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jueves, 16 de junio de 2011

Pero de veras tómalas

Vagaba por obligación en la página del ICATI y me encontré con esta chulada. Hay algo igualmente encantador y perturbador cuando se encuentran contradicciones como ésta.

jueves, 13 de enero de 2011

El vhiernes (casi)

Tan mal, en tantos sentidos, de tantas formas, que no sabría por dónde empezar. Sólo voy a invocar las reglas de la furia: seguro a la primera deducen las razones que amparan la presencia de esta joya en este intolerante blog.

miércoles, 12 de enero de 2011

En las vísceras

Tuve el impulso (muy a destiempo: hay que entregar un catálogo el viernes, y otro más por la tarde, y una tira de materias la semana entrante, y hacer como que estudio [ajá...] para el próximo examen de la UNAM) de revisar un cuento. No están ustedes para saberlo, pero lo poco que he escrito en mucho tiempo ha sido por encargo de Eme-Equis, vía Antimio Cruz.
Me gusta "Ámbar gris" por el ritmo que logró y la cantidad de sensaciones que lo cruzan. Independientemente de ese impulso paternal de exhaltar a mis hijos, sucede que soy corrector de estilo, y ya pasó mucho de que escribí el cuento, y ahora lo miro con la navaja en una mano:
No llevan prisa. Saben que todos van a estar sentados en la sala, contando las mismas historias, fumando y tomando cerveza. Saben que, pasadas un par de horas, se van a empezar a aburrirse, Octavio se va a acordar de Susana y le va a marcarllamará a las tres de la mañana, Miguel se va a adueñartomará control sobrede la música y todos se van a quejar, todos le darán su dinero a Horacio va a juntar dinero para más cerveza y botana y se va a quedar conpodrán dar el cambio por perdido, a las cinco van a cenar a ver dónde y luego él tendrá que llevar a varios a sus casas. Prefieren no llevar prisa.
¿Qué hacer cuando uno tiene este ojo de carnicero?
En otros menesteres, el cuento cobra una dimensión más después de leer los capítulos aromáticos (llamémoslos así) de Moby Dick.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Patriotero

Recibí hace poco (no sé por qué) una invitación para la pasarela Historia de México a través de la Joyería, a realizarse en San Martín de las Pirámides. Pero mejor lean: ¿quién soy yo para ahondar en detalles?

Disculparán la mala calidad de la imagen, pero el archivo (y sus errores tipográficos) corre a cuenta y cargo de los organizadores.

viernes, 28 de mayo de 2010

Cartografía

Me encanta leer mapas, entienda cómo se hizo la cartografía o no, todo lo que está ahí contenido, tenga uso práctico o no. Obseso y ñoño como soy, los Google Maps me parecen fascinantes. [rayón de acetato] Aunque haya sucesos lamentables…

miércoles, 12 de mayo de 2010

Yo digo que ellos no

La vida digital, cualquier cosa que eso signifique, está a expensas de dinámicas propias y ajenas: sitios visitados, hábitos de lectura, tendencias de navegación, obligaciones profesionales y laborales, bases de datos en manos de terceros… Es esencialmente imposible que una página no tenga anuncios publicitarios de algún tipo, desde la publicidad contextual de Facebook hasta el bombardeo invasivo de los repositorios de donde uno descarga los ominosos Gb de música que constituyen mi colección personal.
Por supuesto, en ocasiones esos anuncios llegan a ser interesantes y casi se agradece su presencia en la página en cuestión; pero las más de las veces son una ofensa, ya porque aparecen chorros de ventanas, o porque hacen chuladas como la que sigue:

miércoles, 10 de febrero de 2010

Anti-edad



I.

En la fiesta de premiación.
– ¿Cuántos años tienes?
– Veinticuatro [en ese entonces].
– ¿En serio? ¡Qué chistoso! Cuando te leía creía que eras el más viejo de todos.

II.
– ¿Cuántos años tienes?
– A ver, haz tu cálculo.
– ¿Treinta y cuatro?
Me río; inmediatamente ataja:
– ¡Nooo! ¿Treinta y ocho?
Ahogo la risa: "Veintiséis [en ese momento]." Lo que los dos sabíamos es que ella era mayor, sólo que nunca supe por cuántos años.

III.
– ¿Y cuántos años tiene Oliver?
– Veintiséis.
– Hubiera creído que eras mayor. Y es raro: normalmente no me fijo en chicos más jóvenes.
– Ya ves: soy más viejo de lo que soy.

IV.
El lunes, de camino a mi clase con un arquitecto que no sabe absolutamente nada de escritura (ni lo esencial de acentuación, pues) y tiene que presentar su tesis de maestría en ocho meses:
– Oye, oye. ¿Te gustaría participar en un estudio de mercado?
Ya pensando en la excusa que voy a dar para rechazar la oferta:
– ¿Y en qué consiste?
– En comer yogur. Son como dos horas y te pagarían trescientos pesos. ¿Cuántos años tienes?
– Veintisiete.
– Híjole, no: es hasta los veintiuno [!!]. Pero muchas gracias.
– Sí, qué pena que no puedo ayudarte.
Y sigo caminando a mi clase, pensando en el ejercicio que el arquitecto tendrá que resolver.

V.
Platicando por el servicio de mensajería de Facebook con quien fuera amiga mía en la primaria, o el kinder; hace veinte años al menos que no la veo. La razón por la que recobramos contacto: mi intempestiva oferta de hacer fiesta de reunión en casa.
– ¿Por qué no hay fotos tuyas en tu perfil?
– Porque yo no me tomo fotografías. Pero mis amigas lo hacen por mí y me etiquetan.
– ¡Sube fotos!
– Quisiera (no, eso no es cierto…), pero no puedo. No tengo fotografías mías, salvo unas cuantas en casa. Pero ésas están esperando su momento.
– Ah, ya te encontré. Estás igualito a como te recuerdo. Te pareces a tu papá.
Arrojo el cuerpo al respaldo de la silla, francamente pasmado.
– ¿Recuerdas a mi padre? –pregunto con desconcierto. Ella no lo sabe, pero tengo la boca abierta y siento el cuerpo frío.
– Sí. Iba muy seguido a la escuela. Pasaba por ti.

VI.
Tengo la sospecha de que el consumismo contemporáneo y la falta de valor de las cosas pequeñas se debe a que el tiempo, ahora, se deslava. Alguna vez lo importante fue el tiempo futuro: la gloria inmarcesible de Aquiles, el reino de los cielos, yo qué sé. El eterno presente, más efímero de lo que es en esencia, es una invención amarga.
Reconocer el paso del tiempo, sin excusas, tangentes, quimeras ni máscaras, a veces ilumina.



Ésta es la publicidad que me fascina. ¿Qué compra en verdad la usuaria?

lunes, 8 de febrero de 2010

De hierro no es

Mis amigos conocen mis obsesiones, y las alimentan (muy sanamente):


Mis años de esclavo palaciego, con un salario miserable, con la omnipresente capacidad de los compañeros de trabajo para el canibalismo, obligado a tolerar adolescentes caprichosos y pretenciosos, a señoras indecisas que recorrían la tienda arrojándome pieza sobre pieza de ropa, para al final decidir que mejor regresan otro día porque no están seguras de que las calcetas le vayan a gustar a su hija, con las señoras que encuentran que su hija anoréxica y yo somos de la misma talla (lo cual no habla bien de mi complexión, aunque yo coma tres o cuatro veces más que la hija anoréxica); mis años de esclavo palaciego, decía, se ven súbitamente ajusticiados.
No sé quién sea el fotógrafo, pero con el corazón de borrego rabioso en la mano le doy las gracias.

martes, 26 de enero de 2010

La técnica

Si mal no recuerdo, son recurrentes los chistes sobre la calidad de ciertos aspectos de la formación académica de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. Por supuesto, siempre hay excepciones que confirman la regla; la única que me viene a la cabeza (pues no conozco más alumnos del IPN) es mi padre, que estudió en la Escuela Superior de Comercio y Administración.
Lástima que las capturas de pantalla no sean suficientemente nítidas. Pero bendita la cosa del hipervínculo (digo, por si quisieran ir a chismear con gana).


jueves, 19 de noviembre de 2009

Segunda persona del singular

A pesar de que antes consideraba la labor del corrector de estilo como una grave ofensa a mi honor, hoy es sin duda una de mis grandes diversiones: un justificado ejercicio de mi soberbia, pagado (a veces) y que otros agradecen (las más de las veces no).
Hace tiempo ya que caí en cuenta de que el diacrítico es el reto más grande de cualquier ortografía, pero hasta hace poco –tras revisar las fotografías que esperaban su momento para demostrar el pobre dominio que tienen los publicistas de la lengua española– noté que la segunda persona les aberra.
El lenguaje es revelación y constatación. Así como dice en la columna de la derecha, eres como escribes y hablas: eres tus palabras (y lo que comes y con quien te juntas y lo que lees y los sitios de internet que visitas y el teléfono celular que usas y los pantalones que vistes…). Si "tú" –el otro– es imposible y si ni siquiera se respeta su grafía, cabe preguntarse qué sucede en la relación entre el yo y el otro, entre el que está en estos zapatos e interpela al que no es sí mismo. "Yo es otro", dijo Rimbaud; y qué maldita razón tenía el niño precoz.





"??? No entiendo. ¿Dónde está el error?"
Aquí merito:

lunes, 19 de octubre de 2009

La tabla del cuatro

Buscando información para el próximo examen de admisión al Sistema Universitario Abierto de la Facultad de Filosofía y Letras; en la página donde se refieren las características del sistema –en cualquier carrera–, me encuentro esta gloria, que vale por dos:


Una vez cada cuanto me pregunto por qué los licencian. Hoy me pregunto qué clase de licenciados podemos esperar si los licenciantes se permiten este tipo de cosas.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Miscelánea

a) Hoy comenzó la Caza. Haría un comentario sardónico, pero no puedo (en términos lisos, el sitio está vacío, al menos hasta las cinco de la tarde); en cualquiera caso, Álvaro ya hizo el favor de insinuarlo.
a') Me gusta que, desde el principio y obligatoriamente, los participantes deben interactuar con los demás y ofrecer un comentario crítico con respecto al trabajo ajeno. Como crítico literario de formación, como escritor (siguiendo el eufemismo de Naciones Unidas, en vías de desarrollo), como jodetas y metiche, me parece que fue la decisión más acertada que pudieron tomar: sin crítica, autocrítica ni reflexión, cualquier trabajo, disciplina, arte, oficio y todo lo demás que ustedes hagan o dejen de hacer o se rehúsen a hacer, es inherentemente estúpido. Si en verdad somos la especie civilizada que presumimos que somos desde hace no sé cuántos siglos, para este momento deberíamos tener perfectamente dominada la capacidad de tomar una postura (y es obligatorio tomar partes en todo) y defender esa decisión con argumentos que sobrepasen el "porque lo digo yo y te chingas".
Pero bien sabemos que la crítica es veleidosa...
b) En ocasiones me veo casi obligado a tomar chocolate caliente y pescar a los gatos, hacerme bolita con ellos y quedarme tirado en la cama un rato largo. Hay ocasiones, también, en que más me valiera callarme la boca o ser consciente de las pendejadas que pienso, detenerme y cambiar de tema en esas interminables discusiones que tengo conmigo mismo (y contra mí, y contra otros in absentia). Entonces hay noches en que pesco a Ruperto y hago otro intento feroz de quedarme dormido; y de malas y algún tiempo después, pero lo logro.


b') Cuando una cosa así pasa -y cualquier médico me puede avalar-, el sistema baja el switch por sí mismo, y jodida la cosa: tengo inicios de gripa. Que me dé gripa es increíblemente difícil, pero se vuelve una patada de mula y me puedo pasar un mes así. Ah, pero te rehúsas a tomar medicamentos y ni aspirinas tienes en la casa y no digamos visitar al médico porque ladras y un jugo de naranja hace su trabajo y al rato me curo y nomás es una gripa.
c) Abrumado por la exhorbitante cantidad de votos (chorros de gracias a esa hueste de metiches) que dejaron en la encuesta de aquí a un lado ('¿Qué género musical se nos antoja'?), cumplo lo que toca y les pongo un disco de pop: me tentó la posibilidad de poner a Britney o Back to Basics (que, hay que admitirlo, está rebién hecho) de Christina Aguilera, pero la opción fue el Feels del Animal Collective. Como advertí desde un inicio, tiene poco de convencional, pero debajo de todos los ruidos que escuchen hay una estructura melódica que casi podrían relacionar con los Beach Boys (ellos dicen que es su disco amoroso y que todas las canciones tratan el tema). Con un chorro de inteligencia, estiran esa estructura y la llevan a límites gloriosos. Además de eso, me gusta un chorro.
Animal Collective

d)

martes, 23 de septiembre de 2008

(Hagamos como que estoy de buenas)

Me habrá de perdonar el señor Xotla por el ventanazo, pero tengo que decirlo: me quedé esperando su sugerencia/petición para las rolotas de allá arriba (si gusta, pase a la sección de comentarios y remítalos, que serán bien recibidos y atendidos con prontitud).
Ahora, considerando que Rick Wright falleció el pasado 15 de septiembre, podría tomarme el caprichito (que más bien sería un minúsculo tributo) de publicar allá arriba un chorro de rolas de Pink Floyd -por supuesto, aquéllas en las que los teclados tienen preeminencia- o composiciones del propio Wright (y mira si le debemos unos rolonones); sin embargo, como ésta es todavía una pequeña y tiránica democracia, les dejo otra encuesta: "¿Qué género musical se nos antoja?".
Consideren dos cosas al momento de emitir los tres mil [sic] votos que espero: en las Rolotas se publican, por lo general, discos enteros o una compilación que dura más o menos lo mismo que un LP estándar; no esperen nada convencional, pero tengan por seguro que la selección es reeebuena, y no es presunción.
Y ahora pasemos al dos por uno:

¿Les quedó duda? No hay problema: un close-up, para despejar una de las dos incógnitas (vamos, que la otra abruma de evidente).
Terminado. Ya hice como que estoy de buenas. Sólo por hoy.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Servicios de bienes raíces

Vender cosas no es sencillo (hay una estufa arrumbada en una esquina de mi casa desde hace tres casas); vender cosas grandes, digamos una casa o un terreno o cualquier bien inmueble, es todavía más difícil, y los cuates están para dar cuenta de ello.
Pero eso no es problema si uno cuenta con un servicio de asesoría como éste: vaya con ellos, seguro en una semana venden hasta a su abuela en la mecedora.
(Disculparán la calidad de la imagen, pero el aparatejo no toma fotos extraordinarias a la una de la mañana.)

jueves, 11 de septiembre de 2008

Las consecuencias reales del calentamiento global

Uno de mis grandes placeres es comer, y una de las mayores envidias que me pueden tener (reinas) es que puedo hacerlo durante dos horas seguidas y mantenerme en mis 46 ñangos kilos, sin importar si el buffet es de supremas de cabra en salsa de fresa o tacos de suadero. Y por supuesto, es un crimen levantarse de la mesa sin tomarse dos tacitas de café bien cargado y dos o tres platitos de postre.
Ese gusto por comer se traduce en el gusto por cocinar, y si en general mi creatividad para los platos es más bien corta, puedo seguir recetas e improvisar un tanto sin caer en el crimen de tirar lo que cociné porque el sabor es espantoso. No es sorpresa: me pasé casi toda la infancia en la cocina con mi madre y mi hermana es chef, aunque hace ya mucho que no me toca uno de esos platos espectaculares que preparaba en la carrera (bueno, es un decir, porque dos veces estuvo a punto de envenenarnos: le perdonamos ésas nomás porque eran los primeros semestres).
En consecuencia, ir al supermercado a comprar fruta y verdura es hasta relajante; y además es bien bonito cuando las señoras se me quedan viendo porque me paso diez minutos escogiendo melones y tomates...
Pero los tres párrafos anteriores son mero introito, así que bien se los pudieron haber saltado y la diferencia sería mínima o nula... Pasemos al punto: el domingo, después de mucho de no poner pie en el súper, fui por fin a comprar fruta. Y en el pasillo de entrada me ofende esto:


Un segundo después de tomar la foto me pregunté si no era todavía verano; momento: todavía es verano, al menos astronómicamente, ¿o acaso será que en mi ostracismo no me di cuenta de que ya fue el equinoccio de otoño? Sí, me desconcertaron el señor de rojo que baila y canta villancicos, el reno y los muñecos de nieve.
Al cabo de las reflexiones, mi única conclusión es que el calentamiento global no tendrá consecuencias inminentes o a corto plazo: ya las estamos viviendo en toda su trágica amplitud y no hay ya distinción de estaciones climáticas, así que el señor barbado del Polo Norte simplemente no supo distinguir y presumió de iniciado el invierno. Aunque también creo que me quieren ver la cara en el supermercado...
Con su permiso, creo que se me está haciendo tarde para comprar un pino. Sirve que de paso compro otra cajita de cereal, como la de abajo.



viernes, 5 de septiembre de 2008

Así somos de importantes

En mi oficina nos reunimos para festejar los cumpleaños de los miembros de los grupos de Mutagénesis y Citogenética Ambiental: papaya, cacahuates y botanas, queso, refrescos y pastel; suena a fiesta infantil, pero con doctores de bata blanca, reunidos en un laboratorio donde hay tres centrifugadoras, un autoclave, un refrigerador que me da franco terror abrir y una mesota con una placa de acrílico donde creo que preparan cultivos bacterianos.
¿Y qué corchos hago yo ahí, si ni siquiera sé qué hacen en el laboratorio de Mutagénesis? Ah, pues resulta que el director del grupo, el Dr. Rafael Villalobos Pietrini, es también el editor de la revista donde trabajo, así que invitan al equipo de la sección editorial a todos los convites. Además el hijo del Dr. Villalobos es el diseñador y mi jefe fue alumno suyo: en ciencias, hasta donde he visto, hay una suerte de vicio por la endogamia.
Justo vengo de una de esas reuniones, con una particularidad: esta vez no festejamos el cumpleaños de nadie. En julio pasado, la Revista Internacional de Contaminación Ambiental (aka la revista donde trabajo) fue aceptada para indización por parte de Thomson Reuters en el Science Citation Index Expanded y en Journal Citation Reports, después de algo más de un año de evaluación. ¿Y eso qué corchos importa? Thomson Reuters, antes Institute for Scientific Information, es la empresa que dice qué revista académica es importante para la comunidad interesada y cuál presenta los mejores contenidos en su área, entre otras varias cosas, pero no termino de entender; tienen mecanismos de evaluación para determinar la incidencia y calidad de las publicaciones y además concentran en un solo lugar la producción académica. Dicho en menos palabras, son casi el monopolio multimillonario del conocimiento especializado, cualquiera que sea el área.
Más importante todavía, hay sólo trece revistas mexicanas indizadas, y si nos vamos a poner presumidos, dos de ésas se editan en este Centro, el único en México que puede presumir tal. Por tanto, el hecho de que nos incluyan es de harta relevancia, suficiente para que el rector de esta Universidad nos mande una carta de felicitación firmada por su propia manita. A título personal, mi jefe y el Dr. Villalobos me tomaron todavía más aprecio, pues tal logro se debe en buena medida a mi trabajo aquí; no, no soy el héroe que rescató con sus nulos conocimientos de ciencia a una publicación de la que no entiende más que el directorio, sino que vine a ocupar una plaza crítica (y abandonada, junto a la de la secretaria: gracias, honorable Sindicato de Trabajadores de la UNAM) para el proceso editorial, y además lo hago bien.
En fin, el caso es que hoy nos festejaron con nueces caras que nos hayan aceptado.
Un rato después de empezar a mascar almendras y avellanas saladas, llegó otro hijo del Dr. Villalobos, que también es doctor en ciencias y que además es miembro del Consejo Editorial (¿no les decía yo de la endogamia?). Por lo general, en las reuniones de cumpleaños contamos chistes y repasamos el anecdotario reciente, echamos chisme (que si el sindicato, que si el doctor de no sé dónde hizo no sé qué cosa, que el presupuesto, que los salones, que los cuerpos colegiados...) y comemos calmadamente; sin embargo, este señor se puso un poco más intenso y empezó a hablar de nanopartículas y superficie específica y nitratos y diez a la menos nueve metros y que está de moda hablar de nanocosas y que la tecnología siempre está cambiando y...
Se me salió una sonrisa y de pronto escupí. "En literatura las cosas son más sencillas". Y como siempre en estas situaciones, las tres conversaciones de alrededor hicieron un silencio sepulcral. Ante la mirada curiosa de todos, tuve que argumentar. "Sí, desde hace veinticinco siglos la preocupación es la misma." Por respuesta, este señor me dijo que en poesía de pronto se ponen locos y empiezan con versos que tienen 'no sé cuántas sílabas y que si la rima'. "Uy, eso tiene seis siglos. Y desde los griegos ya se medían los versos. Sólo hasta finales del S. XIX empezaron a trabajar el verso libre." Ellos saben de átomos y bichos, yo sé de palabras y versos: estamos a mano.
Ahí terminó el asunto. Nos acabamos las nueces y todo mundo hizo camino a su respectivo cubículo. De inmediato me acordé de Samuel Gordon, mi profesor de Poesía Mexicana de la carrera, quien se manejaba un anecdotario maravilloso, como haber levantado del suelo a Rosario Castellanos (que era su maestra) cuando ésta se electrocutó. "¿Yo para qué quiero un teléfono celular? Hace veinticinco siglos que nos estamos haciendo las mismas preguntas en poesía. ¿Qué pinche prisa puedo tener?"
Y sí, ¿qué prisa tenemos?
Bueno, ahora pasemos a la diversión. Una chulada...


Addendum: resulta que somos tan, pero tan importantes, que hasta estamos en el portal de la Presidencia de la República. Lo curioso es que nadie sabe cómo llegamos ahí...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Una furia perpetua

O lo lindo de las formas rústicas o cómo se hacían las cosas antes o la incansable [sic] labor o la importancia de un corrector.

[...] Con tanto que todas las veces que hubiéredes de hacer imprimir el dicho libro, durante el tiempo de los dichos diez años, le traigáis al nuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue visto, que va rubricado cada plana y al fin dél [...]; o traigáis fe en pública forma de cómo por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha impresión por el original, y se imprimió conforme a él, y quedan impresas las erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fueren impresos, para que se tase el precio que por cada volumen hubiéredes de haber. [...] Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.
YO, EL REY.
Por mandado del Rey nuestro señor:
Juan de Amezqueta
Cervantes Saavedra, Miguel de. "Preliminares: Privilegio Real" en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605). Florencio Sevilla, ed. Biblioteca Cervantes. Madrid: Alianza Editorial, 2001.

Si el Rey de España lo manda decir, entonces habrá que prestarle alguna atención. El Privilegio Real -junto con la Tasa, la Fe de Erratas y la Aprobación- era indispensable para publicar un libro desde 1558 y sabrán los filólogos hasta cuándo. En este caso, a Cervantes le daban permiso para publicar el Quijote durante diez años, con lo que se "protegían" (tan bien como era posible, y sabido es que poco se pudo) o ya de jodido se acreditaban sus derechos de autor; por otro lado, se apuntaba la posibilidad de una edición subsiguiente corregida, ya fuera por la autoridad real (qué útil era la Inquisición) o que el autor se viera en la necesidad de hacer modificaciones a la obra.
Hace ya más de cuatrocientos años que el corrector de estilo forma parte del proceso editorial y comunicativo; y sin embargo, parece que publicistas, creativos, copy's y ejecutivos de marketing (cualquiera que sea la definición y funciones de esos puestos) se han olvidado de que existimos, y que somos útiles, y más bien indispensables en muchos casos. Quizá el trabajo de esos señores sea construir las campañas mediáticas -con presupuestos millonarios- para hacer difusión de productos y servicios que no siempre nos son necesarios: a todas luces, yo no podría pensar en los medios y estrategias para promover un acondicionador de cabello (más si consideramos que hace ya casi ocho años que no tengo cabello), y probablemente su atención se deba centrar en un texto que no siempre es escrito, aunque eso no los exime de la obligación de tener una ortografía impecable. Y justo ahí donde mi creatividad no sirve a fines publicitarios, su ignorancia de las reglas ortográficas, sintácticas y donde la semántica y los dedazos traicionan, es donde tengo cabida yo y entera la Cofradía de los Sabios de los Acentos [sic] (ajá...).
Dicho mi propio Preliminar, anuncio una nueva etiqueta en este blog, prima hermana de Terrorismo: si se encuentran con Furia Perpetua, quiere decir que en algún lugar de la imagen hay un(varios) error(es) de ortografía o gramática, o todo junto. Me limitaré a campañas publicitarias en teoría (y sólo en teoría) supervisadas por alguien, porque si le prestara atención a todo lo que se escribe a mano en paredes y changarros de fritangas, mejor fuera abrir un blog entero dedicado a tan ardua labor. Como única regla y apelando a la voraz metichería de mis (ocho) lectores, me abstengo de apuntar los errores que encuentre; sin embargo, tengan la absoluta seguridad de que alguien la cagó si está publicado aquí.
Así pues, para inaugurar esta entretenida etiqueta: una nota de compra.

Habrán de perdonar si está arrugada, pero ayer me hicieron rabiar y de alguna manera hay que descargar el coraje.
Por un momento creí que la nota no iba a ser elegible para formar parte de e inaugurar esta honrosa lista, pues pensé que el sistema de la tienda en cuestión carecía de acentos; pero al encontrar el que encierro en el circulito azul, pues jodida la cosa y ni México lleva acento (según ellos).
En fin, así la diversión.
En MUY otros menesteres, la Caza ha seleccionado ya treinta novelas; de ellas quedarán sólo doce alrededor de la segunda semana de septiembre. Y entonces leeremos. Sigo sin saber ni entender cuál será la mecánica de esta edición, pero con el ingenio que echan, seguro voy a poner en pausa el trabajo por andar meticheando por allá todos los días, casi todo el día. Oh, si me conoceré, y la exigencia de estar ahí adentro.