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domingo, 20 de mayo de 2012

Carpe diem

Durante años he dicho que si he sido feliz en algún momento de mi vida fue durante los tres primeros años de la carrera. Fui feliz porque hacía exclusivamente lo que quería hacer en ese momento, y era bueno (soy muy bueno), y por mérito propio me gané el respeto de mis maestros y compañeros.
Pero la felicidad tiene variaciones naturales que a la razón le parecen innaturales. La felicidad tiene fecha de caducidad, y no conserva el mismo rostro por largos periodos. ¿Por qué atribuiremos a la felicidad una correlación con otras personas, con objetos, con situaciones? ¿Depende de un tercero o goza de alguna suerte de autonomía? ¿Somos felices por nosotros mismos o en función de algo o alguien?
Soy feliz porque estás aquí, conmigo. Soy feliz porque compartimos el tiempo y hacemos cosas juntos y nos disponemos a participar en las experiencias del otro. Soy feliz porque estás aquí, porque yo también estoy ahí. Y en esta condición soy capaz, tengo la pulsión de ser algo distinto, algo mejor. Cambiar a favor de nosotros, no solamente de ti o de mí. Entonces puedo proponerme proyectos enormes que requieren una infinidad de mí, porque su alcance me rebasa.
Pero tal es peligroso, porque existe una única fuente de felicidad. ¿Y si se desploma, si un día deja de serlo?
Entonces requiero de una determinación igualmente grande para atajar mi voluntad a pie juntillas, tener la valentía para aceptar eso que quiero y los sacrificios que implica obtenerlo o conservarlo, lo que arriesgo por el simple hecho de merecerlo. Y puedo, claro, negarlo, alejarme antes de que cobre sustancia. No hay riesgo.

Felicidad como granos de pimienta pura, pimienta enterrada, pimienta que no germina, aunque se riega con intención. Felicidad en sombras de árboles. Felicidad que se escabulle apenas se le atisba. Felicidad de la que debo ser responsable, como de mi tristeza, que permito porque asumí ese riesgo.
Queda el recuerdo de la felicidad, su aroma impregnado en la casa.

sábado, 3 de diciembre de 2011

What if

Hay días en que el sol no navega su ruta con calma, y en su desasosiego se olvida de entibiar el aire o iluminar su propio camino. Hay días en que los cardúmenes de nubes se agolpan, indecisos de ser níveos o mudar la piel y teñirse de púrpura y pez. Hay días en que la música decide desplomarse, dejar de cruzar aire y agua, sentarse en un rincón del que no sale. What if the seas refused to wave? Y hay días en que se siente traicionar las convicciones, en que se eleva la esperanza de que exista un cuerpo inmaterial y presencia ultraterrena.
Si las voces de los fantasmas, entonces una conversación. Si las presencias inmateriales, entonces una sonrisa. Si la comunicación con las esferas superiores, entonces tu consejo. Si solamente quien escuchara, entonces todo lo que hoy te haría sonreír y decirme que no desmaye.
Entonces podría invocarte. What if the words could bring you here? Pero sé que no, que traicionar las convicciones es un retroceso que no se puede operar. Sé que no vienes tú, sino mi recuerdo de ti. Sé que no te hablo a ti, sino que me hablo a mí, que me hablo a través de ti, que le hablo a tu recuerdo en mí. Sé que memoria.
Y sé que memoria es palabra y palabra es virtualidad: te nombro en este momento, estás aquí en cuanto te nombro y te veo caminar hacia mí con ese extraño paso marcial, el brazo estirado y las zancadas amplias, imponente, para sentarte a mi lado con la sonrisa afable a pesar del ceño perpetuamente fruncido. Te veo y en mí te veo, en el corte de los ojos, en las manos y los gestos. Te veo a pesar de que no estás aquí. No estás.
Lentamente esto se remueve, puedo, digging now for the feel of something new. Y a pesar de que se anuncia una nueva luz, ni por pienso el día –este día– es más luminoso.

Smashing Pumpkins - Apples + Oranjes from DandyJon on Vimeo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Prospectiva de horas de sueño

Calendario 2012:
1. Trabajo de tiempo completo.
2. Seis materias de universidad (las últimas, por fin, por gusto).
3. Una revista trimestral (redacción, corrección de estilo, edición, lectura de galeras).
4. Gestión de una casa de residencias artísticas.
5. Corrección de cinco a seis artículos semanales para una revista de arte de Miami.
6. Imposible decir cuántos trabajos de mis científicos (pero quizá uno cada dos meses).
7. Vida cotidiana.

Suma = menos de lo necesario

viernes, 14 de octubre de 2011

Una respuesta

No importan las condiciones lamentables en que estoy ("se fue por sus tequilas, ¿verdad joven?", dice el taxista en el camino a esta oficina), hoy me reventaron los ojos. Y no puedo hablar, y no puedo pensar, y no puedo decir: sólo sé que tengo las lágrimas en el pecho.
Hace mucho dijiste que mi regalo de graduación iba a ser esa litografía de Dalí que vimos. Aún me la debes, porque aún te debo un título. Hoy empiezo a cobrar y saldar la deuda:
Supongo que tendré que regresar a Hawaii por lo que es mío.

miércoles, 8 de junio de 2011

Undoubtedly

¿Qué quiere decir "pensar en alguien"? Quiere decir: olvidarlo (sin olvido no hay vida posible) y despertar a menudo de ese olvido. Muchas cosas, por asociación, te recuerdan en mi discurso. "Pensar en ti" no quiere decir otra cosa que esa metonimia. Puesto que, en sí, ese pensamiento está vacío: no te pienso; simplemente, te hago aparecer (en la misma medida en que te olvido).
–Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso

Hace mucho no platicamos. Al menos no así, in extenso, con mucho que decir. Pero he perdido la cuenta de las cosas que han sucedido, también de las que valdría la pena alguna mención; probablemente olvide algo: sobrevivirá sólo lo que en verdad sea significativo.
Terminé a finales del año pasado (sí, ya mucho tiempo ha) dos libros que en verdad me gustaron; no pude moverme los días siguientes, tal era el cansancio, pero esos dos tienen un brillo especial en mi currículo. Y los menciono a la primera excusa, para hacer alarde de ellos (de mí), para sentir que el esfuerzo y el tiempo que le he dedicado a la edición tienen un peso específico y palpable.
Después siguió un periodo extraño como pocos: sigo sin entender por qué, pero me pidieron que revisara el plan de estudios de una licenciatura en gestión cultural, y que escribiera el programa de ocho materias. Yo, que no he terminado la carrera, que sé eminentemente de literatura y esencialmente nada de gestión cultural o periodismo o comunicación, que no tengo elementos para decir con solvencia si un plan de estudios es adecuado o no. Vamos, es una responsabilidad seria: de una u otra manera, el futuro de un puñado de personas estaba en mis manos. Pero lo hice, con toda la dignidad que pude y la ayuda de muchos amigos que tenían más en claro qué debía hacer.
En el lapso fui a Hermosillo, a ver a Cindy, a madre, a los niños. Especialmente iba a ver a Yarehd, para qué decirlo de otra manera. Cindy me contaba cada semana cómo iban los preparativos de la fiesta, el vestido, los amigos, cómo controlar a la tropa de adolescentes… El día de la fiesta fui a la playa: la última vez que pisé arena fue contigo, hace seis años; estaba pasmado, el mar frío y tranquilo frente a mí, el cielo nublado, el día apenas tibio a mediados de enero en el desierto. Apenas escuchaba lo que me decían. Recordaba las tardes en casa de Lorraine, la morena amarilla que vivía bajo la piedra frente al barandal, la arena gruesa, las cervezas y las discusiones hasta tarde. Y mientras todo eso se revolvía, me hablaban y me preguntaban qué me parecía el paisaje, por qué no decía nada.
Ya en la fiesta, me sentía alejado de todo: los poquísimos adultos estaban ocupados en cuidar que los adolescentes no metieran de contrabando una botella de ron, o se dedicaban a tomar una cerveza que escondían celosamente. Nadie con quien conversar. En toda honestidad, pasé un mal rato: su gusto musical es, por lo menos, irritante. Pero qué importaba si Yarehd se veía hermosa, si la niña de quince años se estaba robando la fiesta entera, si disfrutaba cada canción y bailaba como si nada más importara.
También en ese lapso decidí (me vi obligado) a compartir la casa. Por fortuna la primera chica que llegó es extraordinaria persona, con una historia de vida que abrumaría a casi toda la gente que conozco. Madura, sensata, razonable. Sé de cierto que si no me hubiera relacionado tan limpia y apaciblemente con ella, mi humor sería todavía más violento. Los dos padecíamos una soledad terrible, y ahora, a la distancia, nos hacemos compañía con conversaciones en las que constantemente nos damos ánimos.
Ahora comparto la casa con una sommelier. Me sorprende la claridad de sus ideas y sus decisiones, su madurez, su cordialidad. Le pedí una botella de aquel licor de whiskey que nos tomamos hace unos años; no hay en la tienda en que trabaja, pero me dice que de buena gana me traería una en julio, cuando regrese de Londres. Quería tomarme un vaso hoy, contigo; tendrá que esperar.
El trabajo volvió. Hacía casi un año que no estaba formalmente empleado, y de pronto cayó una oferta, justo cuando empezaba a desesperarme. De nuevo camisa y pantalón de vestir, pero traducir, el solo acto, compensaba ésa y otras incomodidades, como la soberbia idiota de los muchos mercadólogos que me exigían un inglés prístino muy a pesar de su español lamentable. Y traducir, trabajar el lenguaje de otra manera, trabajar el lenguaje mismo.
Después se me anunció otra vuelta a la forma: "Ven, te invito a un proyecto editorial en el que vas a aprender mucho." Admito que lo dudé, pero el sentido común dice que la única manera de devorar mi pasión es no soltarla. Así que de nuevo estoy haciendo libros; unos que me parecen terribles, que no disfruto, que me dan vergüenza (al menos uno), que me hastían. Quiero pensar que una manera de crecer como editor es trabajando libros que no me gustan, conocer sus particularidades; fuera de eso, me cuesta encontrar ese aprendizaje que me prometieron.
Por regla general, consulté contigo muchas de mis decisiones: quizá no siempre me diste el mejor consejo, pero siempre vertiste alguna luz sobre esas dudas, sobre el mejor resultado posible. Y en esto hubiera querido a mi mentor conmigo: me preguntaba (pregunto) cuál sería tu opinión, qué me dirías, cuál sería tu sugerencia a partir de tu experiencia, qué anécdota me contarías.
No sabes de ella –al menos no por mí–, pero una mujer llegó. No recuerdo que alguien me haya querido así: desde el principio me ha procurado, me ha cumplido caprichos varios, me ha tolerado en mis momentos exasperantes, y sigue ahí. Es hermosa en muchos sentidos, es puntillosamente detallista y atenta, es sumamente inteligente (aunque a veces se rehúsa a creerlo). No conoce el alcance de su influencia en mi persona: puedo relacionarme un poco más con una mujer, procurar su felicidad y ver en eso algo de la mía, entiendo que el veneno de mi voluntad y de mi ira han alejado a mucha gente, hay una brizna de calma.
Me avergüenza no quererla, o no en la misma medida que ella, a pesar de que lo he intentado tantas veces. Recordó tu cumpleaños, sin que yo dijera nada en las semanas pasadas. “Me tomo la licencia (disculpa por eso) de felicitar a quien cimentó a ese hombre que eres ahora.” No podrías decirme que no es una mujer magnífica.
Ya ves (lo sabes, siempre) que mi vida es parca, que se parece en mucho a la tuya. Hay tanto en lo que te reconozco. Las metonimias se enciman, desde el espejo hasta la ira y la voz ronca, en las manías y los gustos. Es ausencia imposible, si el referente pervive en tantos espacios que se llenan sin siquiera evocar, que se llenan de manera incompleta.
En el corazón de todo eso es difícil no pensarte. Sé que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás (Barthes de nuevo), pero ésta es la necesidad de conversar contigo.


[Ustedes disculparán, pero esta conversación es exclusivamente de dos.]

domingo, 17 de abril de 2011

Una dinámica

Es cierto que se dejan de hacer ciertos libros. Sin embargo, tal no quiere decir que se dejen de hacer libros, o que uno no quiera seguir haciendo libros.
Suponiendo que no conozcan Ars Electronica, baste decir que es el festival de artes electrónicas (duh) más importante y de más añeja historia en el mundo. Vamos, el que entra a la selección oficial de verdad sabe manipular nuevas tecnologías y objetos digitales.
En el marco del Festival de México el año pasado, Ars Electronica tuvo presencia con una selección internacional que, ahora, me parece arrebatadora (bueno, casi toda). Disculparán si voy un año tarde, pero lo cierto es que apenas en octubre supe realmente lo que sucedió, y sólo hasta hace relativamente poco tengo una razón de peso para entrar en materia.
La tarea fue descomunal: el catálogo es trilingüe, con textos densos y un montón de gente trabajando en traducciones y lecturas. Medie la aclaración, mi participación no estuvo en la edición, sino sólo en la corrección del inglés; lo que no quiere decir que no fuera descomunal para mí también: cuando terminé, sentí los brazos entumidos durante tres días.
Pero aquí está mi ejemplar y me rebosa el orgullo cada vez que lo repaso.



miércoles, 26 de enero de 2011

Un banco de arena

La última vez que pisé una playa fue en el verano de 2004, justo después de varios malos momentos. Lo que ha seguido se resume en trabajo y poco tiempo libre; también poca voluntad.
El sábado, por intempestiva iniciativa del primo de mi cuñado, aparecimos en la Bahía de Kino con tres cervezas bajo la mano. No recuerdo cuándo fue la última vez que comí ostiones frescos, o pata de mula, o jaibas en su concha; pero sí recuerdo la última vez que pisé una playa, y acompañado de quien. Y ese recuerdo navegaba el instante, mi relación con una playa que no conocía.
El agua era incómodamente fría, no cargábamos toallas con nosotros (sólo tres cervezas), no era clima para nadar en el mar: el sol era plácido, pero había familias en chamarra. No era ocasión de nadar —al menos para aflojar por fin el cuerpo después de tanto tiempo de tensión y trabajo y entregas y dolor—; a pesar de alguna necedad de lanzarme, sólo pude meter las piernas hasta las rodillas y mirar mis pies hundidos en la arena.
Si me paro en cierto lugar, este viaje fue mala idea; si doy un paso, es lo más prudente y correcto en mucho tiempo.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los demonios

I.
Pasada la medianoche de ayer caí en cuenta de qué día es hoy. "No desmayes" me dijiste un día en que ambos estábamos en condición precaria; desde hace dos meses es frase que trato de grabarme en los brazos para tenerla presente, cerca del corazón: no desmayes, no te rindas, no ceses, pues el trabajo es apenas la sombra de todo lo que debes hacer, apenas una fracción del esfuerzo.
Y sin embargo he caído, en términos reales y no retóricos, rendido ante el cansancio, el momento, el panorama, el día de hoy, y especialmente el de ayer; hay quien dice que también ante ti. Quizá sea cierto y me esté empecinando en hundirlo todo.
Tu cumpleaños fue amargo, el día fue el más espeso, y la turbulencia ingente. Hoy no. Es factible considerar que mi atención está empantanada con las reflexiones de filósofos soberbios y artistas en el vértigo de sus procesos creativos. No recuerdo un momento en que el cansancio se tradujera en dolor crudo.

II.
La extravagancia del título me llevó a leer un artículo de física en Nature. Demonología por una parte; la física al otro lado. La curiosidad.
¿Saber qué? ¿De dónde obtener energía o los medios para transformarla? La segunda ley de la termodinámica cobra sentido ontológico cuando la definición de 'sistema' se considera en términos orgánicos. Tuve que escribirla inmediatamente, para tenerla como recordatorio y mirar el sistema en su conjunto, a la distancia, y modificarlo.

III.
Efectivamente el día ha sido más ligero que en otras ocasiones. Si me aficioné al jazz hace tiempo es debido a ti, y ahora es más llevadero el día.

lunes, 11 de octubre de 2010

En perspectiva

Poquísimas veces en tu vida te encuentras en la apremiante, aplastante obligación de leer 350 cuartillas, construir el mapa conceptual de un libro entero, analizar contenidos y categorizarlos, ordenar cabeza (antes, por supuesto, que el libro), preparar edición, buscar cincuenta referencias bibliográficas en línea, cotejar contra las citas en el cuerpo del texto y alimentarte y dormir en algo menos de una semana.
Es lunes; he dormido, en el acumulado de estos dos días, un total de cuatro horas. Mañana tengo una de las juntas más importantes de este año al menos (y vayan ustedes a saber si de más tiempo, a pasado y futuro), hoy por la noche debo entregar dos capítulos completos, el jueves los siguientes dos, el viernes una corrección para uno de mis antiguos clientes, uno de los fieles. Me falta ver detalles de mi más reciente capricho/empresa, un ejercicio de creatividad que exige producción, análisis de presupuestos, selección de materiales, gestión (en algún caso) de derechos de autor. Quizá me encierren en un think-tank y finja atender una cuenta (o dos) de publicidad BTL. Tengo pendientes, por decoro y disciplina, dos entregas; quizá el miércoles deba ir a la universidad a negociar los términos de un convenio.
Es lunes; creo que ayer no comí, salvo una montaña de dulces de ajonjolí, un par de quesadillas y una pera. Hoy salió mi roomie a un viaje que se presume tortuoso; pero sólo el inicio: lo demás suena a aventura. Y mientras se echaba al hombro las maletas, yo balbucía con la taza de café en la mano el 'buen viaje'.
Hacía mucho que no pasaba tanto tiempo sentado, desgranándome la cabeza y los ojos, en la frontera de un colapso; y sin embargo, con una ligereza y calma, alguna alegría de mi propia vida.
No escribo, no estoy produciendo, pero el algoritmo lógico para volver implica perderme en este ejercicio disciplinario durante un par de meses.

martes, 17 de agosto de 2010

La higuera y el olivo

¿No es Alá el más sabio de los jueces?
Surah 95
I.
De regreso a casa encuentro en la entrada de metro Miguel Ángel de Quevedo a un vendedor de higos. Sin pensarlo un instante le compro una bolsa. "Joven –me dice apenas sigo mi camino–, tome: llévese su pilón" y guarda un higo más en la bolsa. Apenas puedo agradecerle debidamente y desearle buena noche.

II.
Cuando éramos niños, mi abuela nos pedía a mis primos y a mí que subiéramos a la higuera y cortáramos todos los higos maduros. Algunos estaban comidos por los pájaros, otros por las hormigas, y sólo algunos se veían limpios.
Bajábamos del árbol con una canasta cargada y las manos negras de savia gomosa y polvo. El patio de mi abuela, a pesar de la multitud de frutas y flores (perones, papayas, melones, la higuera, el descomunal olivo de los vecinos, y no recuerdo cuántos más), era un terruño polvoriento y árido en su mayoría. Recuerdo los higos más dulces que he comido, muchos de tamaño generoso; los abría y minuciosamente (obsesiva, neuróticamente) comía cada filamento rojo por separado, con ese poderoso perfume hundido hasta la garganta.
A la fecha me detengo junto a una pequeña higuera en mi camino al supermercado, tan sólo para oler las hojas; pronto dejaré de hacerlo, pues el metrobús de Cuauhtémoc arrancará todos los árboles de ese lado de la calle.

III.
Justo frente a la ventana de mi salón de la secundaria había una higuera como la del jardín de mi abuela. Pasé muchas horas sentado a su sombra; no recuerdo haber percibido su aroma en todo ese año.

IV.
He perdido la cuenta de la última vez que visité la casa de mi abuela. Si no me equivoco, pasan ya los cinco años.
Punto nodal para mi familia en Tijuana y San Diego, los fines de semana hervía de gente y voces. Navidad era un escándalo de regalos para los treinta y tantos nietos y once hijos (más las consabidas parejas), que hacían un lago de ¿dos metros? alrededor del árbol. No había mesa suficiente para sentar a tantas personas, aunque no sorprendía que sobrara comida como para que cada uno llevara lo suficiente para el día siguiente.
La casa de la abuela, por extensión, era el refugio de quienes llegaran de vacaciones a Tijuana o sencillamente no pudieran pagar una renta. El patio era un reto de supervivencia, ya por el intolerable calor de verano, ya por los juegos de infancia. Por otra parte, podíamos cortar toda la fruta que quisiéramos siempre y cuando avisáramos, pero teníamos prohibido jugar en el jardín: a nadie le gustaba la idea de que arruináramos las plantas.

V.
En la higuera y el olivo anidan los recuerdos. En la higuera y el olivo descansa el hombre de obras correctas.

miércoles, 7 de julio de 2010

Un golfo

A la luz de las tormentas en el noreste del país, relumbran en mi cabeza un documental del Discovery Channel y una reflexión. La relación es incómodamente estrecha, aunque no se note a primera vista.
Tomando como tema el derrame petrolero en el Golfo de México, el Discovery Channel hacía una revisión cronológica de los hechos más relevantes, los intentos fallidos de British Petroleum para detener la fuga y clausurar el pozo, el impacto que tendrá en el ecosistema y las playas cercanas, las soluciones que se plantean. En entrevista a los habitantes de las playas más inmediatamente afectadas, un pescador se preguntaba cómo era posible que los desarrollos tecnológicos les permitieran poner en órbita una nave espacial o explorar Marte con robots y no pudieran detener una fuga en un pozo petrolero en el mar.
Habría que hacer algunas consideraciones al respecto. Por principio de cuentas, los grandes avances de la ciencia y la técnica no tratan con la vida: si mucho, la vida se considera y estudia como materia, con los objetos y entes que la constituyen, pero no en sus mecanismos. Un robot en Marte es, en esencia, una extensión del laboratorio, un conjunto de algoritmos, un desarrollo de ingeniería puesto en condiciones analizadas y estudiadas en el marco de amplios proyectos de investigación. Y si el robot se destroza en el aterrizaje o se jode el módulo de las baterías solares, la pérdida se traduce en cientos o miles de millones de dólares y sabrán los dioses cuántas horas de trabajo.
El caso aquí es exponencialmente más complejo: un ecosistema es (valga la bruta redundancia) un sistema compuesto, no lineal y multidimensional donde intervienen variables de muy diversos tipos. Algo tan nimio, por vida de dios, como el aumento de medio grado centígrado en la temperatura media del agua puede dar al traste con una cantidad todavía inconmensurable de especies biológicas. No queda en claro, por poner un ejemplo, cómo o cuánto pueden afectar los biosurfactantes que se podrían utilizar para remediar sistemas contaminados con petróleo y sus derivados: contrario a calcular la presión que debe resistir el robot en el amartizaje, que es cosa de un instante, los cálculos y proyecciones que se relacionan con un ecosistema tienen que considerar la evolución en periodos mucho más distendidos.
Por otra parte, y haciendo honor a la verdad, se dice fácil "sepulta el pozo con concreto"; pero una columna de agua de 1,500 m es un reto brutal. Vamos: la estructura de los objetos se comporta de muy otra manera bajo esa presión (no tengo que dar una clase de física aquí). Es un milagro de ingeniería perforar un pozo a esa profundidad, y es un milagro más grande el que tendrán que hacer para sellarlo y después reparar los daños biológicos que deriven.
Y lamentablemente no faltan las sugerencias estúpidas, motivadas exactamente por los mismos criterios que dieron pie a la perforación del pozo, con la misma falta de consideración al impacto ulterior que pudieran tener en el entorno. "[A nuclear explosion] is worth the money"; holy shit... As if planning a nuclear explosion with a very defined end were so bloody easy and took so little time (the estimate ranges from four to six months).
Es cierto, por una parte, que en este comentario hago una reducción simplista de la complejidad que implica poner un objeto en órbita, por no mencionar un robot en otro planeta; sin embargo, no creo que haya poder humano que me haga creer que eso es más difícil o elaborado que el desarrollo de la vida en cualquier entorno o su sustento en un periodo cualquiera. Aunque me choca caer en discursos manidos como lo terrible y nociva que es la actividad antrópica para con su entorno, no deja de abrumarme que la atención global se enfoque casi exclusivamente en el Mundial de futbol y en un pulpo que predice el futuro (!!), cuando asuntos mucho más apremiantes –como el derrame en el Golfo o las tormentas que azotan el noreste del país– debieran arrastrar toda la luz posible.
Con el corazón en la mano lo pregunto: si alguien sabe cómo puede ayudar quien está muy lejos de la costa y que carece de los conocimientos técnicos necesarios para presentar una propuesta, por favor digan cómo.

Imagen: NASA/MODIS Rapid Response Team
(Nomás como dato curioso: pocas cosas se ven desde el espacio exterior.)

miércoles, 30 de junio de 2010

Un susurro

There was always a prophetic instinct, a low whisper in my ear, that within no long period, and whenever a new change of custom should be essential to my good, change would come.
–Nathaniel Hawthorne, "The Custom-House"
Hoy termina un cambio. Hoy comienza un cambio. Siempre ha sido así, siempre a mejor, siempre sucedáneo y sin pausa, y sin que sea evidente en modo alguno, siempre mirando hacia donde debo estar y no donde he caído.
Haciendo eco de la historia, Nathaniel Hawthorne pasó tres años en una oficina de gobierno, donde comenzó a gestarse lo que eventualmente sería The Scarlet Letter; consideró renunciar en varias ocasiones, consciente de que la oficina mermaba cualquier capacidad creativa suya, pero un cambio de gobierno le ahorró la molestia. Después todo se volvería ceniza, todo se desvaneció –en el curso de seis meses– en la bruma de la memoria.
Conmigo se va lo que aprendí, las iluminaciones de todos los espacios vacíos que nadie parece tener en consideración, los proyectos que les arrebato a los parsimoniosos que no se ven la nariz, el currículo crecido. ¿Y quién puede hincarme en juicio?
Providence had meditated better things for me than I could possibly imagine for myself.

martes, 8 de junio de 2010

sábado, 14 de noviembre de 2009

Cómo saber...

si el lugar donde vives es el correcto.
Haces una mudanza, la quinta en tres años. Tu casa vive en cajas: libros, comida, artículos personales, utensilios de cocina, todo está empacado y esperando a que tengas tiempo y recursos para darles orden.
Te pasas el día recorriendo la casa, pensando cómo acomodar, dónde construir, dónde colgar los cuadros. Te pasas el día, esencialmente, haciendo nada; cuando más, lavas la ropa y el par de platos que estás usando.
Has hecho una mudanza; la quinta, decíamos. Reparas que de todos los locales que ocupan la planta baja, la tienda de parafernalia de los Beatles es más interesante que la papelería y la taquería. Dispuesto a atender los menesteres de casa, te quitas de encima al gato y subes a recoger la ropa que tendiste al sol. Comienza el frío de la tarde; piensas en voz alta (casi en cuello), rumias tus pensamientos, sin caer en la trampa de recordar los amargos.
Destiendes las camisas, y empiezas a doblar las sábanas cuando escuchas el graznido. Levantas la mirada y distingues un ave mayor posada en la antena de radiotelefonía que corona tu edificio. Miras de nuevo y cuentas cuatro; miras con atención y reconoces por fin a cuatro halcones pequeños, saltando entre las estructuras de la antena.
Te reconocen a ti también; saben que estás ahí, y no importa. Sientes la tentación de escalar los doce metros de hierro y mirarlos de cerca: una idea estúpida. Sigues mirándolos, con el pecho alzado y súbitamente recordando la lección más grande de tu padre: nunca pierdas tu capacidad de sorpresa. Y ya desde antes se te escurrían las lágrimas por el rostro. Y tiemblas.
Levantan el vuelo, uno a uno. Trazan rumbo hacia el oriente, y los ves perderse sobre los árboles. La ropa podría quedarse prendida de los cordeles toda la noche.

martes, 20 de octubre de 2009

A quien honor merece

Rentar un departamento, al menos en esta ciudad, es situación delicada, pues implica confianza por parte de arrendadores, arrendatarios, y especialmente avales. Otrora viví con dos indeseables que estuvieron a nada de arruinar mi relación con la familia de mi mejor amigo: se tomaron la elegancia de dejar de pagar la renta de un departamento, y las acciones legales que derivaron por poco le cuestan el patrimonio a una familia. Otro de los muchos motivos que tengo para despreciarlos.
Hoy le pedí al Dr. Rafael Villalobos Pietrini, fundador de nosécuántos centros de investigación en este país, de la Facultad de Biología de la Universidad Autónoma de Veracruz, autor de una miríada de artículos académicos y libros de texto, editor en jefe de la Revista Internacional de Contaminación Ambiental y, por tanto, su figura de mayor autoridad, y por encima de todo eso, la persona a quien más respeto en este centro de investigación, que fungiera como mi aval en el departamento que estoy próximo a tomar.
Sin chistar ni preguntar detalle, me ofreció su apoyo inmediatamente. Sentí un nudo en la garganta cuando respondió que lo haría de buen grado. Corre la historia que solía ser un hombre tanto o más amargo, hosco y obsesionado con su trabajo que yo, y que una cirugía a corazón abierto cambió radicalmente su manera de ser; en más de dos años, he visto exclusivamente a un cándido y cortés caballero de setenta años.
Hay gente a la que se le habla de usted por respeto, no por atención a las normas de etiqueta o para con el título académico.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Una distracción

Supongamos que hago un ejercicio descomunal y se me olvida que hoy estoy odiando al género humano enterito (o quizá sólo 98 centésimas partes); supongamos que al fondo de este saco de bilis y rabia y tripas hay una pulsión creativa capaz de omitir o -en el mejor de los casos- hacer uso de mis odios; supongamos que todos somos capaces de decir, bajo la insinuación velada o la declaración abierta, eso que revolotea en la cabeza; supongamos que alguien más, que leyó desesperadamente Momo, una y otra vez, les presta esa atención y escucha sobrias.
Supongamos que, después de mucho tiempo, por fin tengo un personaje a quien escribir, pero no lo conozco; sin embargo, las lectoras de este blog sí. Si los (dos) lectores gustan participar, hagan las variaciones que les resulten pertinentes.
Imaginemos un idilio: sueñan con el hombre de sus sueños; por tanto, sueñan que sueñan. Sueñan en un lugar atestado de gente, ruidoso, donde todos y todo lo demás tiene un rostro sin importancia. Sueñan en un espacio amplio, no abierto; entonces resulta que ahí en algún lugar está ése, el que han soñado ni siquiera saben ya cuántas veces.
De alguna manera tendrán que reconocerlo, así que ése requiere una entidad: un aspecto físico, un gusto musical, una profesión y hábitos y entretenimientos, odios, vestimenta, defectos que construyen personas, cualidades, manías. ¿Qué tiene ése que no han tenido los otros, que debieron tener o ser o entender?
Saturen [ajá...] los comentarios de sustantivos y adjetivos; tres mil puntos a la descripción que rellene la cara de ése que estoy escribiendo yo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mudando hábitos

Uno abre los ojos por la mañana; el gato, por regla general, puede estar acurrucado a una distancia conveniente de la cara para estirar la pata y rozar la nariz pidiendo comida, o sencillamente echado sobre el pecho, ronroneando y mullendo, también pidiendo comida. Lo usual es levantarse mascullando, decirles a los niños "cómo joden" de tanto maullido hambriento (a pesar de que quedan suficientes croquetas en los platos como para el día de hoy), servir una taza de harina de pescado y otros residuos orgánicos comprimidos en figuritas de colores.
Lo usual, a últimas fechas, es esperar a que se encienda la bomba y fluya agua suficiente para tomar un baño y hacer otros menesteres de la casa, gruñir por el estado de los servicios, contar los días que faltan para que termine mi contrato, despreciar a mis vecinos, y a casi todo el género humano. A últimas fechas, cada dos días, yazgo en horizontal: cinco series de lagartijas (falta masa para cobrar fuerza); bebo en ayunas jugo de limón, uno más cada día, seguido de dos rebanadas de pan; leo una antología de Kipling y me digo que dos páginas suyas valen más que la espantosa novela de Ricardo Piglia que no quemé el mes pasado sólo por disciplina (y porque no es mío el ejemplar), que quisiera dolorosamente dominar ese estilo tan pulcro y preciso que no puedo asociar con El libro de la selva de Disney.
Es cotidiano que llegue a la oficina entre una y dos horas tarde, y que me vaya al menos tres después de mi "hora de salida." Es de lo más normal que consuma mi tiempo en actividades que nada tienen que ver con científicos locos ni gastronomía ni bodas y los textos de todos ellos, ya porque no tengo ni tantitas ganas de hacer algo "productivo", ya porque me han hartado y les iría peor si los leo de muy malas.
Es perfectamente normal que piense las palabras de estos posts, a veces con días de antelación; es terriblemente normal que no pueda escribir lo que pensé, lo que quise decir.
"Un cambio de hábitos a veces es bueno. [...] Mando una sonrisa grande que dure todo el día."
Es inusual que una sonrisa persista, que yo esté de humor razonable, que no tenga el ceño fruncido, que tenga disposición después de un largo momento que secuestró todas mis funciones.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

He ahí la cuestión

Por fin tomando un curso de Open Journal Systems -parte del Public Knowledge Project-, en virtud de que desde que entré a trabajar a esta revista se tiene el proyecto de utilizar la aplicación para administrar el proceso editorial. La verdad es que echar a andar OJS es proceso largo, rara vez complejo, locamente laborioso, y si no se cuenta con un departamento de cómputo que entienda cómo carajos hacer que funcione el servidor con Apache y que MySQL de verdad conforme la base de datos, no es recomendable jugar al editor del S. XXI.
El proyecto (disfruten del chisme/adelanto) tiene el fin de consolidar algo llamado "ego puma"; v.g. buscar rutas que coloquen a la H. Universidad Nacional Autónoma de México en mejores puestos dentro del ranking mundial. Una de las principales es darle mayor visibilidad y factor de impacto de las publicaciones académicas, su indización en ISI Web of Knowledge y Scopus, y dicho en poquísimas palabras, índices bibliométricos cada vez más altos que reflejen el alto nivel de la investigación que se realiza en casa. OJS, en tanto gestor de contenidos editoriales, pensado específicamente para publicaciones académicas, desarrollado por editores que apuestan por el libre acceso a las investigaciones recientes (muera el celo y la administración capitalista del conocimiento), cumple la función de eficientar y dar seguimiento a los procesos editoriales; eso, toda proporción guardada, ha sido mi función en esta revista desde hace ya dos años.
La tendencia "natural" que siguen las publicaciones (de cualquier corte) es la vía digital, aun cuando es estricto sentido es antinatural; el acceso en línea a cantidades insospechadas de información, de absolutamente todos los temas, permite la democratización que durante siglos ha sido meramente una ilusión. Si Leonardo fue El Gran Leonardo se debe a que tenía acceso a una biblioteca descomunal (en su momento) y pudo integrar y derivar ese conocimiento en aplicaciones que sobrepasaban a la información cruda.
Todo esta divagación se debe a que hoy me pasaron la siguiente nota, publicada en Facebook (ah, qué Web 2.0 soy [ajá...]) por Brena Smith, o eso creo, porque en realidad está almacenada en la cuenta de la biblioteca de CalArts y no encuentro quien la firme. Copio verbatim, así que los errores que le encuentren vienen de la fuente.
To Kindle or not to Kindle
I love books. I love all kinds of books - fiction, nonfiction, old books, new books (and sometimes even trashy books)...I love the printed page. I can't edit my writing on a computer, I have to print it out to make my edits. Despite all of the wonderful digital content available through various databases that I access regularly, I print it all out when I settle in to read. I often read when I eat. I normally read for at least a little bit before I fall asleep. If I were to add up all of the hours and days of my life that have disappeared into books, it would be...umm, a lot of time.

To my dismay, over the past several years there have been many commentators who state that the printed book is suffering a serious illness. The book is not not necessarily on its death bed, but sick. Very, very sick.

Unless you've been hiding under a rock, then you know the world of print publishing is changing. The print world is in decline, there's no way around it, there's no argument. Print publishing as everyone 30 and older has known it is going away. (Mr. Guttenberg is rolling over in his grave right now).

I follow the issues related to publishing very closely. It's part of my job as a librarian. Issues around publishing are very important to my profession because it directly impacts our libraries' collections and peoples' access to information. It is also important to my patrons, which include - because I am an academic librarian - college students and teaching faculty. Publishing is extremely important to the job security of many teaching faculty and can, in fact, make or break the careers of faculty members. What will they do if publishers cease to publish?

But I am not here to expound on how the decline of print publishing is affecting careers, access to information, education, or the spread of knowledge. These are other topics for other days. I am here to begin to pose questions about alternative ways to access books. The book is not going away, it just may look a little different than many of us are use to.

Earlier this year I went to hear a panel of professors speak who are active in the world of open access. The quick and dirty definition of open access is material that is published online and is freely available.* These professors I heard are strong advocates for open access publishing in many formats, including books. They are are in general strong advocates of alternative publishing. And on the topic of the book one professor claimed "we have fetishized the book;" we need to begin to think differently about the book.

I gasped. But the book is precious. It's important. Books change lives. It's..it's..it's... I. Love. Books.

And then I heard myself. I realized this man was right. We have fetishized the book. And from that point I began to question my relationship with books.

For a librarian, this could be considered a crisis of faith.

I remember several years ago when I first heard about the Kindle. I was with my sister and we were listening to the news. "Oh the horror!" I remember thinking about the report on the Kindle. I just couldn't imagine reading a book in it's entirety on an electronic object. I didn't think this Kindle thing would catch on. I had faith in my fellow book lovers. I ignored it. I ignored it the way we all ignore things that we know are not going away when we want them to.

I have been proven wrong. (This happens only on rare occasions. But it does happen). The Kindle (or any e-reader that matter) isn't going anywhere.

Publishing is changing. Our notion of the book is changing. We must admit this.

So, in the spirit of open-mindedness and "to try it before I knock it," I am giving the Kindle a shot. Luckily the CalArts Library purchased a Kindle and has been passing it around to the staff, so I don't need to shell out the $299. I will provide my review here and welcome your feedback.

I will say that my trial has gotten off to a rough start. I was given the Kindle last Friday and was excited to have it for the holiday weekend. As soon as I got home I pulled it out and prepared to charge it because the battery was dead. ...And realized - I, umm, forgot the power cord in my office. Sigh.

I'm not sure how I feel about book that require power.

In the coming weeks I will also be looking at different ways that libraries are utilizing e-book readers. I am very curious to hear from the CalArts community (and non-CalArts people as well!) concerning your thoughts about being able to access an e-book reader through the library and just your general thoughts on electronic books.

Happy reading!!

*Peter Suber of Earlham College in Indiana offers a good introduction to open access available here: http://www.earlham.edu/~peters/fos/overview.htm

The Directory of open access journal http://www.doaj.org/ provides a gateway to 4344 peer-reviewed journals. 1648 of them are searchable at the article level. All scientific and scholarly disciplines are represented, as are many languages.
Notita: esta revista donde heroicamente me desempeño está listada en el DOAJ.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sintagma y paradigma

I.
On my way to an appointment with the one that helps me keep my mind clear, after some ten hours of ranting. Still growling, almost kicking people out of my way; in my worst mood. About two blocks after coming out of the subway, I find myself singing "With a little help from my friends"; anagnorisis: all what The Beatles are, is what I am not now. And that is a sad conclusion to come up with: Lord knows my love for their music.

II.
"En tu estado, la rabia que sientes, la ansiedad y el agobio desmesurado, hay dos opciones: hacer que funcionen y darles un uso para cambiar las cosas, o la parálisis, perder la esperanza dado el estado de las cosas, porque no hay ya solución. Y a ti en particular te es muy fácil encontrar el error y el peor lado de cuanto sucede. Estás cayendo en esa desesperanza, y es donde no quiero que estés."
No es algo que pueda modificar con sencillez: la manera más correcta de atajar el problema es haciendo cambios mayores. No es un análisis profundo el que hago, pero me basta para saber que es faena titánica y de largo aliento (a pesar de que no hay tiempo siquiera para un respiro): cambiar el sintagma es absolutamente inútil, no tiene uso repetir o reconstruir un discurso. La necesidad real es modificar el paradigma y DESDE AHÍ construir un sintagma (todas las veces que escuchen a algún "intelectual" hablando sobre la construcción de un nuevo discurso, seguramente se le ha olvidado que el paradigma es el que define qué sintagma, y en consecuencia qué discurso, puede suceder).

III.
Es deseable -e indispensable si se plantea en términos reales- que el movimiento de mis ideas sea centrífugo. Evidentemente tendría que modificar mis propios paradigmas, pero las epifanías son elusivas. Mi creatividad no se enfrenta a este tipo de conflictos, suele resolver situaciones en la misma medida en que llena espacios vacíos o desarticula un discurso: en literatura, al menos, los grandes han sido quienes abordaron el sintagma de otra manera, quienes optaron por otra combinatoria; sólo en la teoría se ha modificado el paradigma, y por lo general han sido movimientos oscuros y difíciles de aprehender (consecuencia natural de ese nuevo paradigma).
¿Cómo hacer esas modificaciones profundas? Habría que sacar valor antes que otra cosa, y acelerar la furia de las ideas.
Nuevamente en ese punto entre la desolación y la proactividad. Nuevamente me confirmo que entiendo el mundo mayoritariamente en términos literarios.

lunes, 17 de agosto de 2009

Una presa (o varias)

Fin de semana en Querétaro. Un calor feroz, pero nada que no se olvide con una cerveza en la mano; en teoría debimos quitarnos el calor en la alberca, pero ya era tarde y el agua estaba refría.
Domingo familiar: turismo a Tequisquiapan, con miras a comprar chucherías (: dos ratones de tela para los niños y unos guantes sin puntas para mis dedos adoloridos). De camino cruzamos varias plantaciones de sorgo y maíz, pero despuntó otra cosa.
- Miren la presa: está seca.
- Sí, qué feo.
Insisto en recordar el pronóstico de que febrero se anuncia aciago: a menos de que sucedan dos o tres milagros (o cuatro), la Ciudad de México corre el riesgo de no contar con agua para la próxima temporada seca. La reacción inmediata es que por favor me calle y no les amargue el día con ese asunto; e insisto de nuevo: donde esta ciudad se paralice, lo va a resentir el país entero. Y aun cuando pudieran decirme que deje mi lógica centralista, no soy yo quien debiera cambiar de paradigma: la Central de Abastos es el Dow Jones nacional, y eso sólo por mencionar la comida (minucia, a todas luces).
Justo después me viene otra idea a la cabeza: la influenza estacional -la que se conoce a profundidad y para la que existen vacunas adecuadas, que se tiene tipificada y que sucede en todos lados, todos los inviernos- mata más gente en una sola temporada que el total de los contabilizados en todo el mundo a causa de A-H1N1. Ante el brote se canceló la suspensión del suministro de agua, programada para el fin de semana del 1° de mayo, en atención a las necesidades de higiene. ¿Por qué, si el agua tiene un papel mucho más vital y corremos un riesgo tremendamente mayor, no hay comerciales cada cinco minutos ni programas especiales en radio y tele al respecto? ¿Por qué una enfermedad que de peligrosa no tiene nada en particular, recibe más atención mediática que la inminente crisis hídrica nacional?
Por fin llegó el momento en que no es opcional tener una participación activa, en que es obligatorio pensar a más largo plazo, en que los caprichos personales pasan a segundo plano, en que el trabajo conjunto e interactivo de TODOS los miembros de la sociedad debe fijarse metas y compromisos de muchos órdenes: políticas públicas de control y distribución de población, descentralización y racionalización de los recursos, tecnificación del campo en modelos de policultivo, erradicación del intermediario, aprovechamiento y democratización de nuevas tecnologías, modificaciones profundas en el modelo político (¿de verdad se necesitan más de dos partidos, con los abrumadores presupuestos que requieren?), y una lista extensísima de asuntos cruciales a resolver.
"¿Y de dónde pretendes que salga todo ese presupuesto?" Insisto: son muchos órdenes los que deberán sufrir cambios profundos; el económico no es excepción.
Adelante: gocen lo que les queda de verano, y de agua. Ya verán qué linda es la mudanza del desierto.