lunes, 14 de septiembre de 2009

Final abierto

I.
Cuando era niño, mis padres no me inculcaron realmente el hábito de la lectura; mi padre, por su parte, optó por no permitirme perder el sentido de la sorpresa. Quiero creer que de alguna manera sabía que eso sería más valioso, pues me llevaría naturalmente a desarrollar la apreciación de las cosas, a admirarme ante ellas (la literatura también); lo dijo Reyes en "Aristarco": la crítica más disciplinada requiere, por principio de cuentas, la capacidad de sorprenderse y disfrutar o sufrir las obras, que ya después vendrá el rigor y la disección taxonómica.

II.
Recuerdo que los libros de texto de la primaria (no tocaré el tema de los penosos planes de estudio propuestos a últimas fechas) estaban sembrados de cuentos; supongo que los autores supusieron en su momento que los niños no serían capaces de leer una obra más extensa. Leí a Rulfo, a Quiroga, a Arreola, quizá a Kipling. Recuerdo que en su mayoría eran cuentos de estructura clásica, de final cerrado.
En toda ley, la primera obra que leí fue Las batallas en el desierto, y después Aura. Muy poco tiempo después, a los quince años, empecé a escribir: la sombra de Felipe Montero, el narrador que me hablaba, el cuerpo de Aura, el cuerpo que cambia y que es el mismo, fueron directrices para ese primer cuento, para todos los que han venido después. La ambigüedad y el discurso polisémico. Nunca decir puntualmente; insinuar, marcar posibilidades. El sentido que subyace y excede.
Una cosa es el planteamiento; muy otra lograrlo.

III.
Un "asunto" que deben imputar siempre a un autor es su mal vicio de asociar su modus scribendi con el fuero personal; y peor todavía, su incapacidad para disociar su modus scribendi de su modus vivendi. En algún punto resulta de lo más normal cuando sus personajes (algunos) actúan como él, pero es del todo insano cuando concibe el mundo de la misma manera en que concibe la ficción.
Perder la conciencia de esos límites es tentar a la solidez de la cordura. Y sin embargo, parece tan natural que se suele caer rendido ante la ilusión de construir el mundo, de que uno es Allah el artista, y no un mero artesano. Peligro como pocos. Vicio mayor que cualquiera que nombren.

IV.
Es recurrente escucharme en un discurso ambiguo. Es recurrente que no diga lo quiero o debo decir, sino todo lo que se puede encerrar en una frase: al fondo de esa caja lingüística hay un gato de Schrödinger. Es recurrente que no sepa decir cuando debiera ser más sencillo. Y la voz quema, a veces dura, a veces amarga, a veces cruel, a veces insolente, feroz, torpe, dulce, sutil. Y la voz quema.
Si la ofensa sucede, será porque he sido torpe: insulto cuando quiero, deliberadamente y con confianza, jamás inercia.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

He ahí la cuestión

Por fin tomando un curso de Open Journal Systems -parte del Public Knowledge Project-, en virtud de que desde que entré a trabajar a esta revista se tiene el proyecto de utilizar la aplicación para administrar el proceso editorial. La verdad es que echar a andar OJS es proceso largo, rara vez complejo, locamente laborioso, y si no se cuenta con un departamento de cómputo que entienda cómo carajos hacer que funcione el servidor con Apache y que MySQL de verdad conforme la base de datos, no es recomendable jugar al editor del S. XXI.
El proyecto (disfruten del chisme/adelanto) tiene el fin de consolidar algo llamado "ego puma"; v.g. buscar rutas que coloquen a la H. Universidad Nacional Autónoma de México en mejores puestos dentro del ranking mundial. Una de las principales es darle mayor visibilidad y factor de impacto de las publicaciones académicas, su indización en ISI Web of Knowledge y Scopus, y dicho en poquísimas palabras, índices bibliométricos cada vez más altos que reflejen el alto nivel de la investigación que se realiza en casa. OJS, en tanto gestor de contenidos editoriales, pensado específicamente para publicaciones académicas, desarrollado por editores que apuestan por el libre acceso a las investigaciones recientes (muera el celo y la administración capitalista del conocimiento), cumple la función de eficientar y dar seguimiento a los procesos editoriales; eso, toda proporción guardada, ha sido mi función en esta revista desde hace ya dos años.
La tendencia "natural" que siguen las publicaciones (de cualquier corte) es la vía digital, aun cuando es estricto sentido es antinatural; el acceso en línea a cantidades insospechadas de información, de absolutamente todos los temas, permite la democratización que durante siglos ha sido meramente una ilusión. Si Leonardo fue El Gran Leonardo se debe a que tenía acceso a una biblioteca descomunal (en su momento) y pudo integrar y derivar ese conocimiento en aplicaciones que sobrepasaban a la información cruda.
Todo esta divagación se debe a que hoy me pasaron la siguiente nota, publicada en Facebook (ah, qué Web 2.0 soy [ajá...]) por Brena Smith, o eso creo, porque en realidad está almacenada en la cuenta de la biblioteca de CalArts y no encuentro quien la firme. Copio verbatim, así que los errores que le encuentren vienen de la fuente.
To Kindle or not to Kindle
I love books. I love all kinds of books - fiction, nonfiction, old books, new books (and sometimes even trashy books)...I love the printed page. I can't edit my writing on a computer, I have to print it out to make my edits. Despite all of the wonderful digital content available through various databases that I access regularly, I print it all out when I settle in to read. I often read when I eat. I normally read for at least a little bit before I fall asleep. If I were to add up all of the hours and days of my life that have disappeared into books, it would be...umm, a lot of time.

To my dismay, over the past several years there have been many commentators who state that the printed book is suffering a serious illness. The book is not not necessarily on its death bed, but sick. Very, very sick.

Unless you've been hiding under a rock, then you know the world of print publishing is changing. The print world is in decline, there's no way around it, there's no argument. Print publishing as everyone 30 and older has known it is going away. (Mr. Guttenberg is rolling over in his grave right now).

I follow the issues related to publishing very closely. It's part of my job as a librarian. Issues around publishing are very important to my profession because it directly impacts our libraries' collections and peoples' access to information. It is also important to my patrons, which include - because I am an academic librarian - college students and teaching faculty. Publishing is extremely important to the job security of many teaching faculty and can, in fact, make or break the careers of faculty members. What will they do if publishers cease to publish?

But I am not here to expound on how the decline of print publishing is affecting careers, access to information, education, or the spread of knowledge. These are other topics for other days. I am here to begin to pose questions about alternative ways to access books. The book is not going away, it just may look a little different than many of us are use to.

Earlier this year I went to hear a panel of professors speak who are active in the world of open access. The quick and dirty definition of open access is material that is published online and is freely available.* These professors I heard are strong advocates for open access publishing in many formats, including books. They are are in general strong advocates of alternative publishing. And on the topic of the book one professor claimed "we have fetishized the book;" we need to begin to think differently about the book.

I gasped. But the book is precious. It's important. Books change lives. It's..it's..it's... I. Love. Books.

And then I heard myself. I realized this man was right. We have fetishized the book. And from that point I began to question my relationship with books.

For a librarian, this could be considered a crisis of faith.

I remember several years ago when I first heard about the Kindle. I was with my sister and we were listening to the news. "Oh the horror!" I remember thinking about the report on the Kindle. I just couldn't imagine reading a book in it's entirety on an electronic object. I didn't think this Kindle thing would catch on. I had faith in my fellow book lovers. I ignored it. I ignored it the way we all ignore things that we know are not going away when we want them to.

I have been proven wrong. (This happens only on rare occasions. But it does happen). The Kindle (or any e-reader that matter) isn't going anywhere.

Publishing is changing. Our notion of the book is changing. We must admit this.

So, in the spirit of open-mindedness and "to try it before I knock it," I am giving the Kindle a shot. Luckily the CalArts Library purchased a Kindle and has been passing it around to the staff, so I don't need to shell out the $299. I will provide my review here and welcome your feedback.

I will say that my trial has gotten off to a rough start. I was given the Kindle last Friday and was excited to have it for the holiday weekend. As soon as I got home I pulled it out and prepared to charge it because the battery was dead. ...And realized - I, umm, forgot the power cord in my office. Sigh.

I'm not sure how I feel about book that require power.

In the coming weeks I will also be looking at different ways that libraries are utilizing e-book readers. I am very curious to hear from the CalArts community (and non-CalArts people as well!) concerning your thoughts about being able to access an e-book reader through the library and just your general thoughts on electronic books.

Happy reading!!

*Peter Suber of Earlham College in Indiana offers a good introduction to open access available here: http://www.earlham.edu/~peters/fos/overview.htm

The Directory of open access journal http://www.doaj.org/ provides a gateway to 4344 peer-reviewed journals. 1648 of them are searchable at the article level. All scientific and scholarly disciplines are represented, as are many languages.
Notita: esta revista donde heroicamente me desempeño está listada en el DOAJ.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Corazonada

Algo profundo en el corazón me dice una vez cada cuanto: "busca a [...]: es importante." Hoy busqué a la Fura, hoy me enteré que viene Boris; probablemente hubiera quemado cosas de haber perdido la ocasión, y me refiero a muebles de la oficina y el departamento de algún indeseable, habitantes adentro.
Sin saberlo, mi primer acercamiento fue en 1992; después vino Fausto y decidí que algún día tenía que trabajar con la Fura, o por lo menos asistir a todas los espectáculos posibles (he de irme a Barcelona).
Con mi escudera en avanzada, el lunes tendré boletos en la mano.


Para qué negarlo

Encontré esto en Pulsoma, uno de esos depósitos de glorias, hace tres días. Sigo temblando.

viernes, 28 de agosto de 2009

Scripta manent

Muchas veces he dicho (no me pregunten dónde, porque no me acuerdo; pero pueden metichear en la memorabilia de este blog) que me encantan los latinajos. Cierto, los abusos aturden: odié ese capítulo de Los detectives salvajes, precisamente porque Bolaño pone en evidencia a los "intelectuales" que no saben construir una frase en español. Quiero suponer que si tomara de nueva cuenta una clase de etimologías grecolatinas, esta vez la disfrutaría (también odié a mi profesor: no creo haber aprendido mucho de él).
Me acabo de cruzar con esto, y me acaban de ver raro por golpear la mesa en el estertor de la carcajada. Corchos, los siete enanos...

jueves, 27 de agosto de 2009

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sintagma y paradigma

I.
On my way to an appointment with the one that helps me keep my mind clear, after some ten hours of ranting. Still growling, almost kicking people out of my way; in my worst mood. About two blocks after coming out of the subway, I find myself singing "With a little help from my friends"; anagnorisis: all what The Beatles are, is what I am not now. And that is a sad conclusion to come up with: Lord knows my love for their music.

II.
"En tu estado, la rabia que sientes, la ansiedad y el agobio desmesurado, hay dos opciones: hacer que funcionen y darles un uso para cambiar las cosas, o la parálisis, perder la esperanza dado el estado de las cosas, porque no hay ya solución. Y a ti en particular te es muy fácil encontrar el error y el peor lado de cuanto sucede. Estás cayendo en esa desesperanza, y es donde no quiero que estés."
No es algo que pueda modificar con sencillez: la manera más correcta de atajar el problema es haciendo cambios mayores. No es un análisis profundo el que hago, pero me basta para saber que es faena titánica y de largo aliento (a pesar de que no hay tiempo siquiera para un respiro): cambiar el sintagma es absolutamente inútil, no tiene uso repetir o reconstruir un discurso. La necesidad real es modificar el paradigma y DESDE AHÍ construir un sintagma (todas las veces que escuchen a algún "intelectual" hablando sobre la construcción de un nuevo discurso, seguramente se le ha olvidado que el paradigma es el que define qué sintagma, y en consecuencia qué discurso, puede suceder).

III.
Es deseable -e indispensable si se plantea en términos reales- que el movimiento de mis ideas sea centrífugo. Evidentemente tendría que modificar mis propios paradigmas, pero las epifanías son elusivas. Mi creatividad no se enfrenta a este tipo de conflictos, suele resolver situaciones en la misma medida en que llena espacios vacíos o desarticula un discurso: en literatura, al menos, los grandes han sido quienes abordaron el sintagma de otra manera, quienes optaron por otra combinatoria; sólo en la teoría se ha modificado el paradigma, y por lo general han sido movimientos oscuros y difíciles de aprehender (consecuencia natural de ese nuevo paradigma).
¿Cómo hacer esas modificaciones profundas? Habría que sacar valor antes que otra cosa, y acelerar la furia de las ideas.
Nuevamente en ese punto entre la desolación y la proactividad. Nuevamente me confirmo que entiendo el mundo mayoritariamente en términos literarios.

martes, 25 de agosto de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

Mala paráfrasis de Milton

Supongamos que recuperara la vida académica y el inmenso placer que me provocaba la crítica literaria y la investigación: acabo de encontrar un pequeño paraíso que exprimiría hasta desprenderle el sentido.
Al menos Lucifer tenía un sentido heroico, y con altura moral.

"Carajo, cómo sufro."

Febrero será aciago

Todo ser humano debe tener acceso seguro al agua para satisfacer sus necesidades de consumo, saneamiento, producción de alimentos y de energía, a un costo razonable. (Matínez A.P., 2001; cita del artículo de uno de mis clientes)
El suministro es intermitente, cada vez más irregular. La colonia Del Valle, asumiendo finalmente las consecuencias de su sobrepoblación, resiente el desabasto y no es inusual ver un camión cisterna estacionado afuera de un edificio. El fin de semana me bañé en casa de amigos: no había agua en casa siquiera para lavar el tazón de los gatos.
Y de nuevo me pregunto dónde está el despliegue de paranoia que "salvó" a esta ciudad y después al país ante una enfermedad de poca relevancia en términos de decesos. Está bien: ya hay letreros en el metro. ¿Y luego? ¿Y la suspensión de garantías individuales, y el bombardeo (asedio) mediático, y la lluvia de estadísticas, y los expertos en el tema y ciencias afines, y el discurso a todas luces político y ordenado para obligar a una reacción conjunta?
No entiendo el sistema de prioridades.