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domingo, 20 de mayo de 2012

Carpe diem

Durante años he dicho que si he sido feliz en algún momento de mi vida fue durante los tres primeros años de la carrera. Fui feliz porque hacía exclusivamente lo que quería hacer en ese momento, y era bueno (soy muy bueno), y por mérito propio me gané el respeto de mis maestros y compañeros.
Pero la felicidad tiene variaciones naturales que a la razón le parecen innaturales. La felicidad tiene fecha de caducidad, y no conserva el mismo rostro por largos periodos. ¿Por qué atribuiremos a la felicidad una correlación con otras personas, con objetos, con situaciones? ¿Depende de un tercero o goza de alguna suerte de autonomía? ¿Somos felices por nosotros mismos o en función de algo o alguien?
Soy feliz porque estás aquí, conmigo. Soy feliz porque compartimos el tiempo y hacemos cosas juntos y nos disponemos a participar en las experiencias del otro. Soy feliz porque estás aquí, porque yo también estoy ahí. Y en esta condición soy capaz, tengo la pulsión de ser algo distinto, algo mejor. Cambiar a favor de nosotros, no solamente de ti o de mí. Entonces puedo proponerme proyectos enormes que requieren una infinidad de mí, porque su alcance me rebasa.
Pero tal es peligroso, porque existe una única fuente de felicidad. ¿Y si se desploma, si un día deja de serlo?
Entonces requiero de una determinación igualmente grande para atajar mi voluntad a pie juntillas, tener la valentía para aceptar eso que quiero y los sacrificios que implica obtenerlo o conservarlo, lo que arriesgo por el simple hecho de merecerlo. Y puedo, claro, negarlo, alejarme antes de que cobre sustancia. No hay riesgo.

Felicidad como granos de pimienta pura, pimienta enterrada, pimienta que no germina, aunque se riega con intención. Felicidad en sombras de árboles. Felicidad que se escabulle apenas se le atisba. Felicidad de la que debo ser responsable, como de mi tristeza, que permito porque asumí ese riesgo.
Queda el recuerdo de la felicidad, su aroma impregnado en la casa.

viernes, 10 de febrero de 2012

Constancia de hechos

Despiertas. Buenos días. No es el gato. Entregas un pedazo de sangre. Rindes por un segundo la conciencia. Media noche en vela, pero no es noche ingrata. No es noche que se encamine directo al olvido, al rumbo donde se agolpan los instantes.
Es de mañana y amenaza espantosa la tarde, con el trabajo pendiente apiñado en el escritorio de la oficina, pero especialmente el de la casa. Es de mañana y el día está soleado, de pronto inusual para una mañana de febrero, imposible para una mañana de febrero; posible en la mano izquierda. Es el sol relumbrando, por debajo de las nubes y el espacio cerrado y la franqueza innecesaria. Es el sol que todo entibia. Es sol negro, sol reluciente.
Es de mañana y apenas se avisora el gran riesgo.
Ese riesgo son 7,500 documentos históricos en microfilm que deben transcribirse. Mi derecho a una beca en la universidad me exige en retribución cincuenta horas de trabajo (absolutamente insuficientes para las dimensiones de ese archivo) que se agolpan sobre las doscientas que ya tengo comprometidas en las próximas ¿dos? semanas, sin mencionar mis responsabilidades más esenciales.
Ayer, después de tener el sol en la mano y sentirlo tibio en el pecho, y de sonreír de mañana por una vez, padecí vértigo por horas. Sólo unos momentos antes de rendirme y dormir recuperé la calma, gracias a un mensaje que queda en el refugio de lo privado.

miércoles, 25 de enero de 2012

Verba volant, scripta manent

[Disculparán los que sí saben de filosofía si esta disquisición carece de sustento, pero yo sé de literatura y libros y algunos objetos lingüísticos, que no de filosofía y lógica y metafísica, propiamente. Reflexiones vicarias...]
¿Es posible ejercer la duda cartesiana de manera discriminada? Es decir, en lugar de atajar rabiosamente cada aspecto y arista de uno mismo, enfocar la comprobación a una sola faceta. Sé que no: si una faceta de mí es parte de mí, entonces toca absolutamente todas las demás y existe en resonancia con todas ellas. Ergo, analizar una implica –al menos de manera tangencial– el análisis de todas las demás.
Pongamos por caso que doy ese salto a la certeza (vía la duda sistemática; prueba, error, intento, falla); pongamos por caso que me cuestiono en tanto crítico literario.
Mi primera asunción, especialmente en este momento (con la nariz sumida en los textos que bullen de las aulas a las que he vuelto), es que soy un buen lector. Ahí empieza: ¿un buen lector es un buen crítico? Si el fundamento de la crítica es el análisis a partir de la lectura, se sigue que sí. Luego, ¿soy un buen lector?
Puedo, por ejemplo, encontrar las resonancias de un cuerpo en una obra literaria, leer despacio los sonidos que la componen y reconocer el punto en que el sonido (sólo el sonido) llega a la cúspide de la tensión. Puedo encontrar en mí las vibraciones que pulsan al otro lado de la página, y sentir en la punta de los dedos el roce de una flor (cuando la hace florecer Huidobro, por ejemplo). Puedo mirar al vacío y llenarlo, de experiencia y memoria, de solidez, de dudas, de preguntas que formulan más preguntas. Puedo arrancarle voces de muy vario color a un cuerpo que sólo tenía una. Puedo reconocer una intención en un gesto sutil y escondido.
¿Puedo hacerlo en verdad? ¿De qué recursos me valgo? Memoria, dureza (firmeza, tal vez), creatividad, rigor, práctica, determinación. Quizá.
Pero la duda no se disipa. La duda sigue, porque bien podría hacer la asunción entera y derivar sus consecuencias en función de una falacia, o de un falso problema. Y entonces toda esta certeza de que soy un buen crítico está errada, y todos estos años en que me he presumido, arrogante, entre los mejores ("soy bueno, y no te queda duda") han sido sueño.
Entonces esto que soy podría no ser yo, y la directriz que ha llevado los últimos ¿siete? años nunca tuvo rumbo.
Pero queda esperanza, que debe quedar en registro, para la memoria cuando olvide mis propias palabras: insistir, no claudicar, intentar de nuevo, comprobación fáctica, prueba y error.

viernes, 28 de octubre de 2011

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Volver, volver

De nuevo Hawthorne, The Scarlett Letter, "The Custom-House". De nuevo la escritura. De nuevo la necesidad, después de tanto tiempo, de tanta ira (por una vez, justificada y vista sin mi intermediación). De nuevo, ante todo, la posibilidad.
Un día, por fin, tienes la pulsión de escribir. Para sacar (acomodar) de otra manera la ira, para decir el desasosiego, para poner en perspectiva las dudas de un momento particular y aclarar las soluciones que se avecinan, para recuperar un ritmo que se perdió (si acaso se tuvo) hace años. Y de alguna manera las palabras se hacinan en el pecho y buscan su camino, pero la falta de uso hace extraños los sonidos. Quiere surgir la voz de entre los sepulcros y la brisa cauta es más ruidosa, quiere despuntar la mañana en un nido de colores y la bruma aplasta los rayos entre sus nubes, busca el agua su cauce y se encuentra con un muro de argamasa.
Se quiere decir. Se tiene algo que decir. Se intenta decir. Pero cada brizna de voz se rompe. Es una extraña tristeza.

martes, 3 de mayo de 2011

Un peso

Hay días en que me pregunto cómo he tomado mis decisiones, en qué entorno me he detenido y las razones por las que veo el mundo tan lejos. Qué oscuro hado me presenta la realidad que veo.
Inmediatamente quiero ser responsable y asumir que el azar tiene poco o nada que ver, que son efectivamente mis decisiones las que distribuyen esa realidad, y no una potencia ultraterrena la que dicta suceso y destino. Por supuesto, la consecuencia es más grave, y sin embargo queda ese resabio incierto de que algo no he decidido, que el mundo también pasa frente a mí y no todas las opciones están en mis manos o a mi alcance, que puedo aspirar a cierta solución, pero desde el inicio el rumbo era otro.
También siento la necesidad de desarraigar esa responsabilidad de mí y delegarla cómodamente hasta hacerla desaparecer. Eso me daría a quién culpar y sería libre de todo fardo. O lisamente olvidar toda responsabilidad y seguir sin memoria. Pero esta constitución me lo prohíbe, no hay sombra de descanso.
No siendo suficiente, la potencia de la memoria arrastra a un recuerdo, una experiencia, una emoción, o quizá una ilusión. Y cualquier cosa que eso sea, duele de alguna manera, y sabe exigir atención y encontrar su espacio en el cotidiano. No me queda en claro por qué regresar a ese dolor, si quizá intentemos recuperar lo bello que encerró, a costa de padecerlo de nuevo. Pero queda claro que volvemos.
Y ahí voy, mascullando canciones y poemas que aplastan porque no son o no fueron. Es esa relación metonímica con un objeto simbólico (Barthes): el objeto no contiene un significado por cuenta propia, sino que lo imponemos nosotros a partir de la memoria de lo simbolizado. Resulta entonces que un letrero, una hoja de papel, un aroma o una textura encierran un fragmento del otro. No está ahí, y sin embargo está presente. Son recuerdos (o experiencias, más bien) dulces, que en su ausencia y distancia pesan.
Queda resignarse estoicamente o combatir cada fibra de uno mismo. Cualquiera que sea el caso, sé que tengo un problema mayor cuando me cuesta tanto trabajo hilar discurso.

lunes, 2 de mayo de 2011

All that life

And terrible as it seems, and actually is, I admit it; and I'd love to see that dress rolling around, close to me. Soon I might be deprived of even the slightest of it, and such is indeed painful.

lunes, 18 de abril de 2011

Imperatrix mundi

Let's not be afraid to be Don Quixotes.
Algirdas Julien Greimas

Para Aquiles, la gran preocupación era fama y gloria (que no necesariamente pasar a la inmortalidad, como se pretende en la multimillonaria y muy libre adaptación en Troya): podía quedarse sentado a la vera de su tienda y esperar a que llegara la muerte en la vejez, perdido en el olvido de los hombres, uno más sin pasado; o podía levantarse, con la certeza de que quedaría tendido en los campos de Troya y la inconmensurable fama de haber sido el mayor guerrero que recordaran los hombres. Y sin embargo, Odiseo encuentra en los infiernos a uno que preferiría ser un esclavo vivo a un rey entre los muertos.
La fama, entonces, se volvió carga a cuestas para los siguientes siglos, todos penando por pasar a la memoria del mundo. Fama y Fortuna comandaron los actos hasta entrado el S. XVI, y sólo hasta que Don Alonso se burló —sin saberlo— de esa gloria, paró ésta de encontrar su camino.
La defensa de la fama no ha perdido vigencia, y una medida es mantener la cordura, aparentar solvencia en todos los órdenes de la vida, lograr sin demasiada pirotecnia que Fortuna sonría y su rueda nos encuentre en alto. No cometer impertinencia o imprudencia alguna, ser probos, mantenerse en los lindes del respeto convenido, hacerse del reconocimiento a punta de méritos.
Pero entonces falta la voluntad, el asalto del cambio, una oscura pulsión de vida que dicta: "no tiene importancia, no hay decisión absoluta, puedes cambiar la opinión ajena si tienes la tenacidad, reventar la locura, disolver el tiempo". Se vislumbra la posibilidad de vencer en batallas absurdas o que ya han sido ganadas, de cargar contra un justo. Y entonces hacerse de su nombre.
¿A quién mira Fortuna desde lo alto? ¿Al que espera que lo aplaste, o al que se yergue para alcanzarla? El refrán es viejo: Audaces fortuna iuvat.

martes, 8 de febrero de 2011

La marea

¿Qué poder encierra la palabra? Es (debiera ser) la articulación del lenguaje en un acto inteligible y comunicable. Puede ser un milagro, un capricho, un accidente, un reflejo.
Las palabras no dicen nada, son en sí mismas materia fónica. El sonido bien puede aglomerarse de la misma manera en otro entorno y las palabras seguirán sin decir nada. Las palabras sólo tienen vida en correlatos, en distinciones por oposición y comparación; su expansividad depende de lo que pueden abarcar, pero también de lo que obligatoriamente excluyen de su significación.
Las palabras son virtualidad, presencia de eso que lleva nombre, que puede llevar nombre. Eso no está (quizá nunca estará) aquí, y sin embargo tiene presencia en cuanto lo evoco por la palabra. Y aun cuando quisiera negarse, llega aquí y se instala en este presente, en lo que digo, en mis imaginaciones sobre eso y esotro. No cobra vida por la palabra, sólo presencia: no están aquí los niños que extraño aunque no lo sepan, pero sí sus sonrisas terribles, sus manos, sus ojos que me separaban al menos un momento.
Esto que lees no pertence a un espacio determinado: se actualiza según tus circunstancias y experiencias, eso que te parece relevante. Bien podrías considerar que has perdido el tiempo al leer estas líneas, y sería correcto si no puedo llegar a un punto en el que nos entendamos.
No somos palabras: somos lenguaje. Comunicamos con muchos más recursos. ¿Comunicar qué? Esto que lees es una caja casi cerrada; en cada costado hay una cantidad variable de agujeros por los que podrías asomar; cada agujero debiera permitirte una imagen distinta: ves un mismo objeto (si acaso hay un objeto ahí dentro) y alguna cantidad de entornos y sombras.
Y hay lenguajes acerbos, dulces, cáusticos, conmovedores, inquietantes; sea cual fuere, nos instalamos en uno, por azar o decisión, y desde ahí construimos discurso. A veces, si suficientemente hábiles, un lenguaje se arropa en otro por disímil que sea, se disfraza de una capacidad que le es ajena; entonces tenemos la rara habilidad de mostrarnos igualmente expansivos y dinámicos. Decimos con suficiencia una mentira inocente, o extendemos una verdad con malicia hasta llegar a los fines de una agenda personal. Pero el discurso se revela, apenas un susurro debajo de la espuma.
Ahí comienza el esfuerzo. ¿Qué lenguaje? ¿Y qué si no me place tal?
Tomar una decisión es de regular sencillo: sin prisa podemos ver las consecuencias y las responsabilidades que seguramente acarrea. Su ejecución es lo que arrebata.

Addendum
Just read it; had to share (00:42).

miércoles, 20 de octubre de 2010

Una hiena

There are certain queer times and occasions in this strange mixed affair we call life when a man takes this whole universe for a vast practical joke, though the wit thereof he but dimly discerns, and more than suspects that the joke is at nobody's expense but his own. However, nothing dispirits, and nothing seems worth while disputing. He bolts down all events, all creeds, and beliefs, and persuasions, all hard things visible and invisible, never mind how knobby; as an ostrich of potent digestion gobbles down bullets and gun flints. And as for small difficulties and worryings, prospects of sudden disaster, peril of life and limb; all these, and death itself, seem to him only sly, good-natured hits, and jolly punches in the side bestowed by the unseen and unaccountable old joker. That odd sort of wayward mood I am speaking of, comes over a man only in some time of extreme tribulation; it comes in the very midst of his earnestness, so that what just before might have seemed to him a thing most momentous, now seems but a part of the general joke.
—Herman Melville

Me verán llegar con las manos desnudas, de frente; y buscarán refugio. Estando en el medio de mi calma, han tentado a mi paciencia. Es tiempo de retribución, y no imaginan los alcances de mi rabia y mi tenacidad. Se terminó el periodo de gracia: es mi turno. Y volveré a mi calma, y seguirán pidiendo refugio.


viernes, 4 de junio de 2010

Un segundo

La felicidad es tan opuesta a la vida que, estando en ella, uno olvida que vive. Después, cuando termina, dure poco, dure mucho, queda apenas aquella impresión de un segundo.
–Mario de Andrade

Y rarísima la ocasión en que se percibe que ha durado más.
En este momento, la definición de felicidad se encierra en unos tacos de canasta (tres de chicharrón y dos de papa), o un filete término medio, o la receta de cochinita pibil o chiles en nogada de mi madre. Extraño la cocina de mi madre con serio dolor.
Si puedo recordar ese segundo, lo preciso es admitir que duró tres años, con los correspondientes altibajos que me desplomaron en su momento. En adelante, no puedo decir lo mismo. Si mucho, que cualquier forma de felicidad duradera es trabajo acumulativo, esfuerzo continuado, disciplina, paciencia.
Y sobre todo paciencia. Hoy, además de los chiles en nogada, daría mi imperio con tal de que aquéllos con quienes debo compartir las responsabilidades valoraran el tiempo que va de por medio y ajustaran sus calendarios. Entonces el trabajo de hoy será felicidad en un futuro más cercano.

miércoles, 5 de mayo de 2010

La voz detrás de mí

No asumas, no llegues a conclusión alguna, no sabes quién guarda trozos de palabras por debajo de las frases (tampoco sabes qué palabras fueron), no eres siempre y a cada vez el destino de una voz, no eres la ausencia en la silla. Eres, sin duda, recuerdo; pero no eres ya materia.
Y el mar que se alza. Y las decisiones hechas. Y las palabras dichas, olvidadas. Y la voz detrás de ti que soy yo, que sabe como tú que puedes no serlo, que te recuerda las tantas tardes sin sol.

lunes, 3 de mayo de 2010

Stop chasing

No están ustedes para saberlo; definitivamente no estoy para contarlo (magia, mantener todo en el silencio hasta que suceda, si sucede).
El viernes, antes de mi nuevo hábito de viernes, tuvimos la junta que podría dar inicio a esa vuelta de sangre que estoy buscando desde hace tiempo. No estamos para saberlo con certeza, pero queda claro que no estamos para decirlo. Podríamos por fin volver al trabajo que sí nos gusta, ése por el que me estoy quedando ciego, ése al que no le quito el ojo de encima a pesar de haber pasado un lustro en labores que no satisfacen.
Fue el viernes, y tendrá nombre de tierra. Y llegada la noche me veo haciendo labores que me acercan de otra manera a lo que también quiero.
They will have something else to say.

Peanuts

lunes, 23 de noviembre de 2009

No, y no, y no

Escalofrío.
Ya sea la falta de interés de 42 de los 98 respetadísimos árbitros que leen los trabajos imposibles que les envío, ya sea tan solo su desidia, acaba de aterrizar en este escritorio una cantidad onerosa de búsquedas en Google por hacer. Y me rehúso categóricamente a construir los alteros de información curricular que se deben entregar a CONACyT.
¿No ven que estoy muy a mi sabor deshaciéndome desde hace casi dos horas, aplastado bajo la espeluznante fuerza de una canción? Hoy en día no se puede tener un arrobo y gruñir y maullar sin verse interrumpido por minucias.
Escalofrío.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un mapa del piano

Las noches de martes se están confirmando las más amargas de la semana. Me recomiendan, por salud, construir un proyecto que debiera hacerme ver otra cara; no les sorprenda si me cuesta volver y decir.
Habiendo arrojado tantas cosas por la borda, toca turno a recuperar las que lo permitan.



jueves, 17 de septiembre de 2009

lunes, 14 de septiembre de 2009

Final abierto

I.
Cuando era niño, mis padres no me inculcaron realmente el hábito de la lectura; mi padre, por su parte, optó por no permitirme perder el sentido de la sorpresa. Quiero creer que de alguna manera sabía que eso sería más valioso, pues me llevaría naturalmente a desarrollar la apreciación de las cosas, a admirarme ante ellas (la literatura también); lo dijo Reyes en "Aristarco": la crítica más disciplinada requiere, por principio de cuentas, la capacidad de sorprenderse y disfrutar o sufrir las obras, que ya después vendrá el rigor y la disección taxonómica.

II.
Recuerdo que los libros de texto de la primaria (no tocaré el tema de los penosos planes de estudio propuestos a últimas fechas) estaban sembrados de cuentos; supongo que los autores supusieron en su momento que los niños no serían capaces de leer una obra más extensa. Leí a Rulfo, a Quiroga, a Arreola, quizá a Kipling. Recuerdo que en su mayoría eran cuentos de estructura clásica, de final cerrado.
En toda ley, la primera obra que leí fue Las batallas en el desierto, y después Aura. Muy poco tiempo después, a los quince años, empecé a escribir: la sombra de Felipe Montero, el narrador que me hablaba, el cuerpo de Aura, el cuerpo que cambia y que es el mismo, fueron directrices para ese primer cuento, para todos los que han venido después. La ambigüedad y el discurso polisémico. Nunca decir puntualmente; insinuar, marcar posibilidades. El sentido que subyace y excede.
Una cosa es el planteamiento; muy otra lograrlo.

III.
Un "asunto" que deben imputar siempre a un autor es su mal vicio de asociar su modus scribendi con el fuero personal; y peor todavía, su incapacidad para disociar su modus scribendi de su modus vivendi. En algún punto resulta de lo más normal cuando sus personajes (algunos) actúan como él, pero es del todo insano cuando concibe el mundo de la misma manera en que concibe la ficción.
Perder la conciencia de esos límites es tentar a la solidez de la cordura. Y sin embargo, parece tan natural que se suele caer rendido ante la ilusión de construir el mundo, de que uno es Allah el artista, y no un mero artesano. Peligro como pocos. Vicio mayor que cualquiera que nombren.

IV.
Es recurrente escucharme en un discurso ambiguo. Es recurrente que no diga lo quiero o debo decir, sino todo lo que se puede encerrar en una frase: al fondo de esa caja lingüística hay un gato de Schrödinger. Es recurrente que no sepa decir cuando debiera ser más sencillo. Y la voz quema, a veces dura, a veces amarga, a veces cruel, a veces insolente, feroz, torpe, dulce, sutil. Y la voz quema.
Si la ofensa sucede, será porque he sido torpe: insulto cuando quiero, deliberadamente y con confianza, jamás inercia.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Posibles interrogantes

¿La gente es lamentable e irremisiblemente estúpida?
¿Sabemos pedir, y entregar?
¿Sabemos reconocer las capacidades reales de aquéllos a quienes tildamos de necesarios?
¿Hay tal color en las luces de la tarde?
¿Tiene sentido mirar no a los presentes, sino el espacio vacío?
¿Tendré capacidad para distinguir lo importante de las minucias?
¿Me estoy volviendo cada vez más intolerante?
¿Soy, acaso, un forma de incapacidad?
¿Existe una pregunta cuya respuesta sea distinta de un monosílabo?

martes, 28 de julio de 2009

Los trabajos y los días

Se suman por encima de sí mismos, se comprometen a extremos que exigen la sangre, se implican los unos a los otros, se arrasan de desesperación e ira cuando no encuentran su camino, se suceden según su propio curso, se atropellan cuantas veces las horas no les son suficientes, asesinan desde la paciencia hasta la calma.
Suceden porque se les permite. Porque no encontraron resguardo ni abrigo en tanto tiempo. Porque son el común denominador. Porque dicen ser no sólo necesarios, sino indispensables. Porque saben instalarse en cada dolor.
Y suceden. Y uno no está de humor ni en capacidad para atender responsabilidades que le son ajenas.

lunes, 29 de junio de 2009

On the rush

Mal día para la ansiedad, mal momento cuando hay que escribir una cuartilla (una única cuartilla) o todo corre el riesgo de dar al traste. Y por supuesto, ansiedad sumada a poco tiempo resulta en síndrome de página blanca; o más apropiadamente, de párrafo blanco: sólo son inserciones, un golpe de boleadoras a la rodilla para que caigan y atarles los tobillos.
Ah, pero ayer tenías que regresar tarde a la casa y tuviste que darte el tiempo para comer a tus anchas y tomaste licencia para dormir un rato y descansar la noche (que ni siquiera fue tan larga) y te dijiste que era justo y lo merecías y te lo debes y todavía te falta descansar otro tanto, con un masaje de espalda completa y brazos, y al final el domingo es largo y la noche se hizo para trabajar y no importa porque también tengo parte de la tarde del lunes.
Y ya te estoy viendo mañana, vomitando más ansiedad que hoy porque no encuentras una bendita papelería, corriendo de un lado al otro, bufando de desesperación, ofendiendo desde lo más profundo de tu fuero interno al señor que camina lento, atropellando con pasos bruscos a todos los que se te cruzan en el camino, mirando con desprecio al guardia de seguridad de la oficina.
Mejor regresa a tus pendientes, que en "mañana" no hay tiempo.