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jueves, 13 de agosto de 2009

Un taxista

Se han vuelto raras las ocasiones en que recuerdo mis sueños: despierto por la mañana con la idea de que algo sucedió, pero no puedo dibujarlo de nuevo.
Era de noche, un taxista nos lleva a un amigo y a mí. El recorrido es tranquilo; afuera suceden las luces y algún objeto que pasa. Llegamos por fin a nuestro destino y preguntamos cuánto debemos:
- Miren muchachos: les tengo que cobrar por el tiempo que empezó y en el que terminamos. Pongámoslo así: yo empecé en el pasado y ahí se cobra de una manera; pero me llevaron a otro siglo, y en este siglo las cosas son más caras.
En otras palabras, intentaba convencernos de que nos iba a aplicar dos tarifas, que la segunda era más cara, que no teníamos derecho a objetar.
En el momento en que me dispongo a replicar, despierto, y despierto con las palabras que iba a decir: no puede haber otra tarifa si todo lo que hacemos está en el futuro. Las consecuencias de nuestros actos están ya en otro tiempo que habrá de llegar, el presente y el pasado son futuro consumado, todo nuestro movimiento va hacia el futuro, y no hay distinción entre el siglo que termina y los que han de venir.
Me preocupa terriblemente que mis pensamientos se tornen así de abstractos, y más que éstos sean los recuerdos de mis sueños, cuando es probable que crucen por mi cabeza ideas más sencillas y reales, o al menos que pudieran dibujarme una sonrisa. No dejé de decirme que era estúpido soñar así, y discutir con una ficción.

jueves, 6 de agosto de 2009

El poder de lo minúsculo

En el país de Lilliput, Lemuel es condenado a muerte, una terriblemente cruel: mientras duerma, le quemarán la casa, un ejército de varios miles le disparará flechas envenenadas a la cara y manos, los sirvientes rociarán de veneno su ropa de cama y demás efectos personales. Pero la magnanimidad de Su Majestad Imperial reconocerá los servicios que Lemuel hizo al imperio y conmutará la pena: sólo habrá de perder los ojos.
Esta mañana, dos gusanos más pequeños que la uña de mi dedo meñique (al menos el pueblo de Lilliput medía la doceava parte que Gulliver) decidieron que no desayunaría el mango que me saboreaba desde ayer en la mañana.
Sus más temidos enemigos, quienes mayor injerencia tienen sobre ustedes, no son más grandes que la palma de su mano.

jueves, 25 de junio de 2009

Tzzz Tzzz Tzzz

[Si no domino la poesía y el género francamente me queda muy grande, si hace mucho me di cuenta de que más me valiera leerla y no escribirla, no sé por qué me empeño. Se aceptan rocas disparadas a la nuca.]

Tengo el pecho lleno de un zumbido
de los que rebosan sobre el cuello y consumen a su paso
todo cuanto tiembla.
De los que arrasan toda calma
y entumen los miembros.
De los que no olvidan y con sólo mirar
recuperan los dolores y odios sepultados
bajo días y días de negarlos;
bajo las sonrisas correctas que se dibujan
_____para contener los estribos,
_____para dormir las furias.
De los que prohíben el descanso
de tanto zumbar contra los oídos,
de hacer estruendo de los granos de polvo,
de provocar espasmos en las costillas.
De los que hacen desfilar a las termitas
sobre cada hueso.
De los que me recuerdan con empeño
que tengo más sangre que piel.
De los que tientan a los gatos monteses,
que asedian con su desprecio a las hormigas,
que rasuran a cada vez los amores que recuerdo.
Es zumbido como ninguno que conociera,
es la parálisis que arrebata alientos,
es el veneno de mis pulmones escanciado:
el pulso de vida que aún reconozco.

viernes, 24 de abril de 2009

Mi voz

Decidí aceptar la invitación, y reportar -como los dioses me dan a enteder- sobre los eventos que me resultan relevantes y no se limitan a mi fuero personal. Así que la influenza está en el aire.
"¿Por qué escribes en inglés? Ash, me chocas." En algún momento voy a traducir eso y será una edición bilingüe. "Ah, nomás preguntaba."

martes, 14 de abril de 2009

Recapitular

Para estas alturas creo que es la décimonovena vez que digo: "este blog se ha volcado a la música... tratemos de recuperar la literatura... para eso abrí el blog... soy un irresponsable..." et caetera. Agrego una más: "por más metiches que sean, mi vida no resulta tan avasalladora e interesante como para que sigan leyendo".
En consecuencia, decidí asaltar todos los archivos (de lectura aceptable) que permanecen sepultados en las profundidades de un disco duro. Además de divertimento y una linda manera de salir de mi solipsismo, tendría que sentirme tentado a escribir algo más y por fin hacerle caso a esas novelas y cuentos abandonados.
Este inicio, sin embargo, tendrá que ser vicario (cada cosa en su escala y etapa). Lo que sigue son traducciones de los textos que venían en los correos de spam que recibí hace varios años: cadenas aleatorias de texto proveniente de muy diversas fuentes, pero que me sorprendieron porque, a pesar de todo, no dejan de construir sentido. El primero, en cualquier caso, nunca me pareció tan azaroso como los demás, y sin duda por ello revisé la basura durante varios meses.


Sweetness elope
‘Hola’ dije a todos los animales. “Las cosas se veían peor, las cosas se veían peor”; sólo eso pensaba. Había varios ejemplos de animales alrededor: una casa llena de condimentos y nada de comida. Las paredes gruesas son importantes. Él quería saber más. Yo sólo pensaba.
Hay algo que debería decirte. Pero éste era un camino largo y, de recorrerlo, podría nunca regresar. Y por diez minutos fue un héroe. No puedes subir a la unidad. No se permite a nadie allá arriba. Sólo dime tu respuesta, aun si es una estupidez.
Alguien esperaba por mí, justo a la vuelta de la esquina. No tuve que decir: “¿podemos cambiar la cita de las seis a las once? Mis niños tienen un recital y no quiero perderlo por nada del mundo”. Las paredes gruesas son importantes.

Ambiente controlado
¿Qué vino después? Lanzallamas, por supuesto. Un reto adicional para la exploración humana de Marte.

Los estrictos trabajos de Marte
Usando ADN mutante, los científicos han criado un ratón con dos museos y restaurantes; revive una y otra vez sus memorias como piloto de combate de la Segunda Guerra Mundial.

Final perfecto para una comida
¿Alguna vez ha pensado en cometer este franco crimen de pelea en Inglaterra? ¡No, realmente no! Busque ‘Crimen’ y es el único buró que está adherido a las madres y no al padre.

El samurai aún permea nuestra cultura
Mire la grandeza de Nueva York como principal y deje sus computadores llevarse unos a otros, todo sin engancharse al código guerrero del samurai, el sistema de honor que modelaba sus vidas.

viernes, 3 de abril de 2009

Fuga en D menor

Mañana viajo al desierto: visito a mi familia después de casi dos años de no verlos. Mi maleta está arrumbada en el clóset, vacía y cubierta de pelo de gato; además de guardar mi ropa, tengo que empacar libros y queso Oaxaca (ah, pero los niños tenían que extrañarlo).
En tanto mi vuelo sale por la mañana, no debiera salir hoy por la noche; pero no siempre soy una persona prudente y de verdad tengo ganas de ir a la presentación de Los esclavos. Cuando la noche no baste, duerma en el avión (si es usted como yo y donde acomoda la cabeza cae como res herida; si no, váyase a su casa a dormir).
Me presumieron que me voy a pasar las vacaciones leyendo los escritos de mi sobrina; me "conminaron" (un bucéfalo de 125 kg y 1.92 m, maestro de artes marciales; que no les asalte la palabra 'coerción') no sólo a corregir lo que escribió, sino a enseñarle a leer y criticarse a sí misma. Me emociona la idea, y me preocupa otro tanto: las cosas por pasos y a su tiempo.
Como podrán suponer, no sé si voy a tener tiempo para atender este blog a partir de mañana y durante diez días, ni sé si voy a tener alguna intención de escribir algo, ni sé si éste es buen momento para ponerle tapa y lápida y epitafio a esta sepultura. Eso último probablemente sea una mentira: mi arrogancia y egocentrismo difícilmente dejarían de proveerse de un medio para sus fines, como es este blog; aunque uno nunca sabe.

viernes, 20 de marzo de 2009

Kamikaze

Sentado frente a la computadora, leyendo un trabajo que hay que entregar el lunes. Tarea difícil: Chunky Move es una brutalidad y regresé a la casa temblando. Sin embargo, la disciplina debe ser más poderosa, y mejor avanzar a pasarme el fin de semana leyendo ciencia.
Me llama un ruido a mi izquierda: por segunda vez desde que vivimos en este departamento, Timoteo hizo un esfuerzo supremo y se subió al clóset. Casi medianoche, me voy a dormir, le rasco la cabeza al gato antes de echarme yo también.
Dos de la mañana (o algo así: no vi la hora realmente) y vuelvo a despertar de mala manera: el gato cabrón me cae en la barriga de lleno, desde lo alto del clóset, o 1.2 m de caída libre. Además del susto, me sacó el aire.
Me costó mucho a) recuperar el aliento, b) volver a dormir, c) dejar de insultar al gato en su camino a la sala.
Pinches gatos: miren si los he de querer. Definitivamente mis hijos son la mayor amenaza a mi persona.


Si la luz y el ángulo lo permitieran, leerían "8 kg".

martes, 10 de marzo de 2009

Prescindible

(Habrán ustedes de perdonar, pero lo que van a leer a continuación se resume en una digresión estúpida que no redundará en beneficio suyo, salvo que se entienda así a una ominosa pérdidad de tiempo; no me he tomado la molestia de reflexionar [sic] mucho en estos días, y las cosas serias sobre las que he pensado requieren más elaboración: cuando sea grande, quiero ser como Jonathan Swift.)

I.
El sábado fuimos a ver Watchmen, la función de las 22:30. Me habían presumido que había fiesta, así que di por entendido que, saliendo del cine, haríamos camino. Y cuál es mi sorpresa que ya es la una y media de la mañana y en el cine no venden cerveza ni tacos de suadero; v.g. tengo sed y hambre. Y no hubo fiesta.
No puedo emitir una opinión autorizada sobre Watchmen, puesto que ni he leído la novela de Alan Moore, ni alcanzo a pescar todas las dimensiones de la cinematografía. Admito, en cualquier caso, que esta entrada picó mi curiosidad; y si el señor está haciendo su tesis doctoral en el cómic como discurso en el S. XXI, yo -con la humildad que me cabe en el cuerpo- me sujeto a su autoridad, no pregunto y voy de metiche al cine, y quizá después (en función del presupuesto) consiga una versión en papel. Por otra parte, suelo caer rendido cuando me cuentan sobre una historia que no sigue una narrativa lineal y donde tiempos y conceptos se entretejen así, compleja y delicadamente.
Al margen de lo anterior, me parece una historia sumamente interesante (y para un obseso metiche como yo, ver física cuántica es maravilloso), con personajes extraordinarios (no todos: presumo que los de la novela sí lo son; quizá se deba a las actuaciones) y una exploración en torno a causas mayores, sensibilidad y pulsiones humanas, política, crítica social y la historia estadounidense reciente. De hecho, estuve a punto de chillar de rabia cuando vi el logo de MTV y un instante después a Nixon dando un discurso: qué bueno que entré rapidito en ese universo paralelo, pues los fans me hubieran despedazado y hecho pasto de su furia.
Tengo que admitir que sigo haciendo chistes, como los hice en la sala de cine, sobre varios puntos, especialmente el de la cámara nuclear: hoy en la mañana especulaba si mi horno de microondas funcionaría de manera parecida si lo conecto a un acelerador de partículas. Digo, pelón y soberbio ya soy: nada más me falta ser azul, alto y fuerte como roble, dominar la física cuántica, transmutar la materia a nivel atómico, caminar sobre la superficie del sol, tener un desapego escalofriante por la humanidad y en el fondo ser coherente hasta la última fibra.
Qué banal soy...

II.
El domingo fuimos a comprar arena para nuestros hijos a Costco. Para no variar, los tres nos detuvimos en las mesas de ropa a ver qué había y qué nos quedaba.
- Caballero, por favor: ya cómprese unos pantalones. Los que trae puestos ya están muy rotos.
- Si me encuentras un talla 28, te compro uno a ti.
Y rauda como flecha, repasó cuatro mesas. Lo más cercano era un 30x32, y me sobraba bastante cintura. ¿Por qué los fabricantes de ropa no entenderán que, además de los millones de obesos que pueblan este país, algunos no pasamos de los cincuenta kilos?

II bis.
Hoy en la mañana decidí ponerme unos de esos pantalones que están abandonados en lo más profundo de mi clóset. Talla: 20 slim, o niño alto y ñango.
Y me quedan de puta madre.

III.
Digamos una frase que, en cualquier otro momento y bajo cualquier otra circunstancia, me haría repudiar a mi propia persona: estoy tentado a sacrificar a Mike Patton en aras de una noche de iPods y vodka tonic.
Las cosas que uno es capaz de considerar en ocasiones... Y las soluciones que se le pueden venir a la mente.

IV.
Hoy más que ayer,

I Want to Hold Your Hand - The Beatles

jueves, 5 de marzo de 2009

Ahora fue el gato

No me cayó encima: me rasguñó la nalga izquierda. Y las circunstancias fueron casi las mismas, y también ardió cuando me bañé.
Miren si los he de querer, gatos hijos de bruja.

jueves, 26 de febrero de 2009

Cómo salvar un día

I.
El martes por la tarde me habla una de mis editoras de revistas de señoras tontas. "¿Puedes pasar a recoger la carpeta con el dummy de la revista?" Sí, seguro: llego en una hora.
Y tres horas después de eso, me revolcaba en la silla de mi escritorio, pues resultó que no había yo leído, en una primera corrección, más de la mitad de esa revista; así que en papel y con marcaje de corrección, prácticamente tuve que editar cuatro textos. Me fui a dormir con la barriga caliente, y no fue por el kilo de jícama con Tajín que me atraganté.

II.
Timoteo me orilló al filo de la cama y Fuchi no me dejaba moverme, echada en mis pies como estaba; así que pasa mediana noche. Por supuesto, desperté de malas. Enciendo el calentador, y el desgraciado no funciona; respira: ya habrá de arrancar. Pero sin gas no puede. Y sin gas me tengo que bañar con agua fría, y no puedo cocinar, así que las quesadillas se quedan en el refigerador.

III.
Después de dos sustanciosas rebanadas de melón, me estoy rajando de hambre. Pero no importa, porque en cuanto llegue a la oficina me voy a escapar a la Facultad de Veterinaria por unos tacos de canasta y asunto arreglado.
"¿Qué crees? No hay internet, así que no podemos trabajar" Bueno, entonces vamos por los tacos. "No, es que hay junta de no sé qué y tenemos que estar, por si piden algo." [!!! Grrr...] Y no pidieron nada.

IV.
Justo después recibo un mensajito de la coordinadora de editoras de revistas de señoras tontas, que tiene mucha más idea que sus editoras (bueno, de dos no me consta todavía porque apenas entraron). Decido que explicarle las estupideces que hace su editora por mensajito es medianamente imposible, así que me acerco al teléfono. Y maravilloso: tengo que esperar una hora y media a que lo desocupen.

V.
¿Saben qué? A la mierda: no quiero trabajar, no puedo trabajar, no estoy de humor para ninguno de ustedes, así que no me jodan. Voy a perder mi tiempo ominosamente en a ver cuántas páginas de internet, mientras finjo que trabajo.

VI.
El Festival me pone quieto; y además me doy cuenta (después de cinco años de religiosa asistencia) de que es casi tan viejo como yo. Ya me puedo ir a mi casa, rematar esa bendita carpeta, atragantarme el resto de la jícama y dormir el sueño de los justos, en la inteligencia de que los gatos van a escoger otro rincón de la cama.
Si tan sólo pudiera hacer quesadillas y una taza de té... (y no me digan el microondas, porque me chocan las quesadillas de micro)

viernes, 20 de febrero de 2009

miércoles, 18 de febrero de 2009

Un ojo de luz

Recibí hoy de un gran amigo, que siempre me manda por correo cosas muy curiosas para consumir irrisoriamente mi tiempo, esta fotografía. Quedé francamente asombrado y estuve un rato especulando qué requerimientos técnicos se deben cubrir para tomar una foto de 1.5 gigapixeles. De inicio, lo más evidente: una cámara y un lente brutales; pero ¿y dónde corchos se almacena la foto?
Presumo que todos los que ven la foto hacen más o menos lo mismo: le pican al zoom poquito a poquito, después ven hasta dónde llega y qué tan clara es la imagen del fondo; luego encuadran a Obama, el quórum sentado a sus espaldas, la banda de guerra, los asistentes de las primeras filas y al final el mar de gente que llega hasta el Lincoln Memorial.
Entonces empieza la metichería: la cara de hastío del señor ex-presidente, Bill y Hillary sentados junto a George Sr. y Barbara. No reconozco a ningún otro personaje, así que sigo paseando entre los asistentes. Me llama la atención el señor del sombrero tejano blanco del fondo. Vuelvo la mirada hacia abajo y de pronto lo veo: muy cerca de los Clinton, un hombre tiene una mancha sobre la cabeza. Veo de nuevo: es su propia cabeza.
Si entiendo bien cómo se tomó la foto, fueron varias tomas sucedáneas, o alguna suerte de panorámica circular como las que toman en las graduaciones, aunque no parece. Ese señor se movió en el momento del disparo y se volvió un fantasma de sí mismo, o quizá su sombra. Sigo meticheando y al fondo, a un costado de la banda de guerra, otra mujer es un fantasma también. Y después encontré muchos otros y ya no me pareció tan gracioso ni entretenido.
Me llamó la atención, también, que aparentemente nadie mira hacia la cámara. No es que le prestara atención a todos los espectadores a los que se les ve el rostro, pero entre todos, de ninguno pude ver la mirada.
Entonces tuve una sensación muy extraña: quienes están en esa foto pueden estar en dos instantes, y desdoblarse; esto que veo no responde al espacio, sino al tiempo, y cada persona que se desdobla en un punto es un espectro, que es sí misma y no. De pronto me viene a la memoria una clase sobre literatura romántica en que una de mis amigas le preguntó a mi maestro su signo zodiacal; ya no recuerdo cómo emigró eso a preguntarnos: "en la mañana, cuando te despiertas, ¿cómo sabes que eres tú, que quien se fue a dormir es la misma persona que se despierta?" Y nadie pudo contestar; hoy tampoco lo sé, y la sola idea de que mi conciencia no sea suficiente para reconocerme es a la vez atroz y alentador.
El asunto, entonces, es que la fotografía (y ésta en particular) es una forma muy rupestre de entender cómo funcionan las cuatro dimensiones, qué implicaciones tendría desviar o perturbar cualquiera de ellas.
Si nos ponemos muy puntillosos, nunca vemos el presente, como no tocamos absolutamente nada: vemos el pasado, que llega a nuestros ojos millonésimas (o partes más pequeñas aún, hasta rozar lo inconmensurable) de segundo después de que se despide la imagen. Digamos que toda imagen es una estrella, pero en menor escala.
Hoy es un buen día para encontrar, a ver en qué librería, Camera lucida de Barthes.

martes, 10 de febrero de 2009

Sana procrastinación

En definitiva no tengo ni tantitas ganas de trabajar, así que para fingir que hacía algo, me puse a revisar los discos en los que duerme mi computadora; v.g. diez años de cuentos y escritos dispersos. Por supuesto, me es imposible siquiera pasarle el ojo a todo eso en este momento, así que escogí una carpeta que tenía pendiente de repasar desde antes de que mi computadora reventara.
Encontré esbozos de cuento, artículos que entregué a un periódico (si se le puede llamar tal), dos recetas para preparar pollo y poemas en verso y prosa (si nunca he dominado la poesía, no sé por qué me empecino en intentarlo). Dos de ésos ya habían aparecido aquí hace un tiempo; el que está más abajo compartía la página con ellos, pero se quedó guardado no sé por qué; además de que me divierte bastante, como que compagina con mi humor de estos días.
Lo del fondo... Otro divertimento, de otro tipo, también guardado en ese paquete dormido.


Detesto mecánica, matemáticamente al género humano. Empiezo por detestarme a mí mismo y luego a quienes tengo más cerca, como es el caso de mis vecinos, uno a uno.
Hay un lugar en mi odio reservado para quienes amé y otro más para quienes habré de amar; ésos que ya odio caben en una cáscara de nuez, sepultados bajo los hielos perpetuos.
Eventualmente odio lo que perturba el silencio, desde las respiraciones gruesas hasta los alfileres rotos. Entonces todo se vuelve negro con el silencio de la tierra, el dormitorio de los muertos.
El asco me surge cuando levanto los ojos: tantos y tantos alrededor de todo, esparcidos como granos a punto de germinar. Son las flores del campo más vasto, el límite bajo de los cielos; y me son gravemente importantes.
Cada poro de mi piel está seco de sudar bilis, he dormido abrazado a un lagarto, bebo a tragos largos el ácido que extraigo con el punzón, me he mordido los dedos hasta perder las huellas dactilares y nada parece diluir este desprecio geométrico por todo.
Me divierte inventar rencores que no tengo.


FALSAS PROMESAS
Por el bien de la poesía
prometo no escribir un verso más.

lunes, 12 de enero de 2009

Tercera ley de Newton

Esta mañana acuñé una nueva cicatriz. No están ustedes para saberlo (y, en el fondo, sé que no debiera contarles esto, y quizá algún día me diga: "estúpido, debiste callarte ese ímpetu narrativo tuyo"), pero no todas las cicatrices de mi cuerpo se deben a un accidente: en algunas hay voluntad, y en todas hay memoria, salvo una en la rodilla que no sé cómo corchos pasó.
Mientras disfrutaba el sueño de los justos (o algo parecido, porque me revolqué por la cama la mitad de la noche), tengo la impresión de haber girado sobre mí mismo, tengo la sensación de la almohada en la cara. Pero seguía en la duermevela; lo que me despertó fue el salto feroz que dio la gata: dormida entre mis rodillas (debí tirarlos de la cama desde el primer día...), se asustó cuando me sintió girar y me pateó las corvas. Y un segundo después hizo a bien caerme en el hombro derecho, garras abiertas.
Alcancé a mentarle la madre antes de que se bajara de la cama -y en la oscuridad adivinaba unos ojos que respondían con una mentada de la misma intensidad, pero en sentido contrario- y se fuera a dormir a la silla de la "sala" (no tengo sala, así que la referencia es estrictamente espacial).
En la regadera sentí un ligero ardor en el hombro. Ha habido peores.
Cuando me fui, le rasqué la cabeza, le jalé una oreja y le di un beso en el cuello. Mira si te he de querer.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Tengo miedo

Formalmente, hoy es el último día de actividades en el Centro de Ciencias de la Atmósfera, a.k.a. mi base de operaciones. A partir de mañana estoy libre de venir, lo cual es una fea situación: para una persona como yo, de perfil obsesivo/compulsivo, en constante necesidad de actividad (o rumia más estupideces de las que es sano rumiar), no hay nada peor que las vacaciones.
Hace poquito más de dos años, cuando era factotum/esclavo administrativo en aquella infame empresa de serigrafía industrial -que, a su vez, es esclava de Telmex-, daba las córneas a cambio de un mes de vacaciones; y no me dieron ni dos semanas. Hoy, a un año y medio de gestionar estas revistas para científicos locos y señoras tontas, no es que quiera pasarme las horas de mis días aplastado en mi oficina porque disfruto inconmensurablemente mi trabajo (me gusta un chorro, sí, pero hay otras cosas que quisiera hacer, y con más ahínco), sino que es mucho más interesante y productivo que pasarme esas mismas horas aplastado en mi casa, viendo tele y con los gatos encima.
Mas no todo es oscuridad: este túnel por fin se termina (y, carajo, qué bueno) y el año que entra obligatoriamente tendrá que ser mejor; si no, entonces habré de volverme más pagano y empiezo a degollar gallinas... para la cena, por supuesto.
En cualquier caso, me queda el "kit de emergencia en caso de inactividad", consistente en una corrección de casi cincuenta cuartillas a entregar la semana entrante (los dioses bendigan a mis clientes), muchos correos que no mandé en el último mes y que se tienen que enviar sí o sí, muchas horas de ocio disperso, unas cuantas visitas intempestivas y esporádicas a la oficina, "para revisar el correo y que no se sature"...
¿Cuál miedo? Ténganme miedo, porque tengo hambre.


Watching The Wheels - John Lennon

(Debía algo de John -que además ajusta-, como debo algo de George.)

lunes, 6 de octubre de 2008

Contener la tentación

El viernes, después de ladrar no sé cuántas horas en la oficina, con los ojos hinchados de leer en la computadora no sé cuántas horas las novelas de Caza de Letras (ya haré un comentario en las horas que siguen, pero allá) y por la maldita gripa que todavía no me quito de encima, caminé tan tranquilo como pude a la casa.
En mi camino me crucé con una muchachita morena, de ojos grandes, delgada casi ñanga y algo desgarbada, por harto coqueta. Me detuve un instante, con la absoluta sensación de que ya antes la había visto, o quizá quise creerlo así sólo para darme una excusa para detenerme un instante y coquetearle de vuelta. Cruzamos un par de palabras, y debo admitirlo: no pude contenerme y le rasqué el cuello, justo debajo de la oreja. Y no opuso resistencia.
Pasado ese momento de indecente coquetería a mitad de la calle, pasadas las caricias y las conversaciones, me disculpé y anuncié mi retirada, aduciendo el cansancio. Pero le pareció sencillo seguirme, caminar junto a mí, acercarse otro poquito si me detenía.
Y qué difícil fue decirle que no la podía llevar conmigo: ya tengo dos gatos en casa, que además cuidan que nadie intente siquiera usurpar la corona de su imperio; llevar una tercera, en resumen, era pésima idea. Y la gata se quedó sentadita en la banqueta, para después meterse entre los arbustos.
Carajo: un maullido y casi caigo herido.

viernes, 4 de julio de 2008

Histéresis (no, no estoy histérico)

Hoy tuve el impulso de levantar poemas de Girondo: hace ya un chorro que no aparece aquí nada que tenga que ver realmente con literatura -salvo una que otra curiosidad incidental- y se supone que este espacio se iba a dedicar a eso (ah, pero te encanta pasar el chisme y promover la metichería ajena...). Sin embargo, el internet es cosa de poco fiar y nada de lo que encontré sirve para mis fines, así que será hasta la semana que entra (o el domingo, porque ya me estoy haciendo a la idea de que voy a tener que venir, otra vez).
En fin, para compensar, una reflexión profunda que deriva en algo ridículo:
Mientras hacía mi investigación sobre cambio climático (que aparentemente nunca va a terminar: tanto dato que considerar, tantas cosas que hacer, tanta información), el Wikipedia -casi tan sabio como Eclesiastés- me dijo lo siguiente: "En términos generales, casi todas las formas de variabilidad interna en el sistema climático pueden reconocerse como una forma de histéresis, lo que significa que el estado acutal del clima refleja no sólo los acontecimientos, sino también la historia de cómo llegó ahí. Por ejemplo, una década de condiciones secas puede causar que los lagos se encojan, se sequen las planicies y se expandan los desiertos. En consecuencia, estas condiciones pueden provocar que llueva menos en los años siguientes. En resumen, el cambio climático puede ser un proceso que se auto-perpetúa pues diferentes aspectos del ambiente responden a diferentes escalas y en distintos modos a las fluctuaciones que inevitablemente ocurren".
Ahora, la histéresis, en la definición de la Real Academia, implica fenómenos biológicos y físicos: "[...] el estado de un material depende de su historia previa. Se manifiesta por el retraso del efecto sobre la causa que lo produce". ¿Qué tal si yo soy ese material?
Presumo, por añadidura, que mi estado físico (ñango, por debajo de los 50 kilos desde hace no sé cuántos años [ténganme envidia, reinas], con una inamovible cara de cansancio, ojos enrojecidos, dolores varios repartidos por el cuerpo) se ha perpetuado tal a fuerza de excesos, y presumo también que dicha perpetuación tiende ad infinitum en tanto cada vez parece que tengo más cosas que hacer y tantísimo menos tiempo para terminar.
Hoy, lo mismo que hace varios días, tengo cara de borrego a medio morir.

lunes, 30 de junio de 2008

Reuters

El autor de estas notas y, por tanto, culpable de este blog, anuncia sin muestra mayor de gusto que se dispone por fin a hacer camino a su casa.
Cronotopo: lunes 30 de junio, 01:20 hrs., Centro de Ciencias de la Atmósfera, Instituto de Geofísica, Universidad Nacional Autónoma de México, Coyoacán, sur de la Cd. de México.
O en castellano regular: ya es otro día y sigo metido en mi oficina. Grrr...
¿Buenos días?

jueves, 5 de junio de 2008

Un informe del que apenas formo parte

Estoy a nada de quejarme, pero no lo hago porque segurito Xotlatzin me regaña.
Y sin embargo lo voy a hacer (disculpe usted, caballero, pero el impulso de la costumbre es más poderoso que la contención): por motivos que resultaron muy cómodos para mi jefe, llevo dos días leyendo el Informe de Labores 2007 del Centro de Ciencias de la Atmósfera, donde orgullosamente laboran cinco (¿o seis? Tendría que revisar los cuadros que colgaron en el Muro del Orgullo [!!!]) miembros del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, a quienes -como bien sabrán- galardonaron con el Premio Nobel de la Paz junto con Al Gore.
Lo que nos pareció ridículo a varios es que el Panel obtuviera un premio que ni de lejos le corresponde: ¿alguien ha visto mejores condiciones de vida después de iniciadas las labores del IPCC, en algún lugar? ¿No? Pero si es harto evidente que los estudios sobre los fenómenos de El Niño y La Niña redundan en un beneficio directo para la situación política y social de países como Congo o Ruanda o Irán o Tibet, tan en boga últimamente. Para no ir más lejos, el análisis de las partículas suspendidas menores a 10 micras sin lugar a dudas ha sido coadyuvante esencial para lograr acuerdos con los grupos armados del sureste mexicano.
En fin, que en el Informe se ufanan -con alguna justicia: la abrumadora mayoría no nos hemos ganado distinción tan importante, aún- que un número significativo de los investigadores mexicanos galardonados con el Nobel forman parte de la plantilla de este Centro.
Pero independientemente de mis quejas por la falta de sentido común (reitero y reiteraré hasta que tenga una lápida encima: el oxímoron que más me pesa [más que mi lápida]), hoy me quejo de las 117 páginas que tengo que corregir. Y puede que no estén terriblemente mal escritas, pero cuando uno pregunta "¿Y cuándo tengo que entregar esto?" y contestan "Para ayer", pues jodida la cosa.
Como corolario funesto, la Secretaria Académica acaba de detenerse en la puerta de mi oficina: "¿Cómo va el Informe?". En mi cabeza suena un grillo, y yo tengo que contestar que ahí va, ya pronto.
Si yo fuera parte de la escoria que conforma el H. Sindicato de Trabajadores de la UNAM (el consenso es que nada peor le puede suceder a la Universidad), me levantaría rabioso y echando espumarajos, gritando que no son mis funciones y amenazando con que les voy a cerrar la dependencia... Mala cosa tener constitución moral.

sábado, 19 de abril de 2008

Por omisión

Uff... cuántas cosas para una noche de viernes. Hay tanto de lo que podría escribir, pero tendré cuidado, quizá decoro, o será contención, y no escribiré de todo eso. En todo caso, a manera de ejercicio, tendría que hacer una lista de las cosas que no voy a escribir, a saber:
1) Los boletos gratuitos que uno puede revender, sin hacer mella en cartera ajena.
2) Los conciertos de metal-noise, harto extraños.
2-bis) Las texturas sonoras.
3) La gente extrañísima que asiste a tales (si yo asistí... no hay que terminar la frase).
4) La gente que le entra al slam (años que no veía uno) y los ñangos que mejor guardamos distancia providencial.
4-bis) La gente que baila algo entre polka y metal cuando le entra al slam.
5) Los músicos que hacen cosas bien interesantes, pero cuya persona en el escenario es ridícula (bueno, me reí un rato de él).
5-bis) Los músicos ñangos que seguramente tienen voz de cachorrito, pero procuran ladrar cuando se dirigen a su público.
6) El camino a pie de regreso a casa (qué lindo es Reforma a la una de la mañana).
7) El hambre.
8) El transporte nocturno.
8-bis) Compartir las monedas con una perfecta extraña porque el transporte nocturno no da cambio.
9) Los intentos de despertar temprano (en sábado... grrr) para venir a esta oficina a trabajar en un sitio de internet de arte contemporáneo.
10) Los tenis rotos y los charcos lodosos y la lluvia y los calcetines mojados y el squish squish de cada paso.
11) El número de este post.
Hecha la lista de las cosas de las que no voy a hablar... Ya, qué importa. Me voy a mi casa a comer y luego a comprar zapatos (ujú, shopping!! grrr...).