abril de 2010

Manual pedagógico para un corrector

(No me queda muy en claro por qué no publiqué esto acá… Pero siempre hay tiempo para enmendar [ciertos] errores.)

Es sabido que los correctores de estilo son personas taimadas y carentes de escrúpulos que reiteradamente ponen en evidencia las incapacidades lingüísticas de los autores, pecado grave como otro ninguno. Sin embargo, cabe preguntarse –en atención a tan recurrente y aparentemente inevitable condición suya– los motivos por los que se vuelcan a estos malos vicios, a prácticas tan indecorosas que cualquier individuo de formación y buena cuna encontraría vergonzosas.
La respuesta –evidente, incontrovertible, casi una perogrullada– no radica en ellos mismos, sino en su entorno: comprobando la filosofía de Rousseau, es la editorial la que pervierte la natural bondad de sus empeños.
¿Cómo remediar el mal que causan estos nefandos personajes del universo editorial? Por medio de la educación: una casi sentimental, consistente en hacer responsable al corrector de sus propios actos a fin de que los autores no tengan que sufrir su pedantería.
Este escrito, que atenta y rabiosamente lees, corrector, es más para nuestro beneficio que el tuyo, así que atiende:
• Analiza la editorial a la que pretendes adherirte: ¿es una editorial? ¿O es la división tácita de ventas al servicio del resto del corporativo, o capricho de un Dr. en gastronomía para concertar intercambios con restaurantes de otra alcurnia?
• Analiza al personal de la editorial: ¿son profesionales de la edición con experiencia en el ramo, o licenciados haciendo un servicio social de largo aliento, o especialistas en la materia de trabajo de la publicación en cuestión, pero con profundas lagunas de lenguaje y capacidad de análisis?
• ¿Existe un proceso para seleccionar al personal? ¿Las plazas se postulan a concurso?
• ¿La editorial a la que te adscribes cuenta con una estructura de trabajo y respeta sus procesos de edición? ¿Cuenta con un calendario de trabajo? ¿Atiende puntualmente, o al menos en la medida de lo posible, las fechas estipuladas?
• ¿Es pertinente que la editorial cuente con un manual de estilo? Cabría preguntar si debiera tener un kit de prensa y ventas, pero no es tu responsabilidad supervisar los ingresos derivados de la venta de espacios publicitarios.
• ¿Tiene la editorial un modelo de negocios que le permita solventar su existencia? ¿Es sustentable económicamente? ¿O padece de la ubicua enfermedad de subsistir al día?
• ¿Entienden las cabezas de la editorial que hay otras oportunidades y necesidades de publicación distintas al papel? ¿Conocen y entienden la dinámica de los medios electrónicos? ¿Han planeado la migración o coexistencia de las publicaciones digitales con las físicas? ¿No?
• ¿Están al día con las nuevas herramientas de publicación y gestión editorial?
• ¿Conoce la editorial para quién publica, quién es su lector modelo (por no decir el real)?
• ¿El personal que labora en la publicación es suficiente y cubre las necesidades de ésta?
• ¿El personal conoce el tren de trabajo y comunicación al que deben atenerse? ¿Queda claro a quién debes reportar tus actividades, quién evalúa tus correcciones, quién está autorizado para emitir indicaciones y recomendaciones?
• ¿Están delimitadas las actividades y alcances de cada actor del proceso editorial?
• ¿Llegaste o te buscaron?
• ¿Recibes queja de tu trabajo, o sólo de tu taimada y ofensiva personalidad y carácter hosco, propios de una ardilla de biblioteca con tendencias obsesivas a la lectura y la irrestricta observación a las reglas ortográficas y gramaticales y el sentido común?

Por una cultura editorial que procure su salud y la de los miembros a quienes bajo su guarda cobija.

miércoles, 21 de abril de 2010

Una(s) noticia(s)

A mis muy estimados lectores (los diez):
Hagamos todos como que ahora sí escribí el cuento que debía, sin desviarme demasiado del tema que me pidieron, o que al menos encuentre reparación; y podré decirles con todo el gusto que me quepa en el cuerpo si volvemos a estar en páginas nacionales.
En otros menesteres, lento pero constante estoy copiando los textos que han de conformar en algún futuro una nueva sección de este blog: poéticas personales y coyunturales de los poetas que me gustan (v.g. Ezra Pound, Francis Ponge, William Carlos Williams, Charles Olson). Muy probablemente existan en algún lugar de la red, pero el ejercicio de meter la cabeza en los expedientes de la carrera y husmear las revistas de los estantes tiene su gratificación.

jueves, 8 de abril de 2010

Una grandeza

Salgo de tomar café con un amigo de la preparatoria (uno de los poquísimos a los que aprecio) y darle una opinión sobre la serie de dibujos que está trabajando. Me es extraño, he de admitir, que se me consulte al respecto, si soy crítico literario/editor y no crítico de arte/curador; pero uno va con la mejor intención y voluntad, porque son amigos y alguna vez me involucré con el arte contemporáneo y la publicación de obra artística.
Salgo de tomar café, pues, y tomo el Metrobús. Justo en la caseta de pago se acerca un hombre pulcramente peinado, de saco, sin corbata, el cuello de la camisa arrugado; con este tan pobre olfato alcanzo a oler ron por debajo de una loción dulzona.
– ¿Te puedo pagar la entrada? Uso bien poco esta cosa y no tengo tarjeta.
Pasamos. Me dice que pensó tomar un taxi, pero prefirió el Metrobús por desconfianza, no lo fueran a asaltar; se dirige a la estación de trenes de Buena Vista para tomar el tren suburbano con destino a Izcalli (en la madre…). Me explica que estuvo esperando a alguien que iba a pasar por él, pero ese alguien sigue atrapado en una junta; son ya las once de la noche, y una junta a esa hora me parece sencillamente un crimen, aunque una parte de mis juntas también sea a esas horas.
– ¿Saliendo de la universidad?
– No. Pasé con un amigo para ayudarle con un proyecto –y veladamente insinúo que soy editor y una rama de mi empresa es la consultoría.
– Ya. Pero no importa lo que hagas: la profesión te escoge.
Titubeo, porque no creo en el destino como imposición, pero le dejo hablar.
– Me da coraje el caso de mucha gente. Te voy a regalar las palabras [!!!]: estoy trabajando con un muchacho que me está quedando mal con los tiempos. Pasé a verlo a su oficina y me di cuenta de que le pesó que llegara; me dio excusas y que le pongo su regañada: 'tú eres mejor que el negocio –le digo–, pero si el negocio es más grande que tú, entonces te jodistes [sic]'.
Después habla sobre otros motivos para ese enojo, y los dos coincidimos en que es mucha la gente que está esperando a que el mundo se dé, que les entreguen las cosas resueltas. Otra vez: construcción de destino, decisión, voluntad, esfuerzo y disciplina.
Infiero, por su conversación, que es contador, o quizá abogado. Me explica grosso modo una negociación que cerró: trato de cantina que le redituó por el sencillo hecho de sentar en la misma mesa a dos juegos de amigos. Y después el ejercicio de evasión fiscal que la ley misma permite.
– ¿Cómo te llamas?
– Oliver.
– Ah, Oliver. Como mi hijo. Mi hijo se llama Oliver –y recibe una llamada de la persona que lo va a llevar a Izcalli. Se ponen de acuerdo. Para ese momento ya me había pasado cinco estaciones de la mía, además de que tenía que cambiar de línea. Pero desde el inicio se me antoja que este sujeto –cuyo nombre nunca supe, evidentemente con varios tragos encima, mas guardando compostura y hablando lúcida aunque desordenadamente– puede ser un cliente en otro momento, o algún beneficio puede reportar. Y escucho pacientemente, marcando la Glorieta de Insurgentes como límite para regresar a mi estación (uno nunca sabe lo que puede suceder en esa glorieta).
Me despido con deferencia, me acerco al andén que me corresponde ahora y pienso que, de no haber tomado esa llamada, quizá habría tenido excusa para entregar una tarjeta de presentación.
En la hoja donde tengo las anotaciones de los detalles que falta redondear de la empresa (no pocos, a todas luces, y de esfuerzo mayor algunos) y que cargo en la solapa de la tercera de forros, hago dos notas más: "Eres más grande que el trabajo. Abraza ideas."

jueves, 18 de marzo de 2010

Impasse

Es de sumo difícil pensar con nobleza cuando uno sólo piensa en ganarse la vida.
–Jean-Jacques Rousseau

I.
– Oiga, ¿qué tanto sabe de robótica?
– No, pues no la armo.
– ¿No le entra a una traducción? Mire, le reenvío.
Y recibo por correo una descripción poco precisa del documento; hoy, terminada la traducción, no sé para qué sirve ni cómo funciona el robot.
Nota al pie: en mi tabulador, una traducción de este tipo cuesta casi el doble de lo que nos han de pagar, sin mencionar que mi tiempo de entrega también se duplica.

Ibis.
– Hubiera ido ayer con nosotros por una cerveza.
– No, ni cómo: salí de aquí a las once y media. Pero al menos ya terminé la traducción.
– Le iba a decir, ¿y si le mando las imágenes de mi texto para que las traduzca? A mí ya no me da tiempo.

II.
El jueves pasado.
– Buenas tardes, Oliver. Quería agradecerte todo lo que has hecho con nosotros, pero esta situación ya no se puede sostener. Espero encontrar pronto a alguien tan profesional como tú.
– No entiendo lo que me quieres decir [sí entiendo, pero me chocan los eufemismos en ámbitos que no sean estrictamente literarios].
– ¿Ah, no me entiendes? Pues déjame decírtelo. Ya no podemos trabajar con el desastre de tiempos que tienes. Me dicen que ni siquiera tienes disposición para hacer tu trabajo. No es posible que me detengas la publicación de la revista. Si es necesario, las niñas van a tener que venir el fin de semana, y nadie se va hasta que esa revista esté en la imprenta.
– A ver. Yo le propuse una fecha de entrega a tu diseñadora, y en tanto nadie ha puesto reparo, doy por sentado que la aceptan. Nadie me dijo que necesitaban que entregara en otra fecha ni que les urgía. Por eso le escribí a tu diseñadora para pedirle que me mandara los archivos, y sigo sin recibir respuesta. Por lo demás, el calendario que tengo estipula que debí leer esa revista el 25 de enero, y que tengo cinco días para la tarea.
Silencio. Titubeos.
– Esto no puede estar pasando. En este mismo momento hablo con la diseñadora. En un rato te devuelvo la llamada.
No me llamó. Y me tomó cuatro intentos conseguir una cita para que me dijera que ya no formo parte de esa editorial, debido a que las editoras se quejan amargamente de que mi trato es grosero y prepotente, hasta ofensivo, y mi actitud nefasta. En ningún momento hizo mención a mi trabajo, si no fue para reconocerlo, al punto de poner involuntariamente en evidencia a las editoras.
Podría, en este punto, narrar el exquisito episodio en que me contrataron y las condiciones en que recibí esas revistas, los magnánimos errores de ortografía (los menores respecto al resto de la publicación) que encontré no digamos en una página, sino en un solo encabezado. Pero no: mea culpa, en su debida proporción, y como reflejo de las nefastas actitudes que vi en reiteradas ocasiones, desde mi banca, por parte del resto del personal.

III.
– ¿Y cómo va lo de tu negocio?
– Pues seguimos trabajando en eso, pero estamos trabados con la página de internet. Se me hace que este fin de semana me aplasto con mi diseñadora y no salimos hasta que esté en línea.

IIIbis.
– ¿Entonces sí me echas la mano para organizar la información de mi página?
– Con mucho gusto. Si logré ordernar las ideas de tu maestro y aterrizar todo lo que le estaba revoloteando en la cabeza, contigo llevo un chorro de camino andado.
– Ah, pues nos ponemos de acuerdo y nos vemos un domingo para trabajarlo. Yo pago las caguamas.
– Me parece [me parece porque me representa un trabajo menos grave –no por el estipendio–, porque todo mi esfuerzo consistirá en traducir una nueva versión cuyo original no sufriría modificaciones profundas].
– Híjole, se me había olvidado: este fin de semana me voy a mi casa de Tlayacapan.
– Chin…
– ¿Y si vienes con nosotros y le chambeamos allá?
Dicho: este fin de semana no me aplasto con mi diseñadora. Las revistas en pausa, las empresas en pausa, los impuestos y trámites en pausa. El cuerpo me exige descanso desde hace tiempo, y las circunstancias disponen todo para hacerlo. Observa el signo de tus tiempos, obedece lo que te diga el cuerpo, renuncia de vez en cuando.

viernes, 5 de marzo de 2010

Magisterio

En mi cabeza rondaba una solución más bien modesta –por no decir rotundamente pacata y previsible– para ese cuento que le(me) debo a Eme Equis. Pensaba en un niño recordando sus años de infancia, jugando a las canicas con sus amigos en el recreo y sorteando a las maestras para poder jugar con el PSP del compañerito adinerado; sí, de pronto me suena a Las batallas en el desierto, pero con treinta años de diferencia.
Al margen de querer sorprender a mi lector, intento sorprenderme en la medida de lo posible. En estricto sentido, eso representa una paradoja, pues la sorpresa se asocia por definición con el desconocimiento y la novedad; cuando hay un camino trazado, ese espacio se ve reducido, o al menos acotado por directrices o imágenes. Pero el acto creativo no sorprende al creador por el resultado las más de las veces, sino por el proceso, las decisiones tomadas, la dinámica que exige la materia trabajada (escrita), la extensión del contenido que es la forma (Creeley).
Ayer por la noche, tras aceptar una invitación a cenar con los amigos de mi alumno, escuché una de las historias más trepidantes y no intrínsecamente ficcionales de que tengo memoria. En el momento en que yo narre esa historia pasará a ficción, será una versión de textos que se desarrollan y la tragedia que se convirtió en delirio será exclusivamente eso segundo.
Ah, en definitiva esa clase se está convirtiendo en uno de mis momentos de calma de la semana.

jueves, 7 de enero de 2010

Quizá sí sea el mejor ensayo que escribí.

Satán
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No creo hoy estar de acuerdo con los últimos tres párrafos, y me es evidente que están ahí porque de alguna manera debía relacionar todo lo anterior con una materia de ensayo mexicano (no creo que Miguel sepa del aprecio que le tengo): necesitaría varias páginas más para darles sentido.
En este justo momento, y sin que ustedes puedan ni deban saber mis motivos, sobresalta el primer párrafo. Duden, de cuando en cuando, de la prudencia de leer textos viejos; o al menos tengan la certeza de que es sinónimo de remover no sólo memoria.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Escombros

Interrumpo la interrupción. Caso especial, pues acabo de encontrar la antena de internet que me regalaron.
Después de poco más de un mes de vivir en este departamento, apenas esta semana los libreros tomaron su lugar. Casi todos los libros, incluidos los de más reciente adquisición, salieron de las cajas y ya descansan en las repisas. Las dos cajas con los archivos de la carrera están arrinconadas, los kilos de papel que leí y escribí durante tres años.
En una de ellas debían estar las fotocopias de De fusilamientos de Julio Torri: después de cinco días, una cena de navidad, una visita a la familia y regalos que no esperaba, el enojo que alza la falta de atención al tiempo ajeno se ha calmado. Y a pesar de que recuerdo lo esencial de la cita, los microensayos/microcuentos de Torri saben decir con sobrada puntualidad: ¿para qué reconstruir según mi capricho?
Desaparecieron las fotocopias, o al menos no están en la carpeta en que debían. Y metiche, revisé mi trabajo final a esa materia: orgullo y vanidad aparte, creo que es el mejor ensayo que escribí en la carrera, muy a tono con las divagaciones que aquí se han leído.
Lo he dicho en repetidas ocasiones, y vale la pena repetirlo: si alguna vez fui feliz fue durante esos tres años. Recuerdo el terrible placer que me provocaba la crítica y la teoría literarias. Y comienza de nuevo la diatriba de abandonar de una vez por todas la literatura y arrojarme de lleno contra sierras circulares, caladoras, taladros, lijadoras, madera y clavos o continuar con la furiosa necedad que me insta a seguir trabajando en editoriales en las que no puedo ejercer el pleno de mi pasión.

viernes, 30 de octubre de 2009

Razones para no casarse con un/a corrector/a

• Es obsesivo/a-compulsivo/a y necio/a hasta el hartazgo (el tuyo).
• Quiere trabajar en todas las editoriales del país porque sólo así se publicarían libros, revistas, periódicos y sitios de internet escritos en correcto español.
• Es tu único contacto en MSN que usa mayúsculas y acentos, jamás usa contracciones, no sabe qué es un emoticon e invariablemente te corrige cuando escribes algo mal.
• Si por casualidad dices algo mal, supongamos “mas sin embargo”, inmediatamente levanta la ceja y te mira con algo muy parecido al desprecio.
• Si le dejas una notita de amor pegada en el refrigerador, te la vas a encontrar con garabatos rojos cuando regreses, y encima se va a burlar de ti: “Gracias hamor [sic], eres un/a lindo/a.”
• Dos terceras partes del día las pasa de mal humor y gruñendo porque un autor no sabe usar acentos diacríticos; una fracción la gruñe durante el sueño.
• Le tiene más fe al diccionario de la Real Academia Española que a ti.
• Sabe que existen el Diccionario Panhispánico de Dudas, el Corpus de Referencia del Español Actual y el Corpus Diacrónico del Español, pero no sabe cuándo es tu cumpleaños.
• Aun cuando encontraras un error de ortografía en un texto suyo —como a cualquiera puede sucederle—, encontrará la manera de justificarlo según alguna etimología perdida.
• Posiblemente padece esquizofrenia o sencillamente no tiene gusto literario, pues lo mismo lee panfletos publicitarios que reportes técnicos y artículos científicos.
• Si por casualidad te deja a ti una notita de amor en el refrigerador, en el bote de la basura vas a encontrar —al menos— tres borradores que dicen casi lo mismo.
• Es el/la único/a idiota en la Tierra que sigue usando la diagonal y el sufijo de género, siendo que hay maneras más sencillas de hacerlo, ¿verdad, chic@s?
• Sabe qué es un sufijo y un objeto circunstancial de lugar, pero jamás sabrá explicarte para qué sirven.
• Es más arrogante que necio/a (y ésas son palabras mayores).
• Cuando te manda mensajitos por el celular, a veces necesita tres porque insiste (decíamos que son necios/as) en escribir TODAS las palabras con TODAS sus letras.
• El día en que decida divorciarse de ti (si no lo has hecho tú primero), vas a encontrar una muy extensa carta en la mesa de la cocina, con tal cantidad de rayones y garabatos que no te será claro si te está pidiendo el divorcio o si prefiere que compres otra marca de cereal.
• Enviarte un simple correo le toma un tiempo absurdo: si no lo lee por lo menos tres veces (una lectura de originales, otra de primeras pruebas y la de pruebas finas), no está satisfecho.
• Vive en un estado de paranoia sostenida e invariablemente piensa que se le pasaron varios errores en los textos que entrega.
• Todos, absolutamente todos los libros y revistas de la casa van a tener rayones.
• Antes de haber ordenado siquiera en el restaurante al que te llevó a cenar, la carta habrá sido víctima suya.
• No hay aplicación de Facebook a la que no le ponga reparo o artículo de Wikipedia que no anote en su lista de pendientes.
• Su mejor piropo: "eres más lindo/a que el deleátur."

jueves, 22 de octubre de 2009

In vitro

Scientists and artists start by asking similar questions about the natural world. They just end up with completely different answers.
Luke Jerram
Esto de andar a caballo entre el trabajo y la disciplina agobia. Las epifanías siempre llegan sin preguntar y sin aviso, pero aclaran; esta vez: no es una pérdida de tiempo esta oficina y sus autores, sino un universo recalcitrante que todavía no sé cómo manipular.

(Luke Jerram, Glass Micriobiology. Seed Magazine)