miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Fura, la nostalgia, una acción y lo que hay en el camino

Muy a propósito de todas esas cosas (casi a modo de moneditas) que uno tira al pozo de la nostalgia, encontré el folleto de Obit, uno de los ¿espectáculos? que ha presentado La Fura dels Baus en esta ciudad.
Recuerdo la ceremonia de inauguración de las Olimpiadas de Barcelona 92; tenía nueve años y sin embargo la imagen de Hércules cruzando el estadio olímpico se imprimió en mi memoria a fuerza de sorpresa y admiración (lo recordaba, sin embargo, titánico, de diez o quince metros de alto: las perturbaciones y manipulaciones de la memoria no son sino las apropiaciones que cada uno es capaz de hacer, pero ése es tema para otro post, y quizá para otro blog). En ese momento, el nombre de La Fura dels Baus no se quedó conmigo, ni el de Ryuichi Sakamoto, pero en la era de la tecnología eso no representa un problema ya:





(Es una lástima que la era de la tecnología todavía tenga capacidades tan limitadas y todos los videos del YouTube sean una desgracia.)
Conocí a La Fura -con plena conciencia de ello- hace unos diez años, cuando presentaron Fausto 3.0; y salí pasmado del Teatro Metropolitan, abrumado de música e imágenes (por supuesto, el primer libro que levanté justo después fue el Fausto de Goethe). OBS fue aún más abrumador y tanto más divertido: la música industrial, los desplegados en las pantallas de "No se moje. No se mantenga en un solo lugar. Muévase. No se quite los lentes. Peligro de muerte", las proyecciones en tercera dimensión (edición en tiempo real), los cuatro montacargas cruzando el Ala Oeste del Palacio de los Deportes (entre el público corriendo), los actores armados de espadas y hachas, el corazón de cerdo que pisé y -sin saberlo- levanté del piso, todo eso configuró una experiencia que, como tal, no se puede describir.
Huelga decir que, a cada presentación, La Fura ha sido más radical: Obit no tenía un texto escénico, no había una dramaturgia detrás de la presentación, no había actores ni público. La acción colectiva simplemente estaba delineada (¿oscuramente? orquestada), sin explicaciones que limitaran las aproximaciones personalísimas que cada quien hizo, en ejercicios catárticos que cada quien tendrá que explicarse a sí mismo; en consecuencia, no hay dos percepciones del hecho que se parezcan siquiera. Y otra vez, la música fue avasalladora: entre electrónica experimental, noise, industrial y _______, el sonido de motores de avión como fondo para burbujas subiendo en glicerina -mientras nos lavábamos la cara- me hizo llorar.
El folleto (ése que mencioné al inicio) que nos dieron a la entrada tenía una encuesta en la parte de atrás; de alguna manera, mis respuestas me dicen mucho, principalmente porque no veo una diferencia significativa entre ese momento y éste. Por lo demás, es curioso (por no decir absurdo, mercadológicamente hablando [otra de esas cosas gloriosas de La Fura]) ser encuestado y que las respuestas no sirvan a nadie sino a uno mismo.

¿SABES QUÉ TE ENCONTRARÁS HOY, AQUÍ?
  • Una obra de teatro.
  • No lo sé.
  • Una acción colectiva.
  • Una conferencia.
PARA MÍ, LA MUERTE ES:
  • El final de algo.
  • El principio de algo.
  • El cambio de algo.
  • No me interesa. Nunca había pensado en ella.
CUANDO CAMBIO DE CASA:
  • Aún tengo las llaves de la vieja.
  • Me gusta.
  • Suelto muchas cosas viejas e inservibles.
  • Lo guardo todo.
CUANDO EMPIEZO UNA COSA NUEVA:
  • Me cuesta, pero me gusta.
  • Prefiero seguir con lo de antes.
  • Siempre busco cosas nuevas.
  • Lo nuevo me hace ver las cosas distintas.
CREES QUE:
  • Vivir es un rollo.
  • Vale la pena vivir.
  • Vivir es una constante lucha contra los otros.
  • Vivir es un acto de amor.
AHORA, EN MI VIDA:
  • Yo pongo las normas.
  • Sigo las normas.
  • Quiero cambiar las normas.
  • Paso de las normas.
MIS OBJETIVOS PERSONALES:
  • Los tengo claros.
  • Cambian constantemente.
  • No tengo.
  • Estoy perdido.
CUANDO ESTOY SOLO:
  • Me gusta sentirme solo y vacío.
  • Me aburro.
  • Es porque nadie me llama.
  • Necesito buscar mi espacio y mi tiempo.
YO PIENSO QUE:
  • No quiero morir solo.
  • Nazco solo y muero solo.
  • Sin ti no soy nada.
  • Prefiero no pensar.

Journey Home - The Nostalgia 77 Octet
(muy a propósito de esta última semana, en particular el día de ayer; recomendación de Ernesto: tsss... qué discote)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Re-mover

Frecuentar la memoria conlleva siempre el riesgo de perderse entre el pozo de la nostalgia o la irremediable catástrofe del autorreproche. Es adentrarse en una geografía en la que se ha perdido el centro.

Tenorio, Antonio. "La memoria está pariendo un corazón" [reseña para Informe contra mí mismo de Eliseo Alberto] en Ananké. 3-4 (1997-98): 52.
Toño Tenorio fue el director del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana durante los últimos tres semestres que estuve en la carrera. No era muy bien recibido ni apreciado por alumnos ni colegas debido a sus constantes chistes malos (peores que los míos, ya podrán elucidar), y supe que en alguna ocasión un ¿investigador, escritor? invitado a una conferencia reprobó su comportamiento, aludiendo de paso la atroz retahíla de chistes posmo. Sé que lo reclutaron como agregado cultural en Sudamérica y que es novelista, pero ni he encontrado sus libros, ni los he buscado, ni he terminado de leer todas las cosas importantes que tengo que leer; quizá algún día, pero de momento Kipling me exige atención, y después lo harán de nuevo Hawthorne y Gide y Poe y Cortázar y el S. XIX y los medievales y los clásicos y un pedazo de la vanguardia y la Nueva Novela Francesa y quizá, sólo quizá, las dos novelas que debí haber escrito hace más de un año y los cuentos que siguen en borrador después de ¿tres? años.
Al margen del breviario biográfico (absolutamente inútil a los fines de esta entrada), estoy convencido de que una mudanza es el umbral de esa geografía. Aparecen lo mismo kilos de basura que ya es pertinente desechar, unos lentes que de sólo verlos lloro, las cartas de los amigos que están en el extranjero y han sido capaces de seguirme en el curso de mi travesía nómada, las notas para los ensayos que escribí en la carrera...
Al menos en este caso -en mi caso-, uno se asoma a ese pozo de nostalgia sin reprocharse ni reprochar nada, pues todo lo que he guardado ha sido a razón de su valor en un momento determinado. Cuando ese valor se gaste o desaparezca o se diluya esa cualidad que lo particulariza, simple y llanamente habrá de irse a la basura: alquimia o mero intercambio iónico, el oro también se convierte en plomo.
Entonces será cierto, y la ira y el amor y la tristeza y la belleza que se guardan en el corazón desaparecerán; en teoría, tendrían que dar paso a otra ira y a otro amor...
Sí, gané dos días para terminar mi milagrito, pero sigue siendo intempestiva, improvisada, obligatoria, injustificada, estúpida, abusiva y absurda.

jueves, 6 de noviembre de 2008

A sense of despair

Ayer comenzó. Y los dioses saben que detesto empacar y que no hay nada más cansado ni preocupante que guardar una casa y hacer que llegue a su destino (que aún no tengo en claro) sin mella ni pérdida.
No es la primera vez: ya cuento cinco en apenas tres años. Para estos momentos sé bien cómo hacer las cosas, pero la falta de tiempo y las dimensiones de mi preocupación me rebasan con una facilidad asquerosa. Y sin embargo, al fondo del vértigo, hay minúsculos y borrosos incentivos.

I.
Mi edición rústica de Ilíada, en la traducción de Luis Segalá y Estalella, ha estado en los libreros de mi familia por no sé cuántos años: he visto los lomos rojos de la colección (incompleta) Los Clásicos de W. M. Jackson Inc. desde que tengo memoria. Y salvo un par de ocasiones, jamás he abierto las páginas de esos libros.
Ayer, empacando, encontré eso que ven a la derecha: un separador de piel, de factura italiana, olvidado durante ¿veinte? años en la página 250:
La joven que los aqueos me adjudicaron como recompensa y que había conquistado con mi lanza, al tomar una bien murada ciudad, el rey Agamenón Átrida me la quitó como si yo fuera un miserable advenedizo. Mas dejemos lo pasado; no es posible guardar siempre la ira en el corazón, aunque había resuelto no deponer la cólera hasta que la gritería y el combate llegaran a mis bajeles.
Canto XVI
Quizá Aquiles se olvide algún día de su cólera, quizá entre al campo -lanza en mano, el escudo embrazado, las crines de caballo enhiestas en el casco, la espada cabe del muslo, las grebas relucientes- al frente de los mirmidones, sin otro motivo que librar esa batalla a expensas de la propia honra, consagrando la fama de su valentía y fortaleza. Quizá la ira que guarda su corazón -ese soslayado amor a Briseida y a Patroclo, eros y filias- no será la excusa (jamás motivo) para erigirse el soberbio individuo que en verdad es, sobrehumano, portentoso, sólido, y hacer lo correcto.
Quizá Aquiles.

II.
Tenso como estoy, me es sumamente difícil relacionarme con cualquier otra persona, y más si el pecho me bulle de rabia y desasosiego. Los únicos que resienten eso son mis alumnos, y para su buena fortuna no tendrán que tolerarme más: hoy dejo la docencia, al menos del idioma inglés.
Absorto, hacía camino a mi oficina cuando me crucé con un autor iraquí de la Casa Refugio, a quien llevé a comer y conocer el Centro de esta ciudad a petición de mi mejor amiga. Hacía meses que no lo veía, y francamente no pensaba que habría de verlo de nuevo.
- It's been a long time since we met, remember? Margarita told me your father died.
- Last December.
Silencio incómodo.
- But anyway. There's nothing I can do. I'm working on it.
- I respect you, Oliver. You're a gentleman, AND you're clever. And that's good. Please, come visit me sometime to Casa Refugio if you are not too busy.
Lord knows I'm busy.

III.
Confirmado: el año entrante comienzo a corregir de nuevo mis revistas de señoras tontas. Al menos algo de diversión, otro trabajo (uno remunerado), y el gusto de ver a mis editoras.

IV.
With a Little Help from My Friends - The Beatles

lunes, 3 de noviembre de 2008

Mudanza

  • Intempestiva.
  • Improvisada.
  • Obligatoria.
  • Injustificada.
  • Ilegal.
  • Estúpida.
  • Abusiva
  • Absurda.
Así de fácil se desgracian veinte años de amistad. Así de fácil me cargo más estrés del que mi cuerpo en verdad es capaz de soportar.

jueves, 30 de octubre de 2008

Ventilando la emepetresteca

He decidido que el Vira Loucos: Cyro Baptista plays the music of [Heitor] Villa Lobos es uno de los mejores discos que he oído en muchísimo tiempo. Y por esa sola razón considero indispensable que más y más gente lo escuche y lo disfrute; y me cae que se disfruta muchísimo.
Les prometo que no estoy cometiendo un acto de terrorismo musical, que es un gran disco, que se puede bailar si les salta el espíritu fiestero encima, que podrían ponerlo en una cena familiar (una alegre, por supuesto) y quizá en una fiesta, que Cyro indudablemente está loco y sabe hacer buen uso de esa locura.
Como pueden darse cuenta, ésta es otra manera de darle salida a las 560, lo cual no significa que las encuestas con votos multitudinarios dejan de existir: nomás denme un tiempecito y de verdad que empezamos otra vez con eso.
Dicho todo lo anterior, aquí está el botoncito que todos estaban buscando. Disfruten un chorro.
Peticiones (en la inteligencia de que las 560 abarcan determinado tipo de música loca) al correo que todos saben donde está.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Un ejercicio de intuición

I.
El lunes de la semana pasada recibí un correo: "Spirituality means dealing with intuition [La espiritualidad significa tratar con la intuición] NO SE PIERDAN ESTA [sic]". Es alguien que no me escribe con frecuencia, es alguien quien no creería que me mandaría un correo con una cabecera que hablara de espiritualidad, es alguien a quien nunca he escuchado tocar -ni de lejitos- el tema, a pesar de que trabaja en una revista que sí lo toca, aunque de lejitos.
Dicho en poquísimas palabras, había dos ligas para ver un documental vía internet.
Y no fue reticencia, ni la inconstante negación que hago de ese periodo new-age de mi vida (con olor a incienso y terminajos y cantos hindúes), sino que la advertencia me bastó: "es largo, pero no lo dejen de ver"; en consecuencia, sólo hasta ayer me di el tiempo, aunque más correcto fuera decir le robé el tiempo a todos mis pendientes, que ya pronto habrán de cobrármelo.
Y qué cosa...

II.
Zeitgeist


Yo lo vi en inglés, así que no puedo decir con seguridad, pero en algún lugar leí que el subtitulado en español es infame. Por si lo prefieren, aquí en lengua original.

III.
Me parece indispensable rescatar dos cosas de esto: por una parte, la importancia de los fenómenos de la naturaleza y su preponderancia en y para la vida (dah... una enorme perogrullada); por otra, la necesidad del pensamiento crítico y la metichería.

IIIa.
Con respecto a lo primero, la Tabla Esmeralda lo resume en el segundo punto: "Quod est inferius est sicut quod est superius, et quod est superius est sicut quod est inferius, ad perpetranda miracula rei unius" (¿nos hemos dado cuenta de lo mucho que me gusta el latín?); que en castellano es "Lo que está debajo es igual a lo que está arriba, y lo que es arriba es igual a lo que está abajo, para cumplir los milagros del Uno". Micro y macrocosmos, las relaciones de las cosas que componen el universo, el valor de cada sujeto y cada objeto determinado por sí mismo y por otros sujetos y objetos; pero también un lugar en ese universo.
En la actualidad, nuestra relación con las cosas sencillas, las que sí son importantes, se ve lamentablemente diluida -si no es que minada- por intereses cultural e históricamente sembrados en nuestra configuración personal: las chunches tecnológicas, el dinero, la posesión de lo más grande, lo más novedoso, lo más _________, de la mayor cantidad, el sueño americano dicho en pocas palabras, son en general una manera (torpe y ostentosa) de subsanar una capacidad perdida para sorprendernos o reconocer el valor de las cosas y los sucesos y aproximarnos a eso para procurar una experiencia propia. La campaña de MasterCard hace como que entiende ese principio y lo mercantiliza, lo hace un fin secundario para su fin primario: "compra mucho, recurre a nuestros servicios y préstamos, entréganos tu dinero; después de eso, trata de disfrutar de las cosas que no tienen precio, si has comprado los medios para acceder a ellas o si puedes comprarlas (porque al final habremos de ponerles un precio)".
Supongo que eso, entre muchísimas otras cosas, es lo que más extraño de mi padre: en un cajón tengo más de seiscientas fotografías de un viaje que hicimos juntos; casi la mitad son amaneceres o atardeceres, además de arcos iris, flores, árboles y niños. Cada cosa podía ser sorprendente, todo podía ser una experiencia nueva, a pesar de haber sido vivida una infinidad de veces; y yo no puedo hacer eso con esa naturalidad.

IIIb.
No sé (sólo recuerdo una clase de Teoría Literaria y a la Dra. Gloria Prado citarlo) quién etiquetó a Marx, Nietzsche y Freud como los Maestros de la Duda: gente que se metió con principios basales de la configuración del ser humano, los cuestionó, los retorció y llegó a conclusiones radicalmente distintas de las que por siglos nos habían dado una "identidad" como especie. Quizá habría que hacerle justicia a Einstein, que no es poca cosa poner de cabeza toda pretensión de conclusiones absolutas y encima decir que la aporía de Agustín es bastante más fácil de lo que creíamos y encima de eso decir que le sorprendía que nadie lo hubiera dicho antes; y a Galileo, que no dejó de echar preguntas y comentarios incómodos.
La curiosidad natural, y por extensión la duda, nos empuja a conocer y re-conocer los objetos. El conocimiento es, en términos simples, la relación entre un sujeto y un objeto; toda aproximación a cualquier materia es una forma de conocimiento, probablemente el más significativo, pues está basado en la experiencia directa, sin intermediarios. Esa curiosidad que hace que un niño se meta de cabeza en el bote de basura o se coma un bicho o se asome a un pozo y se caiga o compare su cuerpo con el de otro niño u otra niña es indispensable para la capacidad de sorpresa ante las cosas. Si esa curiosidad se pierde, se olvida, se entierra bajo el sano y estático entretenimiento de la televisión (de niño yo no me despegaba de la tele) que tan quietecitos deja a los mocosos, se subestima o simplemente se ignora, es casi definitivo que el mundo se les va a pasar de noche, sin que experimenten nada relevante, aunque obtengan un título con letrotas doradas que los certifique como especialistas en quién sabe qué corchos.
Una respetadísima doctora en biología de este centro de investigación me preguntó un día por qué había estudiado literatura, si para eso me podía quedar en mi casa y asunto arreglado. Me costó guardar la compostura y ser un perfecto caballero, pero pude responderle sin alzar la voz que el asunto, evidentemente, no es así de fácil, y que hay más cosas que merecen atención que el contenido de una caja de petri. Investigadores publicados en revistas internacionales, con proyectos respaldados por Conacyt y presupuestos exorbitantes, pero cuyo criterio está reducido a una materia de trabajo ultraespecializada, incapaces de mirar hacia otro lado, cuestionar su propia realidad y otras ajenas. La horrible paradoja es que su trabajo supone una curiosidad ilimitada y constante, y sin embargo la restringen a algo que sólo unos pocos comparten -por no decir que entienden-.
La capacidad crítica es eso: observar pedacitos de realidad, reconocer lo que los particulariza y lo que los relaciona con otros pedacitos (jamás podremos asir la Realidad entera), aflojar toda concepción que prohiba la construcción y hasta la mera ampliación de concepciones distintas, mayores o paralelas, relacionarse con nuevos objetos y sucesos, rechazar (previo análisis y evaluación) cuanto no empata con determinada idea del mundo y nosotros mismos, tomar una postura. No hay criterio sin decisión, sin una determinada ética detrás.
Creo que la verdadera supervivencia de un individuo no reside en tener una alacena retacada de comida, un salario suficiente y sobrado para cubrir los gastos y caprichos, la seguridad y comodidad que reporta una casa bonita, un cantidad de dinero amasada "por si los tiempos difíciles"; detrás de eso está un pensamiento lúcido, ético, crítico, informado, abierto, curioso... que le obliga a ese individuo a tomar decisiones que implican un bien mayor, que por añadidura dan la alacena y el salario y la casa y la estabilidad económica.

IV.
No me gusta el mundo como es ahora, no me gusta la diáspora individualista que permea las sociedades contemporáneas, no me gusta el desarraigo, la indiferencia, la ingratitud, la displicencia, la falta de determinación y de fe en realidades distintas, no me gusta el kitsch y la banalización de las ideas; tampoco me gusta el huevo...
Todo cuanto y como lo conocemos ahora no es como hace ¿cincuenta años? Sin duda, ésta es una realidad completamente distinta a la que se vislumbraba, y fue posible porque alguien fue necio y se opuso a lo que sucedía. Martin Luther King era un pastor, uno solo, al frente de una iglesia; el Rebelde de la Plaza de Tiananmen era uno solo contra cuatro tanques; Gandhi era un abogado con una idea fija; Bob Dylan ni siquiera tenía el respeto de otros músicos. Todo empieza en un microcosmos, todo incide en el macrocosmos; el momento presente determina las posibilidades que se abren en el futuro y los recuerdos que se establecen en el pasado.
Y esta realidad también es locamente diferente de aquella idea porque muchos otros se quedaron así como estaban, aceptaron lo que se les dijo y siguieron en el status quo. Esta gente tampoco me gusta: esta realidad podría haber sido de otra manera (y con eso quiero decir "mejor") desde hace mucho tiempo.

NOTA FINAL (presumiendo que llegaron hasta aquí)
Tirano como soy, les exijo -en mi más alto tono imperativo- que vean este documental, ya sea aquí o en otra ventana de su explorador o en DVD en su casa (si deciden comprarlo; los conmino a no hacerlo sin haberlo visto antes en internet). Si ya lo vieron (pues se dio a conocer el año pasado), me importa un corcho: lo ven otra vez. No es opción: le roban dos horas a su trabajo o al sueño o a la cena o a la familia o a lo que les venga en gana y se aplastan a ver Zeitgeist; después de eso, se aplastan otras tantas veces a investigar y responder todas las preguntas que les salten, sin asumir que alguien les ha dicho La Verdad, por su propia cuenta y sin más diligencia que su propia metichería, ni más recompensa que saber algo más.

P.D. Ya se lo dije, pero otra vez gracias y muchas gracias a quien me mandó este video.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cease and desist

El amor griego comprendía tres variantes: eros, filias y agape.
No creo en ningún dios desde hace ya no sé cuánto. Agape.
Los que eran familia decididamente ya no lo son, salvo unos pocos, todos a una distancia que no puedo salvar. Los que en alguna ocasión se sumaron a la familia también se restan si la circunstancia lleva a ello; los que siguen en esa suma también están a una distancia insalvable. Filias.
Ésas -todas y cada una- a quienes alguna vez quise no están ni estarán. Ni serán. Eros.
Mi conclusión inmediata, torpe, llena de tripas y arrebatada, es justo la del dibujito (y aquí, el gremio y uno que otro metiche sabrá lo que quiere decir el garabato rojo); y sin embargo, al fondo, donde sólo yo comprendo qué corchos quiero decir, alcanzo a verlo justo al contrario.
Mientras tanto, lo digo con todas sus letras: me duele grotescamente saber que tantos años se vinieron abajo, y que esta vez no fui yo.

viernes, 24 de octubre de 2008

De profundis

No tengo que repetir una sola vez más que mis hijos tienen el gobierno de mi imperio. Y cómo corchos no, miren nomás a Timoteo:
Aunque por supuesto, el caballero tiene sus bemoles, como todos:
"Soy pachón, ¿y qué?"

Insisto en que los míos son mapaches disfrazados de gato; si no, no me explico su volumen... Además de pachón, Timoteo tiene otra particularidad: es más jodetas que yo. Y además de eso, su intrepidez mezclada con su falta de pericia (en términos biológicos, sigue siendo un niño; y no voy a abundar en el tema), razón por la cual comete una estupidez de proporción una vez cada cuanto. Paso al quid.
Cada noche, los gatos me reciben en la puerta de la casa; independientemente del inconmensurable amor que me tienen [sic], cada noche hacen un intento para salirse a pasear a las escaleras del edificio, comerse las plantas de los vecinos, revolcarse en los pasillos, subir y bajar uno o dos pisos (aunque se pierden y después lloran porque no saben cómo regresar a la casa...). Si el cansancio no es terrible, me siento en las escaleras y los veo jugar hasta que me da hambre (v.g. cinco o diez minutos después).
Hace dos días, cargado con bolsas de comida, resoplando los cuatro pisos, medio harto de mis clases (arghhh...) y mis alumnos de la tarde, los gatos me ganaron y se me escurrieron por la puerta. Después de acomodar un par de las chunches que cargaba, salí a buscarlos. Al tercer piso no se fueron, así que tengo que subir al quinto.
Ésa no es una foto conceptual ni juega al Expresionismo Abstracto Norteamericano ni es (ni de lejitos) una imitación a Álvarez Bravo: la camarita del celular no hace maravillas de noche. Ésa de ahí es una perspectiva de todos los metros que el lelo de Timoteo hubiera recorrido en caída libre, pues cuando lo vi estaba colgado y pataleando para no caerse del último descanso de la escalera. Ahogado el grito de señora aterrorizada, subí a pescarlo y se me volvió a escurrir; y tranquila y comodinamente, el muy cabrón se revolcó a sus anchas, en el filo del descanso del cuarto piso...
Quiero convencerme, desde lo más hondo de las tripas, que mis gatos me quieren como yo a ellos; y quizá más hondo todavía quisiera -toda proporción guardada- que me lo demostraran más o menos así (encarecida sugerencia: déle play en este momento a las Rolotas de allá arriba y quítele el volumen a la pantalla del YouTube; de corazón se lo digo).



Aunque, por supuesto, las cosas siempre pueden suceder de otra manera...

martes, 21 de octubre de 2008

Una foto ridícula

A todas luces, no soy en absoluto fotogénico.
De todos los conciertos en los que he estado, éste fue _________ [adjetivo laudatorio]; me cuesta definirlo, o será más bien que me rehúso. Siendo franco, no me atrevo a ponerle una etiqueta: mis experiencias, buenas o malas, no tendrían por qué caer en algún formato, como no debiera caer la de nadie. ¿O de verdad podemos analizar objetiva y racionalmente y catalogar nuestros sucesos significativos?
Por supuesto, ver a los Flaming Lips, treinta teletubbies brincoteando con lámparas y bastones de luz, roadies vestidos como constructores, un bagre y un sapo disfrazados de marineros (?), chorros de globos de colores, serpentinas, luces locas, Wayne Coyne metido en una esfera de plástico transparente haciendo body surfing, y escuchar un arsenal de pura rola ponmedebuenas en medio de la fiesta más grande que he visto jamás, basta para decir que el sábado fue uno de esos días que voy a traer pegados por mucho tiempo. Pero Trent Reznor y ese monstruo visual y las dos horas de catarsis...
Apenas voy recuperando la voz, y valió cada grito y cada ladrido.

lunes, 20 de octubre de 2008

Las galletas y la alegría

Lo que las galletas chinas no me dijeron, y sencillamente no podían ver, es que mi sobrino está bien chistoso y que diez minutos platicando con mi hermana me bastan para ponerme de buenas (y no hay ni habrá suficiente chocolate en la tierra para tumbarle la chamba: es la persona más divertida que conozco), aunque tenga toda la malvada intención de incendiar cosas o al menos darle un uso a la arena de gato usada.
Y además, le gusta el rock y brinca cuando escucha Iron Maiden. ¿Quién no encuentra encantador a un chamaco así, de menos de un año?