miércoles, 6 de mayo de 2009

Nodos y partículas

Habiendo editado alguna vez en una revista de arte contemporáneo (que algún día he de retomar el proyecto, aunque con otro tenor) y siendo el asistente editorial/corrector de estilo de una revista académica, sería de lo más lógico que entendiera una y otra cosas, pero no.
En general, mucho del arte contemporáneo del que tengo noticia me parece estúpido o demasiado indulgente y autocomplaciente: sí, lo que importa es el proceso en la mayoría de los casos, pero parece que todo mundo se olvida que esos procesos deben tener un sustento real y no hipotético, que es la estrategia "inteligentísima" a la que recurren los artistos. Y después dicen que los ignorantes somos nosotros...
Por otra parte, la academia científica también cae en esa terrible autocomplacencia: gracias a radiopasillo, uno se entera de las guerras intestinas entre los investigadores de este centro y sus respectivos grupos de trabajo, o del acendrado desprecio que, digamos, los físicos sienten por los biólogos, por no mencionar que su modalidad de relaciones es "entre pares", todos los cuales son referidos por apellido, pero no se le ocurra a alguien preguntar por la edad del otro porque no la saben.
Y al final de la historia, nomás no me queda claro qué factor ha determinado que unos sean artistas y los otros científicos, por qué se encuentran en un escalafón social que los separa tan abruptamente del resto de los individuos, por qué motivo se han endiosado de tal manera si la Historia nos ha demostrado una y muchas veces los errores que han cometido y que hemos permitido.
Meticheando (para no variar), me topé con el blog Katrina: estaba buscando imágenes de colisiones de partículas y terminé siguiendo sus sugerencias.



(Yo sé lo que les digo: píquenle a la imagen y revisen cada página; después meticheen ad nauseam.)

Cuando editamos el número de arte visual y palabra escrita con la invaluable (de veritas sorprendente) ayuda de Gonzalo Ortega, curador del MUCA Roma, me empeciné en publicar un artículo de Augusto de Campos, el poeta más arriesgado de Brasil y quizá de la Historia; por un azar maravilloso conocí a su albacea moral en la Ciudad de México y lengua hispana ("la segunda vez que fui a verlo, me pidió que lo acompañara a su cuarto mientras terminaba de prepararse; me senté en su cama y empezamos a leer algunos de sus poemas y traducciones"; qué maldita envidia), pero por desafortunadas razones Augusto no formó parte de esa edición. Una de las quejas que puso inicialmente era que no había un trabajo formal en muchas de las piezas seleccionadas, por lo que no se sentía cómodo formando parte de ese universo.
Su definición de lo que implica una pieza de arte, cualquiera que éste sea, me fue reveladora: el dadaísmo y las primeras vanguardias hicieron tabla rasa con los procesos artísticos que habían sucedido hasta ese momento (v.g. le dieron en la madre a veinte y tantos siglos de historia), y la consecuente labor y responsabilidad de los artistas que les siguieron fue crear nuevos lenguajes y discursos, muchas veces a partir de los elementos que se les fueron ofreciendo.
Muy a pesar de que las piezas de Jared Tarbell dependen funcionalmente de la aleatoriedad, de que el resultado no es uno y estático, sino que se genera cada vez y en cada suceso (a veces por la intervención del espectador), de que se puede prever el objeto final, pero nunca su forma, detrás de cada imagen hay una cantidad apabullante de trabajo, desde la prueba y error de los algoritmos y las fórmulas matemáticas, hasta la impresión (y por ende fijación) de un evento particular. Si chismean con cuidadito, algunas de las imágenes en pantalla tomaron hasta tres horas en formarse.
Sin duda son piezas muy hermosas, orgánicas a pesar de su carácter digital. Seguramente no me van a hacer caso, pero sería maravilloso que las pulsiones de los bits produjeran algún sonido y escucharlas mientras se dibujan, o que dibujaran siguiendo sonidos que cada quien introdujera en la línea de comando.

5 comentarios:

Palomilla Apocatastásica dijo...

Pues deja te digo que a veces los científicos se convierten en artistas... este es uno de mis sitios favoritos, aunque a veces cae en lo repetitivo:

http://www.ritsumei.ac.jp/kic/~akitaoka/index-e.html

Y sobre el arte, pues para mí el parteaguas (tal vez una opinión demasiado estrecha)fue el Impresionismo, esas nuevas formas de comprender el color a mi parecer fueron importantes para el desarrollo de las corrientes que vendrían posteriormente. De otro modo no podría explicarme corrientes extremas como el minimalismo y el suprematismo. En fin, el campo del arte es demasiado vasto y a veces la línea entre arte y harte es apenas un esbozo

Palomilla Apocatastásica dijo...

Por cierto te dejo también a un tipo que trabaja con Anamorfismo, creo que lo conoces, se llama Julian Beaver
http://users.skynet.be/J.Beever/index.html

A veces es terrible saber que tantas horas de planeación y trabajo acaban diluídas.

Julián Iriarte (bueno, ya: Oliver) dijo...

Pues más o menos ahí empiezan las vanguardias: una señal importante es la virulencia con que los artistas académicos rechazaron a esas generaciones.
Ya me habías pasado la liga de ritsumei; y sí, es brutal. De Julian había visto varias imágenes (el tío es famosérrimo en las páginas de fotos curiosas), y lo lindo de su trabajo es la noción del momento. No lo veo tan terrible.

Unknown dijo...

Creo que te va a gustar obras de las siguiente personas:

Olafur Elliasson
Danie Buren
Damián Ortega

Y mi favorito actualmente:
Damien Hirst

Julián Iriarte (bueno, ya: Oliver) dijo...

Híjole, Hirst como que... Me acuerdo del día en que me contaste del tiburón en formol, y me acuerdo de haber puesto cara de incomprensión.
Pero checando al resto.