jueves, 5 de julio de 2012

Addendum

El pueblo perdido: los umikol
Gracias a los disciplinados esfuerzos del estudioso Quelamia Sôther y sus más recientes exploraciones en una tumba doce kilómetros al norte de Haydayn, en fecha reciente llegó a nosotros la fausta noticia de un conjunto de seis pliegos que, con toda seguridad, pertenece a la obra magna de Damac de Jeramow. Nos referimos, claro es, a su Gente del Mundo.
Debido a su capital relevancia, es imperativo para nosotros comunicar al público y la comunidad académica este descubrimiento. Sin embargo, debido a esa misma relevancia, nos es imposible entregar al lector el texto íntegro sin llevar a cabo, previamente, el análisis puntual de este corpus textual que se suma al ya conocido: en más de un sentido, el contenido de estos pliegos –en apariencia inofensivos– podría cambiar no sólo nuestras certezas históricas respecto a la evolución y pulsiones detrás de los conglomerados sociales, sino el devenir que le depara a la sociedad en su conjunto.
En lo que respecta a las pruebas que le permiten a Quelamia Sôther concluir definitivamente que la paternidad de estos pliegos se debe atribuir a Jeramow, el estudioso aduce lo siguiente:
  • Diversas fórmulas lingüísticas se repiten de manera ordenada, siguiendo el mismo patrón que presenta el corpus canónico; e.g. los casos ergativo y absolutivo, de los cuales deriva el significado profundo del nombre de cada pueblo, estableciendo las asociaciones respectivas contra las familias lingüísticas representadas en el documento princeps.
  • La relación de usos y costumbres enuncia el todo por la parte por vía de los títulos; en consecuencia, asumimos la hipótesis de que los últimos fueron sustituidos en favor de términos que abarcaran y concentraran el mayor sentido posible en el sintagma más breve, lo que evidentemente alude a la economía poética del lenguaje[1].
  • Las páginas blancas intercaladas dan fe de la ilustración con grabados de tintas vegetales[2] que se deslavaron a fuerza de tiempo.
  • Las referencias textuales a otros pueblos dan cuenta, al menos, de conocimiento de la Historia.
Merced a estos fundamentos de investigación y comprobación, nos permitimos adelantar, con la cautela y la prudencia correspondientes, una muestra representativa de este nuevo compendio de las civilizaciones fundacionales que –de manera significativa– constituyen la identidad y cosmovisión de la cultura global como la conocemos.
La noticia que tenemos de los umikol, si bien parcial y sesgada, está razonablemente documentada. Mencionados de modo tangencial en diversas crónicas[3], hoy en día podemos derivar conclusiones más sólidas respecto a determinados procesos de constitución cultural contemporáneos, a la luz de las nuevas herramientas metodológicas a nuestra disposición. De esta manera, la contribución de esta nación cobra un cariz renovado, como se verá en las siguientes páginas.


[1] Para mayor referencia, el apéndice (p. 102, nota 2) a nuestra edición de la Gente menciona las hipótesis posibles que se mantienen en los estudios filológicos correspondientes.
[2] Para un estudio más detallado respecto a las prácticas textuales de la época y los materiales convencionales, vid. Olator de Verajona, Buril y tormento: el registro textual y la consignación del conocimiento en las culturas precorpaquianas.
[3] Cfr. Otias de Mankune, Tercer compendio: de la constitución de las naciones amargas y su vocación expansiva. Umbacteno, sin embargo, retrata una sociedad pacata y carente de los rasgos creativos que perfila Mankune. Más adelante, en la elaboración de nuestras notas, se discuten estas posibilidades.

domingo, 20 de mayo de 2012

Carpe diem

Durante años he dicho que si he sido feliz en algún momento de mi vida fue durante los tres primeros años de la carrera. Fui feliz porque hacía exclusivamente lo que quería hacer en ese momento, y era bueno (soy muy bueno), y por mérito propio me gané el respeto de mis maestros y compañeros.
Pero la felicidad tiene variaciones naturales que a la razón le parecen innaturales. La felicidad tiene fecha de caducidad, y no conserva el mismo rostro por largos periodos. ¿Por qué atribuiremos a la felicidad una correlación con otras personas, con objetos, con situaciones? ¿Depende de un tercero o goza de alguna suerte de autonomía? ¿Somos felices por nosotros mismos o en función de algo o alguien?
Soy feliz porque estás aquí, conmigo. Soy feliz porque compartimos el tiempo y hacemos cosas juntos y nos disponemos a participar en las experiencias del otro. Soy feliz porque estás aquí, porque yo también estoy ahí. Y en esta condición soy capaz, tengo la pulsión de ser algo distinto, algo mejor. Cambiar a favor de nosotros, no solamente de ti o de mí. Entonces puedo proponerme proyectos enormes que requieren una infinidad de mí, porque su alcance me rebasa.
Pero tal es peligroso, porque existe una única fuente de felicidad. ¿Y si se desploma, si un día deja de serlo?
Entonces requiero de una determinación igualmente grande para atajar mi voluntad a pie juntillas, tener la valentía para aceptar eso que quiero y los sacrificios que implica obtenerlo o conservarlo, lo que arriesgo por el simple hecho de merecerlo. Y puedo, claro, negarlo, alejarme antes de que cobre sustancia. No hay riesgo.

Felicidad como granos de pimienta pura, pimienta enterrada, pimienta que no germina, aunque se riega con intención. Felicidad en sombras de árboles. Felicidad que se escabulle apenas se le atisba. Felicidad de la que debo ser responsable, como de mi tristeza, que permito porque asumí ese riesgo.
Queda el recuerdo de la felicidad, su aroma impregnado en la casa.

viernes, 24 de febrero de 2012

Hermosas ocupaciones

[Ésos que creo (o quiero creer) que son mis mejores cuentos los escribí mientras leía a los autores que entraron a mi panteón personal, algunas veces en los espacios blancos de las clases en las que comentaba esas lecturas con mis maestros, a veces como tarea para esa materia. Lo cierto, y me es claro, es que el lenguaje mueve al lenguaje: aprendí harto de química mientras leía química y reconozco el discurso de la ciencia en cuanto lo leo, como reconozco la mano de ciertos autores y correctores. Ahora vuelvo a conocer el discurso literario.
Un primer ejercicio de práctica es la imitación: hacer propio el estilo de un grande, para entenderlo, para conocer sus mecanismos, para resquebrajar sus formas, eso que lo constituye una obra de arte literaria; apropiación de esa posibilidad creativa, que no copia, aunque según Alatriste sea muy otra cosa.
Hace poco levanté de nuevo el Manual de literatura fantástica de Borges; ahora tengo las Historias de cronopios y famas. Y mientras me relleno el pecho con esas dos voces, surgen de pronto entradas posibles –mis entradas– a esos extraños catálogos de alguna cosa.]

Qué maravillosa ocupación de todos los rumbos y todas las esquinas, de cada resquicio que ocupas y ahora yo ocupo, de esta silla y esta sala y esta casa y esta calle. Ocuparlo todo: tus camisas, tu plato, esa pera, tu gusto por la música de elevador. Maravilla de tomar por asalto los parques, contando las nubes que penden entre edificios y soplando en colaboración con el viento, agitarte las espaldas con un regusto de limón en los ojos y en un grito, ¡hola!, hacer que desplantes los pies del suelo.
Qué maravillosa ocupación de tu felicidad de poliacrilamidas y 2% de elastano, hecho en Uzbekistán y alta mar. Ocupación de la pantalla en el cine, las etiquetas de cigarros, los murmullos en la radio, el sabor del café por la mañana. Ocupaciones de cada noche después de cada día de tu día cotidiano.
Y con el corazón lleno de voces que no son tuyas, ahora también estás ocupado.

[Cortázar]

viernes, 10 de febrero de 2012

Constancia de hechos

Despiertas. Buenos días. No es el gato. Entregas un pedazo de sangre. Rindes por un segundo la conciencia. Media noche en vela, pero no es noche ingrata. No es noche que se encamine directo al olvido, al rumbo donde se agolpan los instantes.
Es de mañana y amenaza espantosa la tarde, con el trabajo pendiente apiñado en el escritorio de la oficina, pero especialmente el de la casa. Es de mañana y el día está soleado, de pronto inusual para una mañana de febrero, imposible para una mañana de febrero; posible en la mano izquierda. Es el sol relumbrando, por debajo de las nubes y el espacio cerrado y la franqueza innecesaria. Es el sol que todo entibia. Es sol negro, sol reluciente.
Es de mañana y apenas se avisora el gran riesgo.
Ese riesgo son 7,500 documentos históricos en microfilm que deben transcribirse. Mi derecho a una beca en la universidad me exige en retribución cincuenta horas de trabajo (absolutamente insuficientes para las dimensiones de ese archivo) que se agolpan sobre las doscientas que ya tengo comprometidas en las próximas ¿dos? semanas, sin mencionar mis responsabilidades más esenciales.
Ayer, después de tener el sol en la mano y sentirlo tibio en el pecho, y de sonreír de mañana por una vez, padecí vértigo por horas. Sólo unos momentos antes de rendirme y dormir recuperé la calma, gracias a un mensaje que queda en el refugio de lo privado.

lunes, 6 de febrero de 2012

Cummings (de nuevo)

i carry your heart with me (i carry it in
my heart) i am never without it (anywhere
i go you go, my dear; and whatever is done
by only me is your doing, my darling)
________________________i fear
no fate (for you are my fate, my sweet) i want
no world (for beautiful you are my world, my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you

here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life; which grows
higher than the soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart

i carry your heart (i carry it in my heart)

[Motivos]

miércoles, 25 de enero de 2012

Verba volant, scripta manent

[Disculparán los que sí saben de filosofía si esta disquisición carece de sustento, pero yo sé de literatura y libros y algunos objetos lingüísticos, que no de filosofía y lógica y metafísica, propiamente. Reflexiones vicarias...]
¿Es posible ejercer la duda cartesiana de manera discriminada? Es decir, en lugar de atajar rabiosamente cada aspecto y arista de uno mismo, enfocar la comprobación a una sola faceta. Sé que no: si una faceta de mí es parte de mí, entonces toca absolutamente todas las demás y existe en resonancia con todas ellas. Ergo, analizar una implica –al menos de manera tangencial– el análisis de todas las demás.
Pongamos por caso que doy ese salto a la certeza (vía la duda sistemática; prueba, error, intento, falla); pongamos por caso que me cuestiono en tanto crítico literario.
Mi primera asunción, especialmente en este momento (con la nariz sumida en los textos que bullen de las aulas a las que he vuelto), es que soy un buen lector. Ahí empieza: ¿un buen lector es un buen crítico? Si el fundamento de la crítica es el análisis a partir de la lectura, se sigue que sí. Luego, ¿soy un buen lector?
Puedo, por ejemplo, encontrar las resonancias de un cuerpo en una obra literaria, leer despacio los sonidos que la componen y reconocer el punto en que el sonido (sólo el sonido) llega a la cúspide de la tensión. Puedo encontrar en mí las vibraciones que pulsan al otro lado de la página, y sentir en la punta de los dedos el roce de una flor (cuando la hace florecer Huidobro, por ejemplo). Puedo mirar al vacío y llenarlo, de experiencia y memoria, de solidez, de dudas, de preguntas que formulan más preguntas. Puedo arrancarle voces de muy vario color a un cuerpo que sólo tenía una. Puedo reconocer una intención en un gesto sutil y escondido.
¿Puedo hacerlo en verdad? ¿De qué recursos me valgo? Memoria, dureza (firmeza, tal vez), creatividad, rigor, práctica, determinación. Quizá.
Pero la duda no se disipa. La duda sigue, porque bien podría hacer la asunción entera y derivar sus consecuencias en función de una falacia, o de un falso problema. Y entonces toda esta certeza de que soy un buen crítico está errada, y todos estos años en que me he presumido, arrogante, entre los mejores ("soy bueno, y no te queda duda") han sido sueño.
Entonces esto que soy podría no ser yo, y la directriz que ha llevado los últimos ¿siete? años nunca tuvo rumbo.
Pero queda esperanza, que debe quedar en registro, para la memoria cuando olvide mis propias palabras: insistir, no claudicar, intentar de nuevo, comprobación fáctica, prueba y error.

lunes, 19 de diciembre de 2011

El oficio de soñar

En Extraños peregrinos: doce cuentos, García Márquez escribe sobre una mujer que un día comienza a tener sueños premonitorios; es tal su habilidad que la "ascienden" de criada de la casa a la soñadora de la familia, y su único deber es contar cada mañana lo que soñó. No recuerdo el final, y no tengo intención de volver a levantar un libro de García Márquez.
No sé, a ciencia cierta, cómo podría ser el oficio de soñar. En este momento estoy aturdido de gripa y antibióticos (dos inyecciones, faltan tres), al punto de pasar el fin de semana tirado en cama; el sábado, más puntualmente, desperté sólo para enviar dos correos y recibir la comida que los amigos me trajeron. El resto del tiempo fue sueño pesado, hasta el dolor de espalda y cadera.
De todo ese tiempo, no recuerdo nada, ni un solo sueño, una sola experiencia onírica que me hiciera dudar de la realidad. Hace mucho no recuerdo mis sueños, sin que sepa realmente por qué. Mi tiempo dormido se ha convertido en un vacío del que nada se recupera.
Las implicaciones, por supuesto, podrían ser varias, o sencillamente ninguna. Si no queda en claro de dónde vienen los sueños, ¿qué importaría si yo no soñara? ¿Acaso los sueños vienen de algún lugar? ¿O debiera preocuparme la otra acepción, la que implica ilusión y deseo? ¿Qué queda de una persona si no sueña?
Importa, en cualquier caso, descansar.

martes, 6 de diciembre de 2011

What if black

Muy tarde, ya entrada la noche y cuando terminé de desvestirme, me di cuenta de que ayer toda mi vestimenta fue negra: de los zapatos al saco, así todas mis prendas.
¿Qué poderosa fuerza, oscura y oculta de la vista plena, puede obligar a un acto que podría parecer del todo deliberado? Han pasado muchos años desde que vestí enteramente de negro, en que al menos mi ropa guardó luto. Nunca me ha parecido indispensable, y estos gatos lo hacen más difícil (apenas sale la camisa del clóset y ya tiene sendas manchas de pelo; pero eso no afecta, porque sencillamente ya me vale madre).
Inhóspito momento para hacer estas reflexiones.

sábado, 3 de diciembre de 2011

What if

Hay días en que el sol no navega su ruta con calma, y en su desasosiego se olvida de entibiar el aire o iluminar su propio camino. Hay días en que los cardúmenes de nubes se agolpan, indecisos de ser níveos o mudar la piel y teñirse de púrpura y pez. Hay días en que la música decide desplomarse, dejar de cruzar aire y agua, sentarse en un rincón del que no sale. What if the seas refused to wave? Y hay días en que se siente traicionar las convicciones, en que se eleva la esperanza de que exista un cuerpo inmaterial y presencia ultraterrena.
Si las voces de los fantasmas, entonces una conversación. Si las presencias inmateriales, entonces una sonrisa. Si la comunicación con las esferas superiores, entonces tu consejo. Si solamente quien escuchara, entonces todo lo que hoy te haría sonreír y decirme que no desmaye.
Entonces podría invocarte. What if the words could bring you here? Pero sé que no, que traicionar las convicciones es un retroceso que no se puede operar. Sé que no vienes tú, sino mi recuerdo de ti. Sé que no te hablo a ti, sino que me hablo a mí, que me hablo a través de ti, que le hablo a tu recuerdo en mí. Sé que memoria.
Y sé que memoria es palabra y palabra es virtualidad: te nombro en este momento, estás aquí en cuanto te nombro y te veo caminar hacia mí con ese extraño paso marcial, el brazo estirado y las zancadas amplias, imponente, para sentarte a mi lado con la sonrisa afable a pesar del ceño perpetuamente fruncido. Te veo y en mí te veo, en el corte de los ojos, en las manos y los gestos. Te veo a pesar de que no estás aquí. No estás.
Lentamente esto se remueve, puedo, digging now for the feel of something new. Y a pesar de que se anuncia una nueva luz, ni por pienso el día –este día– es más luminoso.

Smashing Pumpkins - Apples + Oranjes from DandyJon on Vimeo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Prospectiva de horas de sueño

Calendario 2012:
1. Trabajo de tiempo completo.
2. Seis materias de universidad (las últimas, por fin, por gusto).
3. Una revista trimestral (redacción, corrección de estilo, edición, lectura de galeras).
4. Gestión de una casa de residencias artísticas.
5. Corrección de cinco a seis artículos semanales para una revista de arte de Miami.
6. Imposible decir cuántos trabajos de mis científicos (pero quizá uno cada dos meses).
7. Vida cotidiana.

Suma = menos de lo necesario

martes, 22 de noviembre de 2011

Factotum

10:12
Comienzas la traducción de una encuesta a un importante ejecutivo de relaciones públicas de una farmacéutica trasnacional.

10:32
Dejas en paz al ejecutivo y traduces modificaciones a las políticas financieras de una firma trasnacional de investigación de mercados.

11:49
Entregas las políticas financieras (qué difícil es el inglés de negocios) y traduces las respuestas automáticas que debe arrojar un programa computacional.

13:52
Regresas de la comida (cargando una bolsa de croquetas para gato) y te dispones a continuar con el importante ejecutivo de relaciones públicas.

15:48
Miras con incredulidad el monitor y empiezas a especular: ya sea que el importante ejecutivo no sepa hablar o quien transcribió sus respuestas no sabe escribir, lo cierto es que la traducción se detiene en seco. Después de deliberar el justo proceder, la encargada del proyecto recibe sutil mensaje de que hubiera sido lindo que leyera lo que manda traducir.

16:51
La encargada del proyecto quiere, ahora, que inicies el trabajo casi de cero. Antes de la embolia: chocolate, un vaso largo de agua, amarga queja con el jefe, y apagar la computadora. Mañana saldrá esa traducción (sin adjetivos, más por pereza que por respeto).

20:46
Te quitas por tercera vez al gato de las piernas, que duerme muy cómodo y a sus anchas, pero ya se te entumió la rodilla izquierda y el brazo entero.

21:18
Después de revisar las instrucciones para los autores de una revista académica, comienzas la corrección de un artículo de oncología.

[No sé a qué hora termine, pero sí sé que las lecturas del editor son tan variadas que su versatilidad apendeja.]

viernes, 11 de noviembre de 2011

Una pira roja

Sería una imprecisión decir que postergué la escritura de esta entrada de manera deliberada, cuando en realidad el motivo es que perdí capacidad, confianza, energía y una larga lista de otras cosas. Sin embargo, ya ha pasado suficiente tiempo desde que sucedió lo que narro a continuación; por tanto, cuanto se lea debiera ser exclusivamente lo que resulte relevante a la distancia.

viernes, 28 de octubre de 2011

miércoles, 26 de octubre de 2011

Una coincidencia

Pasan los intentos, uno después de otro, y por fin termino The Scarlet Letter. Hester Prynne es una de las mujeres más hermosas de la literatura, y eso se debe no sólo a su fulgente cabello y sus ojos imponentes, o a la devoción y amor de su corazón y su paciencia para con sus vecinos. Nathaniel Hawthorne supo dominar un lugar común –el que se lee al final de la narración y que el lector conoce desde muchas páginas atrás– y empujó el lenguaje hasta encaminar ese desenlace inevitable, sin que uno sienta un repudio innombrable hacia el autor. Por el contrario.
Y lograr ese pequeño milagro, narrar algo que el lector conoce, y sin embargo mantener su atención, el placer de su lectura, es obra de maestro, cosa que pocos logran.
Entonces continúo con mis lecturas, en inglés porque se hace costumbre ese sonido. Levanté hace dos meses La cámara oscura de Georges Perec, en una muy linda edición de Impedimenta, y me pareció que sencillamente no tenía la potencia de mis lecturas más recientes (a saber: The Jungle Book, Moby Dick, Dubliners). Quizá el juicio es injusto: poner en abierta confrontación a tres autores que se toman muy en serio el lenguaje y la literatura contra uno solo que se divierte al hacerlo, y que tiene muy otra visión de las implicaciones de la escritura, es poner en desequilibrio el fiel.
Así que vuelvo a mis lecturas, sigo recorriendo mi biblioteca, y me cruzo con Dickens y Great Expectations. Recuerdo que lo compré en Borders (RIP) junto con Things Fall Apart de Chinua Achebe, hace unos nueve años, en el primer viaje que hice con mi padre. Se quedó guardando polvo y esperando en el estante todo ese tiempo, guardando la voz de Pip. Y levanto Great Expectations, su humor sardónico, su voz inocente y ambiciosa y triste, su humildad y su desprecio por la condición de la vida cotidiana.
Hoy, de camino (largo) a esta oficina, me encuentro de pie junto a un sujeto batallando por mantenerse en equilibrio, el libro abierto. "Chapter I" leo de reojo (siempre la curiosidad de leer el libro ajeno); me pregunto qué libro leerá, como siempre. A la primera oportunidad, en cuanto gira el libro para cambiar la página, deduzco -pectations en la segunda palabra.

viernes, 14 de octubre de 2011

Una respuesta

No importan las condiciones lamentables en que estoy ("se fue por sus tequilas, ¿verdad joven?", dice el taxista en el camino a esta oficina), hoy me reventaron los ojos. Y no puedo hablar, y no puedo pensar, y no puedo decir: sólo sé que tengo las lágrimas en el pecho.
Hace mucho dijiste que mi regalo de graduación iba a ser esa litografía de Dalí que vimos. Aún me la debes, porque aún te debo un título. Hoy empiezo a cobrar y saldar la deuda:
Supongo que tendré que regresar a Hawaii por lo que es mío.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Volver, volver

De nuevo Hawthorne, The Scarlett Letter, "The Custom-House". De nuevo la escritura. De nuevo la necesidad, después de tanto tiempo, de tanta ira (por una vez, justificada y vista sin mi intermediación). De nuevo, ante todo, la posibilidad.
Un día, por fin, tienes la pulsión de escribir. Para sacar (acomodar) de otra manera la ira, para decir el desasosiego, para poner en perspectiva las dudas de un momento particular y aclarar las soluciones que se avecinan, para recuperar un ritmo que se perdió (si acaso se tuvo) hace años. Y de alguna manera las palabras se hacinan en el pecho y buscan su camino, pero la falta de uso hace extraños los sonidos. Quiere surgir la voz de entre los sepulcros y la brisa cauta es más ruidosa, quiere despuntar la mañana en un nido de colores y la bruma aplasta los rayos entre sus nubes, busca el agua su cauce y se encuentra con un muro de argamasa.
Se quiere decir. Se tiene algo que decir. Se intenta decir. Pero cada brizna de voz se rompe. Es una extraña tristeza.

jueves, 16 de junio de 2011

Pero de veras tómalas

Vagaba por obligación en la página del ICATI y me encontré con esta chulada. Hay algo igualmente encantador y perturbador cuando se encuentran contradicciones como ésta.

miércoles, 8 de junio de 2011

Undoubtedly

¿Qué quiere decir "pensar en alguien"? Quiere decir: olvidarlo (sin olvido no hay vida posible) y despertar a menudo de ese olvido. Muchas cosas, por asociación, te recuerdan en mi discurso. "Pensar en ti" no quiere decir otra cosa que esa metonimia. Puesto que, en sí, ese pensamiento está vacío: no te pienso; simplemente, te hago aparecer (en la misma medida en que te olvido).
–Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso

Hace mucho no platicamos. Al menos no así, in extenso, con mucho que decir. Pero he perdido la cuenta de las cosas que han sucedido, también de las que valdría la pena alguna mención; probablemente olvide algo: sobrevivirá sólo lo que en verdad sea significativo.
Terminé a finales del año pasado (sí, ya mucho tiempo ha) dos libros que en verdad me gustaron; no pude moverme los días siguientes, tal era el cansancio, pero esos dos tienen un brillo especial en mi currículo. Y los menciono a la primera excusa, para hacer alarde de ellos (de mí), para sentir que el esfuerzo y el tiempo que le he dedicado a la edición tienen un peso específico y palpable.
Después siguió un periodo extraño como pocos: sigo sin entender por qué, pero me pidieron que revisara el plan de estudios de una licenciatura en gestión cultural, y que escribiera el programa de ocho materias. Yo, que no he terminado la carrera, que sé eminentemente de literatura y esencialmente nada de gestión cultural o periodismo o comunicación, que no tengo elementos para decir con solvencia si un plan de estudios es adecuado o no. Vamos, es una responsabilidad seria: de una u otra manera, el futuro de un puñado de personas estaba en mis manos. Pero lo hice, con toda la dignidad que pude y la ayuda de muchos amigos que tenían más en claro qué debía hacer.
En el lapso fui a Hermosillo, a ver a Cindy, a madre, a los niños. Especialmente iba a ver a Yarehd, para qué decirlo de otra manera. Cindy me contaba cada semana cómo iban los preparativos de la fiesta, el vestido, los amigos, cómo controlar a la tropa de adolescentes… El día de la fiesta fui a la playa: la última vez que pisé arena fue contigo, hace seis años; estaba pasmado, el mar frío y tranquilo frente a mí, el cielo nublado, el día apenas tibio a mediados de enero en el desierto. Apenas escuchaba lo que me decían. Recordaba las tardes en casa de Lorraine, la morena amarilla que vivía bajo la piedra frente al barandal, la arena gruesa, las cervezas y las discusiones hasta tarde. Y mientras todo eso se revolvía, me hablaban y me preguntaban qué me parecía el paisaje, por qué no decía nada.
Ya en la fiesta, me sentía alejado de todo: los poquísimos adultos estaban ocupados en cuidar que los adolescentes no metieran de contrabando una botella de ron, o se dedicaban a tomar una cerveza que escondían celosamente. Nadie con quien conversar. En toda honestidad, pasé un mal rato: su gusto musical es, por lo menos, irritante. Pero qué importaba si Yarehd se veía hermosa, si la niña de quince años se estaba robando la fiesta entera, si disfrutaba cada canción y bailaba como si nada más importara.
También en ese lapso decidí (me vi obligado) a compartir la casa. Por fortuna la primera chica que llegó es extraordinaria persona, con una historia de vida que abrumaría a casi toda la gente que conozco. Madura, sensata, razonable. Sé de cierto que si no me hubiera relacionado tan limpia y apaciblemente con ella, mi humor sería todavía más violento. Los dos padecíamos una soledad terrible, y ahora, a la distancia, nos hacemos compañía con conversaciones en las que constantemente nos damos ánimos.
Ahora comparto la casa con una sommelier. Me sorprende la claridad de sus ideas y sus decisiones, su madurez, su cordialidad. Le pedí una botella de aquel licor de whiskey que nos tomamos hace unos años; no hay en la tienda en que trabaja, pero me dice que de buena gana me traería una en julio, cuando regrese de Londres. Quería tomarme un vaso hoy, contigo; tendrá que esperar.
El trabajo volvió. Hacía casi un año que no estaba formalmente empleado, y de pronto cayó una oferta, justo cuando empezaba a desesperarme. De nuevo camisa y pantalón de vestir, pero traducir, el solo acto, compensaba ésa y otras incomodidades, como la soberbia idiota de los muchos mercadólogos que me exigían un inglés prístino muy a pesar de su español lamentable. Y traducir, trabajar el lenguaje de otra manera, trabajar el lenguaje mismo.
Después se me anunció otra vuelta a la forma: "Ven, te invito a un proyecto editorial en el que vas a aprender mucho." Admito que lo dudé, pero el sentido común dice que la única manera de devorar mi pasión es no soltarla. Así que de nuevo estoy haciendo libros; unos que me parecen terribles, que no disfruto, que me dan vergüenza (al menos uno), que me hastían. Quiero pensar que una manera de crecer como editor es trabajando libros que no me gustan, conocer sus particularidades; fuera de eso, me cuesta encontrar ese aprendizaje que me prometieron.
Por regla general, consulté contigo muchas de mis decisiones: quizá no siempre me diste el mejor consejo, pero siempre vertiste alguna luz sobre esas dudas, sobre el mejor resultado posible. Y en esto hubiera querido a mi mentor conmigo: me preguntaba (pregunto) cuál sería tu opinión, qué me dirías, cuál sería tu sugerencia a partir de tu experiencia, qué anécdota me contarías.
No sabes de ella –al menos no por mí–, pero una mujer llegó. No recuerdo que alguien me haya querido así: desde el principio me ha procurado, me ha cumplido caprichos varios, me ha tolerado en mis momentos exasperantes, y sigue ahí. Es hermosa en muchos sentidos, es puntillosamente detallista y atenta, es sumamente inteligente (aunque a veces se rehúsa a creerlo). No conoce el alcance de su influencia en mi persona: puedo relacionarme un poco más con una mujer, procurar su felicidad y ver en eso algo de la mía, entiendo que el veneno de mi voluntad y de mi ira han alejado a mucha gente, hay una brizna de calma.
Me avergüenza no quererla, o no en la misma medida que ella, a pesar de que lo he intentado tantas veces. Recordó tu cumpleaños, sin que yo dijera nada en las semanas pasadas. “Me tomo la licencia (disculpa por eso) de felicitar a quien cimentó a ese hombre que eres ahora.” No podrías decirme que no es una mujer magnífica.
Ya ves (lo sabes, siempre) que mi vida es parca, que se parece en mucho a la tuya. Hay tanto en lo que te reconozco. Las metonimias se enciman, desde el espejo hasta la ira y la voz ronca, en las manías y los gustos. Es ausencia imposible, si el referente pervive en tantos espacios que se llenan sin siquiera evocar, que se llenan de manera incompleta.
En el corazón de todo eso es difícil no pensarte. Sé que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás (Barthes de nuevo), pero ésta es la necesidad de conversar contigo.


[Ustedes disculparán, pero esta conversación es exclusivamente de dos.]

martes, 3 de mayo de 2011

Un peso

Hay días en que me pregunto cómo he tomado mis decisiones, en qué entorno me he detenido y las razones por las que veo el mundo tan lejos. Qué oscuro hado me presenta la realidad que veo.
Inmediatamente quiero ser responsable y asumir que el azar tiene poco o nada que ver, que son efectivamente mis decisiones las que distribuyen esa realidad, y no una potencia ultraterrena la que dicta suceso y destino. Por supuesto, la consecuencia es más grave, y sin embargo queda ese resabio incierto de que algo no he decidido, que el mundo también pasa frente a mí y no todas las opciones están en mis manos o a mi alcance, que puedo aspirar a cierta solución, pero desde el inicio el rumbo era otro.
También siento la necesidad de desarraigar esa responsabilidad de mí y delegarla cómodamente hasta hacerla desaparecer. Eso me daría a quién culpar y sería libre de todo fardo. O lisamente olvidar toda responsabilidad y seguir sin memoria. Pero esta constitución me lo prohíbe, no hay sombra de descanso.
No siendo suficiente, la potencia de la memoria arrastra a un recuerdo, una experiencia, una emoción, o quizá una ilusión. Y cualquier cosa que eso sea, duele de alguna manera, y sabe exigir atención y encontrar su espacio en el cotidiano. No me queda en claro por qué regresar a ese dolor, si quizá intentemos recuperar lo bello que encerró, a costa de padecerlo de nuevo. Pero queda claro que volvemos.
Y ahí voy, mascullando canciones y poemas que aplastan porque no son o no fueron. Es esa relación metonímica con un objeto simbólico (Barthes): el objeto no contiene un significado por cuenta propia, sino que lo imponemos nosotros a partir de la memoria de lo simbolizado. Resulta entonces que un letrero, una hoja de papel, un aroma o una textura encierran un fragmento del otro. No está ahí, y sin embargo está presente. Son recuerdos (o experiencias, más bien) dulces, que en su ausencia y distancia pesan.
Queda resignarse estoicamente o combatir cada fibra de uno mismo. Cualquiera que sea el caso, sé que tengo un problema mayor cuando me cuesta tanto trabajo hilar discurso.

lunes, 2 de mayo de 2011

All that life

And terrible as it seems, and actually is, I admit it; and I'd love to see that dress rolling around, close to me. Soon I might be deprived of even the slightest of it, and such is indeed painful.