miércoles, 14 de octubre de 2009

Enumeraciones

Mi primer trabajo fue a los dieciocho años como asistente de ventas de reputada tienda departamental (mejor nos ahorramos la publicidad gratuita: no valen la mención), en el área de "chavos." Seis meses sacando y escondiendo ropa en las bodegas, desayunando a escondidas en las bodegas, coqueteándole a las clientas, discutiendo con los otros vendedores porque ése era mi cliente y yo lo vi primero y vamos respetándonos de una vez o nos partimos la madre en el estacionamiento, atendiendo a señoritas y señoritos pudientes que platicaban en inglés entre ellos (creyendo que ni por pienso podría corregirles la gramática y la pronunciación).
Aprendí desde ese momento el valor del dinero, a pesar de que vivía en casa de madre y mis gastos se limitaban a cerveza, chucherías para ella, comida una vez cada cuanto, regalos para mis niños… Recuerdo que le dije a mi mejor amigo que la cerveza que uno mismo se paga es más sabrosa; justo era la primera que mi cartera costeaba.
En todos estos años, y muy particularmente los últimos en que he administrado mi tiempo hasta en cuatro trabajos simultáneos, nunca había tenido una carga como la de esta sola semana. Tres artículos para científicos locos, una revista de señoras tontas, un cuento (lo mejor de todo esto: harto tiempo que no escribía fuera de las entradas de este blog), construir un artículo a caballo entre la divulgación científica y la curiosidad gastronómica, varios artículos sobre ciencia aplicada en la cocina, sin mencionar los deberes (desatendidos) propios de la oficina. Y tampoco en todos estos años había sorteado tantas vicisitudes a ese respecto: siete horas de corrección desaparecidas en tanto quiénsabecómo no se guardó el archivo, fechas de entrega una sobre la otra, un archivo corrupto, segundas lecturas porque se te fueron todos estos errores y necesito que lo revises todo otra vez, bases de datos incompletas (muy a pesar del caché del Google), sistemas operativos que sencillamente no ayudan. Y no entremos en materia de mi vida cotidiana y la minúscula fracción que no depende ni se relaciona con el trabajo: sería pura malvada necedad repasar el rubro. Baste decir que ésta será otra mudanza, amarga como todas.
Hacía tiempo que no me dolían tantos los huesos, ni me sentía tan terriblemente desgastado, suficiente como para que sea difìcil articular palabra.

4 comentarios:

Palomilla Apocatastásica dijo...

Ya decía yo que la Gestión del Conocimiento es la evolución máxima del esclavismo.

Eso de escribir y vivir y trabajar y, y, y...

Yo a veces pienso que vivo en un mundo surrealista.

Salu2

Julián Iriarte (bueno, ya: Oliver) dijo...

Y eso que esta vez el grillete no me lo puso la gestión del conocimiento.
Cuando André Breton llegó a México por invitación de Diego y Frida, no daba crédito que el país fuera naturalmente surrealista. ¿Para qué se mete a una cantina en el centro de la Ciudad de México, pues?

Palomilla Apocatastásica dijo...

Si el simple hecho de mantener juntos a Diego y Frida resulta surrealista per se.

Por cierto aún no supero cuando a Hada en el kinder le castigaron una biografía de Frida Khalo por que era "impropia" para su edad.

Y por otra parte, a mi no me importaría caminar por un cuadro de Giorgio de Chirico, como en el sueño de Kurosawa caminan por los cuadros de Van Gogh.

Julián Iriarte (bueno, ya: Oliver) dijo...

Lo que dice MUCHO de la incompetencia e ignorancia de sus maestros, y de los buenos hábitos y curiosidad de su madre.
Jijo, no sé cómo sería recorrer un cuadro de Pollock o Rothko o Kline o Kandinsky…